Desde que la Organización Mundial de la Salud la declaró como pandemia global, la enfermedad coronavírica COVID-19 ha alterado significativamente la vida de prácticamente todas las personas en el mundo.

Para hacer frente a este gran desafío sanitario, la mayoría de los gobiernos optaron por implementar medidas de contención que incluían el cierre de guarderías, escuelas, universidades y todos los negocios no esenciales, lo que se complementó con fuertes restricciones a la movilidad de las personas.

Evaluando el bienestar

Previsiblemente, una crisis de este alcance puede tener un efecto sobre el bienestar subjetivo de los individuos, incluida la satisfacción con la vida y las experiencias de afecto positivo y negativo. Con el propósito de determinar este efecto, un equipo de psicólogos realizó un estudio en el que examinó los cambios en el bienestar subjetivo de 1.588 individuos entre diciembre de 2019 y mayo de 2020.

Para el estudio, los investigadores definieron y midieron el bienestar subjetivo como altos niveles de satisfacción con la vida y la experiencia frecuente de sentimientos positivos como la alegría, así como la experiencia esporádica de sentimientos negativos como la ira o el miedo.

Las personas que percibieron la crisis como una amenaza, la negaron o se culparon por las consecuencias, registraron las mayores disminuciones en el bienestar subjetivo.

La evaluación personal de la pandemia, por ejemplo, como una amenaza o un desafío, así como diversas estrategias de afrontamiento funcionales y disfuncionales, como la resolución de problemas o el consumo de alcohol, se examinaron como factores que influyeron en el bienestar subjetivo durante la etapa inicial de la pandemia COVID-19.

Si bien los científicos no encontraron evidencia de cambios en el bienestar subjetivo en las personas en el período anterior a la pandemia de COVID-19, entre diciembre de 2019 y marzo de 2020, esto cambió significativamente en las semanas posteriores debido a la crisis.

Consecuencias de la pandemia

Las personas que calificaron la pandemia como un desafío y que sus consecuencias eran controlables, en general mostraron un mayor nivel de bienestar subjetivo. Además, las personas informaron un mayor bienestar subjetivo cuando resolvieron problemas activamente, se centraron en los aspectos positivos de la crisis y recibieron apoyo social.

Por otro lado, aquellos que percibieron la crisis como una amenaza, la negaron o se culparon por las consecuencias de la crisis se sintieron menos bien. Lo mismo fue cierto para las personas que intentaron hacer frente a la crisis con alcohol o drogas.

Los investigadores definieron y midieron el bienestar subjetivo como altos niveles de satisfacción con la vida y la experiencia frecuente de sentimientos positivos como la alegría.

El afecto negativo se relacionó positivamente con las evaluaciones de amenaza y centralidad, la negación, el uso de sustancias y la autoculpa, y se relacionó negativamente con las evaluaciones de controlabilidad y el apoyo emocional.

Estos hallazgos implican que la pandemia de COVID-19 representa no solo una gran crisis sanitaria y económica, sino que también tiene una dimensión psicológica, ya que puede asociarse con disminuciones en las facetas clave del bienestar subjetivo de las personas.

En referencia a estos resultados, el investigador Hannes Zacher, catedrático en la Escuela de Psicología de la Universidad de Leipzig y coautor del estudio, recomendó:

“Los profesionales de la psicología deben abordar las posibles disminuciones en el bienestar subjetivo con sus pacientes e intentar mejorar su capacidad general para realizar evaluaciones de estrés funcional y estrategias de afrontamiento efectivas”.

Referencia: Individual Differences and Changes in Subjective Wellbeing During the Early Stages of the COVID-19 Pandemic. American Psychologist, 2020. http://dx.doi.org/10.1037/amp0000702