La pandemia de la enfermedad coronavírica COVID-19 ha provocado una activación masiva de la investigación clínica. Pero de acuerdo a un reciente estudio, la mayoría de las investigaciones publicadas en ClinicalTrials.gov, una base de datos administrada por el gobierno de Estados Unidos, no generan evidencia significativa necesaria para tomar decisiones.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Stanford y la Universidad de Yale, destaca la preocupación de que la rápida difusión de estudios con pruebas de baja calidad pueda influir en la opinión pública, las acciones gubernamentales y la práctica clínica de formas potencialmente perjudiciales.

Baja calidad

Para el estudio, el equipo de investigación examinó las características y la fuerza de evidencia esperada de ensayos clínicos sobre COVID-19 registrados en ClinicalTrials.gov hasta el 19 de mayo de 2020, analizando un total de 1.551 estudios, incluyendo 911 estudios de intervención, 664 ensayos clínicos aleatorios y 640 estudios de observación.

Los autores señalan que los hallazgos tienen la intención de proporcionar un barómetro sobre qué tipo de expectativas tener para la primera ola de investigación de COVID-19.

Del total, solo el 29 por ciento de los estudios revisados alcanzaron un umbral de alta calidad, basado en una escala del Centro de la Universidad de Oxford para Medicina Basada en Evidencia. Menos de la mitad de los estudios fueron ensayos controlados aleatorios, que se consideran el estándar de oro.

Solo 75 ensayos controlados aleatorios incluyeron un placebo, más de 100 participantes y más de una institución de investigación. Casi 1.200 de los estudios se realizaron en un solo sitio, lo que según investigaciones anteriores puede exagerar la efectividad de un tratamiento.

Tener cuidado

Los estudios de baja calidad pueden interferir con los estudios de alta calidad, y evitan que los científicos hagan el estudio correcto. Eso ha llevado a los médicos a recetar tratamientos con un valor dudoso basado en poca información.

De acuerdo al estudio, la mayoría de las investigaciones publicadas en ClinicalTrials.gov no generan evidencia significativa necesaria para tomar decisiones.

Al respecto, el doctor Minang P. Turakhia, profesor en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford y coautor del estudio, comentó.

“Tenemos que tener mucho cuidado con la rápida difusión de pequeños estudios que proyectan evidencia de baja calidad. Ya hemos visto cómo los estudios de observación, a veces ni siquiera los mejores estudios, pueden influir en la opinión pública y la política”.

Por ejemplo, los funcionarios de la Casa Blanca promocionaron el uso del medicamento antipalúdico hidroxicloroquina como tratamiento para el COVID-19 basado en gran medida en evidencia anecdótica; pero más tarde, los ensayos clínicos mostraron que no funcionaba. La Administración de Alimentos y Medicamentos finalmente retiró su autorización de emergencia para el medicamento.

Los autores señalan que los hallazgos tienen la intención de proporcionar un barómetro sobre qué tipo de expectativas tener para la primera ola de investigación de COVID-19. Algunos de esos estudios pudieron capturar la experiencia temprana cuando existía poca información, “pero ya hemos pasado eso”. Los investigadores resaltan que en el futuro será importante centrarse en ensayos clínicos que puedan responder preguntas con un alto nivel de certeza.

Referencia: Characteristics and Strength of Evidence of COVID-19 Studies Registered on ClinicalTrials.gov. JAMA Internal Medicine, 2020. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2020.2904