La pandemia del coronavirus es el principal tema de preocupación en el mundo. Para estos momentos, ya ha cobrado más de 650 mil vidas y contagiado a más de 16 millones de individuos en todo el globo.

Esto ha ocurrido de forma escalonada y, mientras algunas naciones se encuentran saliendo de su pico de contagios, otras están viviéndolo en pleno; mientras que algunas otras ni siquiera lo han alcanzado todavía.

Recientemente, Europa comenzó un proceso de reapertura de fronteras que se tradujo en un nuevo aumento de casos dentro de sus territorios. Como consecuencia, el mundo vuelve a hablar sobre la necesidad imperante de cerrar las fronteras para evitar la propagación del COVID-19.

Cerrar fronteras no es sostenible a largo plazo

“Continuar manteniendo selladas las fronteras internacionales no es necesariamente una estrategia sostenible para la economía mundial, para los pobres del mundo o para cualquier otra persona”.

Esto fue lo que dijo Michael Ryan, director de emergencias de la OMS, durante una conferencia virtual. Con su testimonio, ha dado voz a la opinión general de la Organización Mundial de la Salud.

Esta considera que el cerrar las fronteras de forma indefinida no se puede mantener. Esto debido a que los efectos que ello ocasionaría sobre la economía podrían ser peores que el propio coronavirus.

Además, ante la nueva demanda de la aplicación universal de estas medidas de aislamiento, la OMS ha respondido que estas solo son útiles cuando se aplican en conjunto con otras acciones de detección y detención de las cadenas de contagio. Por esto, opinan que insistir en cerrar las fronteras, sin garantías de que se cumplan las otras medidas, podría ser contraproducente.

La apertura económica debe darse

“(…) las economías tienen que abrirse, la gente tiene que trabajar, el comercio debe reanudarse”, afirmó Ryan.

Según sus declaraciones, en el “futuro previsible” ningún país será capaz de mantener sus fronteras cerradas. Ya que esto implicaría mantener también su economía inactiva, un lujo que ninguno puede darse.

No existe tal cosa como una estrategia única

Ryan también ha estipulado que comprende que no existe una “política global única” con la que hacerle frente al coronavirus. De hecho, comenta que, por las diferencias de magnitud con las que este ha atacado diversos territorios, cada nación debería tomar medidas acordes a su situación.

En pocas palabras, aquellas que se encontraran con un brote grave sí tendrían motivos para aplicar medidas fuertes de confinamiento a nivel nacional. Por otra parte, considera que las que no han sido tan afectadas podrían desarrollar medidas de rastreo y control locales, de forma que pusieran a raya al SARS-CoV-2 sin detener la actividad del resto del territorio.

Ojo: No hay que disminuir la presión

“Libere la presión sobre el virus y los números pueden volver a subir”, advirtió Ryan.

Para dejar algo claro, el jefe de emergencias de la OMS advirtió que sus comentarios no iban dirigidos a las naciones con casos graves de brotes de COVID-19. De hecho, como mencionamos arriba, allí apoya explícitamente la utilización de medidas fuertes de aislamiento para detener el contacto.

En esos casos, comprender que el “liberar la presión” sobre el coronavirus podría traducirse en un peligroso segundo brote de este. Por lo que, insta a las naciones a estar alerta de su situación y a elevar o disminuir sus medidas acorde a esta.

Una “nueva normalidad” a largo plazo

Por su parte, la líder técnica de la OMS en lo que al COVID-19 respecta, Maria Van Kerkhove, también ha dado sus declaraciones:

“Lo que vamos a tener que averiguar… es cómo es nuestra nueva normalidad”.

En general, ha comentado que en el largo plazo lo que vendrán no serán medidas drásticas como un cierre de fronteras, sino la adopción de una nueva normalidad. En esta, el uso de mascarillas y el distanciamiento social podría volverse nuestra nueva cotidianidad.