Si hay algo impresionante en la naturaleza, es la capacidad que tienen algunos árboles de resistir a todos los cambios que ocurren en nuestro planeta y mantenerse firmes y frondosos durante miles de años.

Un artículo publicado en la revista Trends in Plant Science explica una serie de factores que influyen en esta magnífica longevidad: un crecimiento lento, una capacidad de regeneración y mucha tolerancia ante el estrés ambiental.

Sin embargo, todo en este mundo tiene un límite, incluso aquello que parece inmortal. Cuando los tejidos que conectan las raíces con la parte más alta se dañen de manera grave, esto significará el fin para la planta, incluso si es milenaria.

Factores que inciden en la longevidad de los árboles

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Los ciclos de crecimiento de los árboles milenarios se evidencian alrededor del tronco.

Los autores del estudio explican que, en el mundo vegetal, el crecimiento lento, la capacidad de regeneración y la consecuente longevidad están estrechamente relacionadas con la resiliencia y tolerancia al estrés causado por temperaturas extremas, falta de nutrientes, sequía u otros factores.

La evidencia de ello la encontramos en los árboles más antiguos del planeta, que gracias a esta mezcla de virtudes han logrado mantener estructuras durmientes que pueden reiniciar su crecimiento marcando varios ciclos lo largo de su vida.

La edad de los árboles está en los anillos que observamos en un corte transversal de su tronco, el cual “formado por más de un 99 por ciento de tejidos muertos, y el xilema, un conjunto de vasos del tejido vascular” que también está completamente muerto. Asimismo, los tejidos vivos están muy protegidos por la corteza del árbol. Aquí entran el floema, que es el vaso conductor de la savia, y el cámbium vascular.

Tiempo y limitaciones estructurales

Dada la importancia que juegan las plantas en el equilibrio del planeta, si esta resiliencia fuera perenne quizás tuviéramos que preocuparnos menos. Pero el equilibrio en nuestro planeta también incluye la muerte, y los árboles no son una excepción.

Existen limitaciones estructurales que pueden dar lugar al declive funcional de las especies vegetales más longevas, como los árboles milenarios, y causar su muerte. El catedrático Sergi Munné Bosch, de la Facultad de Biología y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona (IRBio), explica que estas limitaciones y tiempo son factores clave que afectarán la tolerancia y resiliencia de los árboles ante el estrés.

“La probabilidad de morir de cualquier organismo, por muy tolerante y resiliente que sea al estrés, aumenta con el tiempo. Por cuestiones de azar, es realmente muy difícil que algún organismo pueda sobrevivir tantos años a diferentes amenazas externas”.

En su documento, explica que un árbol puede alcanzar su altura máxima de acuerdo a su genoma particular y a las condiciones ambientales del hábitat en que se encuentre. Una vez logrado esto, puede alargar su vida generando nuevas ramas cuando sufra daños, lo que les confiere magnificencia.
Sin embargo, “cuando el tejido vascular que conecta las raíces con la parte aérea (xilema) o las fuentes de fotoasimilados con sus sumideros (floema) sufran un daño bastante grande, la planta finalmente morirá”.

Algo similar ocurre con los seres humanos, aunque nuestros mecanismos se quedan cortos frente a los vegetales. Podemos recuperarnos de los daños y vivir mucho tiempo bajo ciertas condiciones. Aún así, la capacidad de estas plantas perennes sigue siendo un referente científico en el estudio de la longevidad y la senescencia.

Referencia:

Long-Lived Trees Are Not Immortal. https://www.cell.com/trends/plant-science/fulltext/S1360-1385(20)30202-8