La enfermedad COVID-19, causada por el coronavirus SARS-CoV-2, puede clasificarse en tres etapas clínicas. En la etapa 1, que engloba entre el 80 y el 84 por ciento de los casos, los pacientes infectados desarrollan síntomas leves o son asintomáticos.

En la etapa 2, los pacientes desarrollan una neumonía no hipoxémica, pero pueden avanzar a una neumonía hipoxémica (que tiene bajos niveles de oxígeno en la sangre) o al síndrome de dificultad respiratoria aguda, la llamada etapa 3.

Un cuadro clínico difícil de manejar

Entre el 17 y el 20 por ciento de los pacientes con COVID-19 evoluciona hacia las etapas más severas, teniendo una creciente necesidad de oxígeno que requiere la admisión en unidades de cuidados intensivos (UCI) y soporte respiratorio.

Esta progresión de la enfermedad se asocia con altos niveles de citoquinas proinflamatorias circulantes, un fenómeno que se conoce como “tormenta de citoquinas”, un cuadro clínico difícil de manejar que hasta ahora ha desconcertado a los médicos.

Todos los pacientes que recibieron el medicamento anakinra mejoraron clínicamente, sin muertes y con disminuciones significativas en los requerimientos de oxígeno y soporte respiratorio.

Debido a que la interleucina-1 (IL-1), citoquina que desempeña un papel central en la regulación de las respuestas inmunes e inflamatorias, bloquea la producción de otras citoquinas proinflamatorias, un equipo de investigadores del Hospital de Asistencia Pública de Marsella trató a un grupo de  pacientes con COVID-19 severo con un fármaco antagonista del receptor de IL-1 llamado anakinra.

En el estudio, los investigadores compararon retrospectivamente 22 pacientes con neumonía asociada a COVID-19 en estadios 2b y 3, los cuales presentaban insuficiencia respiratoria aguda grave e inflamación sistémica.

Efecto favorable

Del total, 10 de los pacientes recibieron tratamiento estándar de atención y 12 pacientes recibieron con anakinra intravenosa, comúnmente recetado para tratar la artritis reumatoidea. Los investigadores se basaron en la noción de que el fármaco amortigua los compuestos de “interleucina” producidos naturalmente que ayudan a desencadenar la tormenta de citoquinas.

Según los investigadores, de los 10 pacientes que no recibieron el medicamento, 4 necesitaron un ventilador para respirar, mientras que los otros 6 necesitaron oxígeno. Uno de los pacientes murió, otro requirió estar conectado a un respirador después de 20 días, y cuatro pacientes tardaron un promedio de casi 10 días en salir de la unidad de cuidados intensivos.

Entre el 17 y el 20 por ciento de los pacientes con COVID-19 evoluciona hacia las etapas más severas, requiriendo la admisión en unidades de cuidados intensivos y soporte respiratorio.

De los 12 que recibieron el medicamento anakinra, solo 2 necesitaron un ventilador para respirar, mientras que los otros 10 necesitaron oxígeno. Sin embargo, todos los pacientes de este grupo mejoraron clínicamente, sin muertes, disminuciones significativas en los requerimientos de oxígeno, más días sin ventilación mecánica invasiva y fueron dados de alta de la UCI en un promedio de cinco días.

El medicamento también pareció tener un efecto “rápido”. Los investigadores registraron una reducción de la fiebre tres días después de la primera infusión intravenosa.

Si bien la baja cantidad de pacientes evaluados en este estudio no permite sacar conclusiones firmes, estos buenos resultados dan sustento a la realización de nuevos ensayos en lo que se examine la efectividad del medicamento en un mayor número de pacientes.

En última instancia, señalan los autores, el uso temprano del medicamento anakinra puede ser una decisión clínica importante cuando las afecciones respiratorias comienzan a deteriorarse en el contexto de una inflamación sistémica creciente, como la observada en los casos severos de COVID-19.

Referencia: Early IL-1 receptor blockade in severe inflammatory respiratory failure complicating COVID-19. PNAS, 2020. https://doi.org/10.1073/pnas.2009017117