Muchos de nosotros posiblemente no tengamos problemas en reconocer que somos particularmente impacientes. El arte de esperar con calma suele ser una habilidad que pocos tienen, casi nadie desarrolla e incluso menos dominan.

Este detalle es perfectamente entendible, sobretodo en un mundo como el actual donde la inmediatez es la norma y todas las cosas se solicitan “para ayer”. En medio de una vida tan acelerada como esta, la paciencia es pocas veces recordada y mucho menos practicada.

Ahora, una investigación publicada por la American Psychological Association (APA) en el Journal of Experimental Psychology: General nos abre paso a un nuevo punto de vista desde el que observar la situación. Gracias a sus investigaciones, ahora es casi un hecho que los seres humanos somos, por naturaleza, impacientes. Esto incluso cuando sabemos que, luego de un lapso de tiempo determinado, tendremos una recompensa concreta.

Intercambios intertemporales

El equipo de investigadores estuvo conformado por la doctora Ping Xu, que fue la líder del estudio; la doctora Claudia González Vallejo, segunda autora de este y Benjamin Vincent, tercer autor de la investigación. Estos expertos de diversas universidades unieron sus esfuerzos para comprender mejor cómo las personas manejan las recompensas y el tiempo, así como cuál de estos elementos pesa más durante la toma de decisiones.

Específicamente, a este tipo de experimentos se los engloba en la categoría de investigación de intercambios intertemporales. Dentro de esta gama, se presta atención al proceso de “canje” que se da entre la obtención o disminución de una recompensa asociado al tiempo que tomaría cada caso.

Centavos y segundos

“En este documento en particular, estamos interesados en cómo las personas toman decisiones que implican comparar el tiempo que lleva obtener algo versus cuánto obtendrá uno”, comentó González Vallejo.

Para esto, utilizaron lapsos de tiempo cortos (segundos) y cantidades bajas (centavos) para poner a las personas a prueba. Durante la investigación, todos podrían tener una cantidad menor de centavos de inmediato, o esperar unos cuantos segundos y quedarse con una más grande.

Si hay que esperar…

La diferencia de tiempos, como vemos, solo era de unos segundos entre la primera posible recompensa y la segunda. Por esto, Xu y sus colegas habían hipotetizado que, al evaluar el tiempo invertido y los posibles beneficios, las personas no tomarían en cuenta un tiempo tan incipiente y optarían por la recompensa mayor.

Curiosamente, ocurrió todo lo contrario. Aunque solo se solicitaba a los participantes que esperaran un poco más si querían acceder al segundo premio, estos preferían solo tomar lo que se les ofrecía de inmediato e irse.

 “En general, la gente es muy impaciente”

Estas palabras de González Vallejo  son una representación de las conclusiones más generales que pudieron obtener de la investigación. Como ya dijimos, al presentar a las personas con tiempos de espera tan “insignificantes” los investigadores esperaban ver a las personas decidiendo esperar para obtener el beneficio más grande.

No obstante, solo pudieron comprobar que los tiempos de espera, incluso cuando son tan solo de segundos, cuentan –y mucho–. En consecuencia, se ha comprobado una que nuestras tendencias impacientes se tratan de una característica prácticamente natural y común en los humanos.

Cambio de planes

Estos resultados totalmente inesperados “anularon nuestros planes y predicciones iniciales” comentó Xu. Sin embargo, esto no implica que su investigación haya llegado a un punto muerto. De hecho, nuevas aristas y posibilidades han nacido de este descubrimiento.

Xu ha comentado que, al utilizar modelos matemáticos, se pudieron vislumbrar dos posibles razones para esta conducta impaciente generalizada. En primer lugar, una de las teorías expone que cuando se debe verdaderamente “vivir” el lapso temporal sin distracciones, este se siente más largo. Por otra parte, la segunda indica que la percepción de la “cantidad” de la recompensa termina por devaluarse en relación inversamente proporcional al tiempo que se debe esperar por ella.

En pocas palabras, mientras más tiempo debamos esperar, menos atractivo parecerá el premio. Esto incluso cuando dicha recompensa, por sí misma, sí llega a ser muy llamativa. Xu considera que estos son campos de estudio que se deben investigar para poder comprender mejor la relación entre nuestros procesos de decisiones, las recompensas percibidas y los lapsos de espera.

¿La impaciencia y el coronavirus?

Además, el estudio de Xu entra en una vigencia particular en esta situación que vivimos con la pandemia del coronavirus. De hecho, ya en otras oportunidades se ha planteado que, si varios países como Estados Unidos hubieran tenido paciencia y mantenido los bloqueos, o los hubieran iniciado antes, el panorama mundial actual podría ser otro.

“Esperar no es fácil, como lo demostró nuestro estudio, y creo que la investigación futura en términos de analizar las políticas de diferentes países con eso en mente mostrará cómo algunas políticas que requieren paciencia terminaron dando diferentes resultados para esta pandemia”, afirmó Xu.

Referencia:

Waiting in intertemporal choice tasks affects discounting and subjective time perception: https://doi.org/10.1037/xge0000771