qué es el fenómeno del hikikomori

Actualmente, en Japón más de un millón de personas viven aisladas, sin contacto con el mundo exterior y constantemente recluidas en sus habitaciones. Pero no, no es por el coronavirus. Esta situación se trata de un fenómeno originalmente japonés que ha empezado a extenderse por el mundo (incluso antes de la pandemia): el hikikomori. Para entender qué es este fenómeno y qué lleva a las personas a incurrir en él, es necesario darnos un paseo por una gran cantidad de aristas.

Este tema ha sido tocado infinidad de veces y acá, en el mundo occidental, puede llegar a parecer una gran rareza (aunque tengamos nuestros propios casos). Sin embargo, en Japón esta situación ya se ha normalizado tanto que incluso ha desarrollado su propia terminología identificativa: hikikomori.

Esta palabra –que no tiene un equivalente directo en ningún otro idioma– hace referencia tanto al fenómeno conductual como a la persona que lo manifiesta. Buscando una traducción lo más parecida posible, se puede llegar a decir que hikikomori significa algo parecido a “aislado de la sociedad”.

En estos momentos, todos estamos viviendo en mayor o menor medida un aislamiento debido a la pandemia. No obstante, lo que hace particular a los hikikomori es que estos entran en él por propia voluntad y no por un mandato o una imposición. Ahora, para comprender los procesos mentales que llevan a una persona a este extremo, es imperante ahondar más en lo que este fenómeno implica, y especificar tanto lo que es como lo que no.

¿Qué es el hikikomori? – El síndrome del ermitaño moderno

vida de cuarentena autoimpuestaCuando pensamos en un ermitaño, la imagen mental que puede llegar a nosotros es bastante específica. En estos casos, podemos encontrarnos pensando en un hombre solitario (y probablemente barbudo) que se aísla del mundo en la tranquilidad del bosque o la montaña, o cualquier otro paraje natural. Todo esto con la finalidad de alejarse de la sociedad y acercarse más a la naturaleza.

Ahora, el mundo moderno ha causado que la figura del ermitaño mute, y se convierta en un elemento citadino. Es acá donde entra el arquetipo de los hikikomori, los ermitaños modernos, que se aíslan de la sociedad; pero en lugar de buscar refugio en la naturaleza, se cobijan en el confort que les ofrece la tecnología.

Debido a esto, se recluyen no solo dentro de sus hogares –y, mayormente, dentro de sus habitaciones–, sino que también lo hacen psicológicamente. En pocas palabras, los hikikomori se aíslan verdaderamente del mundo externo y del social.

Según el Ministerio de Japón, se considera hikikomori a cualquier individuo que se haya recluido en su hogar y no haya tenido contacto con otros individuos (además del círculo cercano con el cohabita) por más de 6 meses.

En estos momentos, la cantidad de personas catalogadas como hikikomori en Japón supera el millón. Pero, verdaderamente se considera que deben ser incluso más, debido a que muchos se encuentran tan aislados que no llegan a ser parte de los conteos.

Por ejemplo, las cifras de un conteo realizado en el 2016 –que ya se encuentran claramente desactualizadas–contaban a al menos 540 mil hikikomori entre su población–. Pero, para ese momento, ya se estimaba que el valor real podría ser de al menos el doble.

Un fenómeno de la nueva era

Asimismo, para entender qué es el hikikomori, también vale la pena dar un vistazo a su tiempo de origen. A pesar de que este fenómeno ya se encuentra altamente asimilado en la sociedad japonesa, la verdad es que no lleva ni 30 años siendo registrado.

La primera vez que se utilizó este término fue en 1998. Este vino de la inventiva del psiquiatra Tamaki Saito, en su libro “Aislamiento social: una interminable adolescencia”. En este, describe la cuarentena social y física que viven los hikikomori y todo el sufrimiento psicológico que esto implica.

Gran parte de su capacidad de aislamiento podríamos achacársela en la actualidad a las nuevas tecnologías. Gracias a ellas, los hikikomori son capaces de ordenar absolutamente todo lo que necesitan en línea, mientras sus preocupados padres se encargan de recibir los paquetes y dárselos a sus hijos.

Hikikomori – Un verdadero miedo a la sociedad

definición del hikikomoriEl aislamiento de los hikikomori podría asociarse con trastornos como la agorafobia (que implica el miedo a los espacios abiertos o exteriores). Sin embargo, este tipo de comparaciones se quedan cortas. Esto debido a que, el deseo de no salir del hogar no se encuentra directamente ligado a la percepción del exterior o el interior, sino al peso del juicio de la sociedad que los espera más allá de la puerta de sus casas (o a veces, incluso, de la de su habitación).

Un hikikomori puede parar desde 6 meses hasta años enteros totalmente aislado del mundo, siendo el internet su única conexión con este; además de las escasas o nulas interacciones con los padres que suelen dejar la comida en la puerta. Asimismo, la televisión, los videojuegos, el manga y el anime se convierten en sus principales y casi únicos medios de distracción.

Aislamiento total

Cabe destacar que, en algunos de los casos más graves, ni siquiera los padres llegan a ver a sus hijos en meses u años –incluso viviendo en la misma casa–. En estos eventos extremos, los hikikomori suelen salir de sus habitaciones solo de noche para ir al baño o asaltar la cocina. En consecuencia, se convierten en un habitante fantasma del hogar de cuya presencia se conoce, pero con la que casi nunca se interactúa.

Esto es lo que caracteriza a un hikikomori

población joven recluida en japónAdemás de la breve caracterización dada por el Ministerio de Salud de Japón, existen otras características que ayudan a delimitar lo que es el hikikomori y lo que hacen las personas que se denominan así.

Según un grupo de expertos japoneses, existen más características que definen al hikikomori más allá de pasar la mayor parte del tiempo en casa y ausentarse tanto del trabajo como de la escuela. Por ejemplo, han catalogado como hikikomori específicamente a aquellos que, además de lo anterior, también excluyen de su haber la mayoría de las relaciones personales (por no decir todas).

Igualmente, detallan que individuos con esquizofrenia, retraso mental y/o trastorno bipolar no pueden ser considerados como hikikomori, incluso si cumplen con todas las características anteriores. Esto ya que, la conducta de reclusión no debe nacer de un trastorno clínico aparte, sino de una conjunción de factores sociales y psicológicos.

No obstante, estos no son los únicos elementos con los que se puede caracterizar o relacionar al hikikomori. De entre las nuevas conclusiones que se han podido obtener, algunos puntos comunes que se han observado en el hikikomori son:

  • El aislamiento suele iniciar en la adolescencia.
  • La reclusión puede ser causa de una crisis de identidad.
  • Es típicamente más común en varones.
  • Sí pueden tener amigos cercanos, pero la relación es pasiva.
  • Buscan escapes de la realidad a través del mundo virtual.
  • Son frágiles psicológicamente.
  • La crítica y el rechazo los afectan gravemente.
  • Pueden tener invertido el ritmo sueño-vigilia.
  • Tienen un aseo irregular.
  • No suelen socializar ni en las escasas veces que salen.
  • Carecen de buenas habilidades sociales básicas.
  • Son dependientes de sus relaciones familiares.
  • Tienen baja autoestima.

Claramente, no todos los casos de hikikomori cumplirán con estos puntos. De hecho, algunos añadirán ítems a la lista y otros los sumarán. Pero, en general, estas son algunas de las observaciones básicas que se pueden hacer sobre las actitudes y comportamientos de los hikikomori.

La sociedad de Japón y el fenómeno del hikikomori

juventud japonesa aislada

Todo esto nos lleva a necesitar saber cuáles son los motivos por los que una persona se vuelve hikikomori. Pero, para esto, es necesario que demos un vistazo a la configuración de la sociedad japonesa:

Deru kui wa utareru

“El clavo sobresaliente se encontrará con el martillo”

– Proverbio japonés.

Este dicho nipón deja bien en claro el esquema mental de la sociedad japonesa. Mientras que en el occidente la individualidad se fomenta, incentiva y premia, en Japón lo que tiene peso es la colectividad, el poder funcionar como el engranaje de un todo.

Por esto, muchas veces el valor de una persona no está directamente asociado a lo que esta es o a sus talentos o capacidades, sino a la forma a la que esta se desempeña en el colectivo y cómo es capaz colaborar con otros y formar parte de un equipo.

En esencia, no parece una mentalidad tan peligrosa el querer poner la colaboración y el trabajo en equipo por encima del beneficio individual. Sin embargo, el problema se presenta por la rigidez y fuerza con la que se aplica esta percepción.

Los estándares para los japoneses son altos desde su juventud, deben sacar notas sobresalientes para entrar en una buena universidad. Desde allí, deben continuar destacándose para obtener un empleo respetable con el que comenzar a producir, casarse y tener descendencia que las mujeres cuidarán como amas de casa y los hombres mantendrán con horas interminables de trabajo y casi nada de tiempo libre para compartir con la familia.

Este escalafón es básicamente el camino que cada japonés debe seguir sin falta para convertirse en un ciudadano respetable. Sin embargo, el camino está lleno de baches, bullying, expectativas inalcanzables y casi nada de afecto parental. ¿La consecuencia de todo esto? Los hikikomori.

¿Por qué las personas se vuelven hikikomori?

hikikomori y japón
Fotografía: Maika Elan

En general, la incapacidad de ajustarse a este estricto molde social y la presión –que llega hasta el acoso– que tanto padres como compañeros, colegas y superiores colocan sobre los hombros de ciertos individuos se vuelve demasiado. Entonces, antes de romperse y sucumbir ante ella, cada vez más japoneses simplemente optan por alejarse de todo. No hay forma de fallar al cumplir expectativas cuando no tienes ninguna, ¿no?

En reportajes como el de la fotógrafa vietnamita, Maika Elan, se refleja la soledad y también las presiones detrás de la vida de los hikikomori. A través de sus fotografías, Elan entra en sus vidas y retrata una realidad que Japón, como sociedad, mantiene en un extraño limbo existencial en el que se reconoce su presencia, pero se prefiere actuar como si no estuviera.

Expectativas sociales

Viendo las estadísticas de los estudios realizados por el gobierno japonés, podemos observar que al menos 3 de cada 4 hikikomori son hombres. En gran medida, esto se debe a las diferentes expectativas y presiones que la sociedad pone sobre ambos.

Por un lado, los hombres deben tener un trabajo exitoso y casarse pronto, si fallan en uno u otro ámbito, entonces han fracasado en todo. Por su parte, se espera que las mujeres japonesas, una vez casadas, se dediquen únicamente a los hijos.

Últimamente, cada vez más de estas eligen entonces la soltería, para poder continuar con sus carreras profesionales y hacer lo que verdaderamente las apasiona. Como resultado, las mujeres exitosas y solteras terminan por ser uno de los sectores más felices de la sociedad japonesa. Una que, en general, muestra índices preocupantemente bajos cuando se investiga la felicidad o satisfacción de la población en general.

En pocas palabras, algunas mujeres japonesas han encontrado el modo de romper los moldes en los que se las encasillaba y conseguir un camino propio en una sociedad tan cerrada como la japonesa. Por su parte, los hombres (solteros o no, empleados o no) no han conseguido este equilibrio. Debido a lo que son estos los que con más frecuencia eligen la reclusión para alejarse de las exigencias del colectivo.

Crianza: éxito o nada

Asimismo, estos patrones sociales de alta exigencia no se desarrollan solo en la escuela, la universidad o el trabajo. De hecho, vienen directamente desde casa. Como lo hemos mencionado, el padre, como proveedor, pocas veces está en casa, por lo que su contacto con los hijos es mínimo.

Por otro lado, la madre, que se debe dedicar a la crianza, se enfoca en convertirlos en individuos “exitosos” por lo que su énfasis está en los estudios y el desarrollo mental de los niños. Como consecuencia, las necesarias muestras de afecto durante la infancia son escasas y contribuyen a una autopercepción negativa y autoestima baja cuando los individuos crecen.

En Japón, el fallar no es una opción, por lo que las personas están constantemente bajo una presión invisible que los obliga a hacer todo bien, según la norma. Sino, tendrán que enfrentarse al juicio social, lo peor que les puede pasar. Si mezclamos esto con una autoestima inicialmente frágil y la falta de mecanismos de apoyo, no es extraño que los individuos se recluyan en sí mismos como una forma de defenderse del mundo –contra el que frecuentemente desarrollan resentimiento–.

Un detalle particular que también vale resaltar es que la mayoría de los hikikomori hombres son los primogénitos del hogar. Según la cultura japonesa, el primer hijo debe seguir los pasos del padre y continuar con el negocio o la carrera del padre. Mientras tanto, los hijos menores suelen tener más libertad.

Por este motivo, sobre el mayor recae una presión más que lo obliga a estar a la altura de las expectativas del padre que busca un sucesor. Este punto se exacerba incluso más si se trata de hijos únicos, que se convierten en el depósito de los sueños y esperanzas de la familia.

Depresión

No es una sorpresa que condiciones como la depresión estén relacionadas con el síndrome del hikikomori. En estos casos, a pesar de haber tenido infancias o tiempos estudiantiles relativamente “normales” un evento traumático o una pérdida dolorosa también puede causar que la persona decida aislarse del mundo. Ya sea que haga esto como una forma de guardar luto, de expresar su dolor o de evadir su nueva realidad, la consecuencia es que acaba por dejar a la sociedad fuera de su vida y comienza a llevar una existencia solitaria y repetitiva por propia voluntad.

Entonces, ¿cuál es el origen de este comportamiento?

aislamiento voluntario de la población japonesaBasados en las investigaciones que han realizado  psicólogos y psiquiatras alrededor de todo el mundo, es imposible determinar una causa u origen único. De hecho, este fenómeno se presenta en realidad como una sumatoria de factores.

Asimismo, debido a ellos, la intensidad y duración de estas conductas puede variar significativamente. Sin embargo, de forma resumida, sí podemos decir que el hikikomori se origina de fuertes presiones familiares, alta exigencia escolar, situaciones traumáticas, acoso en la escuela o en el trabajo y por las altas y rígidas expectativas impuestas por la sociedad. Estos elementos pueden hacer presencia como un conjunto o a granel en los individuos hasta llevarlos al extremo de optar con la reclusión para no tener que lidiar más con estas situaciones.

El círculo vicioso de la vergüenza

la sociedad y el hikikomoriCon lo anteriormente mencionado, se puede ver un poco el motivo por el que los hikikomori aparecen en la sociedad. Pero, cuando pasa el tiempo y el trauma comienza a quedar en un lugar lejano, los tiempos de escuela se acaban (y claramente ya no se verá a los mismos compañeros problemáticos), cuando los padres ya no presionan… ¿por qué los hikikomori siguen en sus habitaciones?

La respuesta es sencilla, pero triste: vergüenza. Se ha dicho que la sociedad occidental se mueve por culta y la oriental por vergüenza. Esto tomando en cuenta a esta última como el temor del juicio social sobre uno.

En primer lugar, los sentimientos de incapacidad y las constantes presiones llevan a las personas a la reclusión. Esto genera vergüenza en ellas y, para no tener que afrontar la situación, se alejan de todo.

Una vez lejos, la vergüenza viene del hecho de mantenerse separados de la sociedad –una a la que, por norma, cultura y tradición, deberían pertenecer sin miramientos y con la que deberían colaborar por obligación–. Entonces, para evadir ese juicio, permanecen recluidos, y mientras más tiempo pasan aislados mayor es la vergüenza por el juicio más fuerte que llegará cuando termine su aislamiento.

En resumidas cuentas, los hikikomori se ven atrapados en un círculo interminable de culpa. Uno en el que, al igual que la serpiente que se come su propia cola, los hikikomori se llenan de vergüenza a cada segundo al mantener la conducta que iniciaron para escapar de esta en primer lugar.

La (in)acción de los padres

Por su parte, los padres de los hikikomori rara vez hacen algo más que alimentar a sus hijos cuando caen en este estado. La vergüenza también los alcanza a ellos y el temor al “qué dirán” hace que muchos opten por llevar la situación en absoluto secreto.

Esta situación ha llevado a la sociedad japonesa a toparse con nuevo fenómeno, conocido con el “problema 8050”. Este básicamente consiste en un nuevo fenómeno social en el que padres de 80 años en adelante aún cuidan de sus hijos hikikomori de 50. Esto debido a que los últimos no encontraron el modo de reinsertarse en la sociedad luego de salir de ella.

¿Hikikomori = Jóvenes aislados?

información sobre el hikikomori
Fotografía: Maika Elan.

Por lo general, se asocia el fenómeno del hikikomori con personas de entre 15 y 39 años. Esto ya que, según se ha observado, muchas veces el deseo de apartarse de la sociedad comienza durante los años escolares, donde la presión por obtener notas sobresalientes a toda costa para muchos se convierte en una exigencia difícil de soportar.

De hecho, se estima que al menos el 10% de la juventud actual de Japón, ya de por sí escasa, se ha convertido para estos momentos en hikikomori. Sin embargo, una investigación del 2019 llevada a cabo por el gobierno japonés ha revelado que hay al menos 613 mil hikikomori en Japón que tienen entre 40 y 64 años.

Esto implica que los problemas por las presiones de la sociedad no pertenecen únicamente a las generaciones más jóvenes, sino que estos también han atacado a los sectores mayores de la población. En resumen, la presión se ha vuelto inmanejable para todos, no solo para las nuevas generaciones.

Una nueva “normalidad” social

personas hikikomori
Animes como Welcome to NHK, Chaos:Head, Heaven’s Memo Pad, Rozen Maiden. Princess Jellyfish y No Game-No Life, solo por mencionar algunos, han tocado el tema con distintos niveles de profundidad y seriedad al desarrollar personajes hikikomori.

El hikikomori, como ya hemos dicho, se trata de un fenómeno normalizado en Japón. Variadas expresiones culturales como la música, al igual que el mundo del manga y el anime han explorado este concepto. Asimismo, el gobierno de Japón se ve en la necesidad de hacer estudios cada vez más frecuentes para conocer la evolución de este fenómeno conductual.

Aun así, la estigmatización que hay sobre los individuos hikikomori sigue siendo una carga fuerte que todo aquel que desee salir del círculo vicioso de la vergüenza debe superar. Para tratar de colaborar con los hikikomori en este proceso y mostrarles que no están solos, existen iniciativas como Hikipos.

Tal como lo retrata este reportaje de FRANCE 24 English, esta se trata de una revista impresa con presencia online creada por y para individuos hikikomori. Dicha revista también va orientada a los padres de los hikikomori. Con esto, esperan ayudarlos a entender la situación de sus hijos y la ayuda que pueden brindarles. Esto sobretodo porque muchas veces la condición requiere de un apoyo psicológico que pocos obtienen –otra vez debido al miedo al qué dirán, que rige la conducta de los padres–.

Igualmente, la revista busca ser una voz para la creciente comunidad hikikomori en Japón. A través de ella, buscan romper con los estigmas y preconcepciones que se tienen sobre ellos, como que solo son personas “flojas” o “malcriadas”. Recientemente ha salido en noveno número de la revista, pero su distribución se ha complicado debido a la situación del coronavirus en el mundo.

¿Hikikomori en el mundo?

En la actualidad, la pandemia del COVID-19 no es la única que aqueja al mundo. Ahora, también en otros países desarrollados como Reino Unido, Corea, Italia, España y Francia se han dado reportajes de individuos “hikikomori”, solo que cada uno ha sido denominado con vocablos propios de cada nacionalidad. Por ejemplo, en España, el fenómeno se ha dado a conocer como “de la puerta cerrada”.

Esta “epidemia” de casos se da como un factor común en sociedades altamente demandantes en las que las presiones por tener éxito también se hacen difíciles de manejar. De este modo, se comprueba que los modelos occidentales y orientales, a pesar de sus diferencias, pueden (a sus modos) causar resultados similares en los individuos.

Lastimosamente, en esta ocasión ni la influencia de un mundo ni la del otro han dado resultados positivos para estas personas. Asimismo, el crecimiento de la tecnología hace que el mundo digital, lleno de posibilidades y libre de reglas, se vea cada vez más llamativo que la realidad, llena de imposiciones y trabas constantes.

“Un nuevo comienzo”

En Japón, debido a lo común de esta situación, ya existen también variados mecanismos e iniciativas de ayuda, además de grupos de apoyo destinados a facilitar el reingreso de los hikikomori en la sociedad. Un ejemplo de estos es el conocido como “New Start” o “Nuevo comienzo” liderado por la japonesa Oguri Ayako.

Ella es la directora de esta ONG destinada a ayudar poco a poco a los hikikomori a salir de su encierro. Con su programa “Rent-a-sister” (renta una hermana) que los familiares de los hikikomori pueden contratar, una mujer se encargará de visitar al individuo y asegurarse de que se encuentre bien al mismo tiempo que lo animará poco a poco a salir de su aislamiento.

La meta de este programa es proveer a estas personas con un nuevo puente al mundo exterior y que les dé la seguridad que necesitan para regresar a la sociedad. Una vez afuera, existen otros espacios de capacitación que ayudan a los hikikomori a recordar cómo interactuar en sociedad, también aprenden habilidades requeridas en el campo laboral y a trabajar efectivamente en equipo. Básicamente, se trata de un programa completo de reinserción social, destinado a cualquier hikikomori que lo necesite, sin importar la edad o el género.

2020, pandemia y COVID-19: ¿un mundo hikikomori?

detalles sobre el hikikomoriEn estos momentos, el mundo se ha visto obligado a entrar en un estado de aislamiento debido a la cuarentena por el nuevo coronavirus, SARS-CoV-2. En medio de estas circunstancias, muchos hikikomori en camino a la recuperación podrían verse gravemente afectados. Esto no solo en Japón sino en todos los países del mundo en los que este fenómeno se ha hecho presente.

Sin embargo, una nueva preocupación surge no solo por los hikikomori ya existentes, sino los que podrían llegar luego de que la pandemia acabe. Además de las presiones de un mundo hiperexigente y los traumas que se pueden sufrir en la vida, a la lista de posibles causas del hikikomori se le tendrá que añadir la paranoia de un posible contagio. ¿Habrá incluso más hikikomori cuando termine el aislamiento por la pandemia? ¿El mundo comenzará a contemplar este modo de vida como una posibilidad para mantenerse sano? Esta es otra de las premisas que se suman a la gran incógnita que nos tiene a todos de cabeza: ¿qué será del mundo después de la crisis del coronavirus?