Se ha demostrado ampliamente que el exceso de tejido adiposo (obesidad) es perjudicial para múltiples sistemas de órganos del cuerpo y se ha vinculado a una larga lista de afecciones médicas que incluyen diabetes, enfermedades cardíacas y varios tipos de cáncer. De hecho, la obesidad ha sido recientemente etiquetada como la principal causa de muerte en todo el mundo, sustituyendo al tabaquismo en esta materia.

Durante los últimos 30 años la obesidad se ha diagnosticado principalmente mediante el uso del índice de masa corporal (IMC). Esta medida fue descrita por primera vez por Adolphus Quetelet a mediados del siglo XIX basándose en la observación de que el peso corporal era proporcional al cuadrado de la altura en adultos con un cuerpo normal.

Una imagen incompleta

Este simple índice de peso corporal se ha utilizado de manera consistente en una gran cantidad de estudios epidemiológicos, y se ha recomendado para el uso individual en la práctica clínica para guiar las recomendaciones para la pérdida y el control de peso.

El IMC debe complementarse con otras mediciones para obtener una imagen más completa del riesgo de salud de una persona.

Pero el IMC ha sido criticado porque puede ser inexacto al estimar la grasa corporal y no proporciona una imagen completa de la salud de una persona. Investigaciones han mostrado que confiar solo en este índice para predecir el riesgo de problemas de salud de una persona puede ser engañoso.

Esto se debe a que el IMC es simplemente una medida del tamaño del cuerpo, no de una enfermedad o del estado de salud. El IMC en realidad no mide la grasa corporal, un elemento clave cuando se establece un riesgo para la salud, y aunque proporciona una indicación aproximada de la grasa corporal, no distingue entre el peso proveniente de la grasa y de los músculos.

Otros factores

Por ejemplo, atletas de alto rendimiento, como los jugadores de rugby, serían clasificados como “con sobrepeso” u “obesos” por su IMC debido a su mayor masa muscular. Quien se fije solo en el IMC pensaría que estos atletas corren un riesgo similar de tener los mismos problemas de salud que una persona obesa.

La obesidad se ha vinculado a una larga lista de afecciones médicas que incluyen diabetes, enfermedades cardíacas y varios tipos de cáncer.

El IMC tampoco discrimina dónde se distribuye la grasa corporal. Este es un punto importante dado que se ha comprobado que la grasa corporal almacenada alrededor del abdomen presenta un mayor riesgo para la salud que la grasa corporal almacenada alrededor de las caderas, por ejemplo.

Aunque se trata de una forma fácil y práctica de tener una estimación aproximada del riesgo de enfermedad, y en ese sentido puede ser un buen punto de partida, el IMC debe complementarse con otras mediciones para obtener una imagen más completa del riesgo de salud de una persona.

Factores del estilo de vida como el tabaquismo, el nivel de actividad física, la dieta, los niveles de estrés y la presión arterial, así como el azúcar en la sangre y los niveles de colesterol deben considerarse junto con el IMC para establecer el riesgo para la salud y ayudar a guiar las decisiones sobre las mejores intervenciones de salud para una persona específica.

Referencia: Body mass index may not be the best indicator of our health – how can we improve it? The Conversatión, 2020. https://bit.ly/30Tlsw6