Las mutaciones suelen concebirse como procesos aleatorios que ocurren por lo general debido a errores cometidos cuando se copia el ADN. Todos los organismos mutan, incluso los virus, y en medio de una pandemia de tal magnitud, esta ha sido una de las preocupaciones más presentes en los científicos, sobre todo entre los que trabajan en una vacuna.

Los científicos han hecho seguimiento a la evolución del coronavirus durante los último siete meses. Un estudio reciente publicado en la revista Molecular Biology and Evolution sugiere que las mutaciones del SARS-CoV-2 no necesariamente estén regidas por un proceso aleatorio. Al contrario, estas parecen ocurrir por la acción de proteínas humanas que lo degradan (como un mecanismo de defensa), aunque el virus puede recuperarse gracias a la selección natural.

Más de 6,000 mutaciones

Los investigadores de las Universidades de Bath y Edimburgo unieron fuerzas para analizar más de 15,000 genomas de virus de todos los esfuerzos de secuenciación que se han llevado a cabo en todo el mundo, identificando más de 6,000 mutaciones.

Entonces indagaron en cuánto mutaban cada una de las cuatro letras que componen el código genético del virus (A, C, U y G) a fin de identificar diferencias, y descubrieron que este tenía una alta tasa de mutaciones que daban lugar a residuos U. Estas mutaciones generaban con frecuencia pares vecinos UU, que mutaban a partir de la secuencia original de CU y UC.

Los investigadores creen que la mutación no es aleatoria, sino que es la consecuencia de la implementación de nuestros mecanismos de defensa contra el virus, una huella del perfil de una proteína humana, llamada APOBEC, que podría estar promoviéndola.

“He examinado los perfiles mutacionales de muchos organismos y todos muestran algún tipo de sesgo, pero nunca he visto uno tan fuerte y extraño como esto”, aseguró el el profesor Laurence Hurst, director del Centro Milner para la Evolución de la Universidad de Bath, autor principal de esta investigación.

Un enfoque que podría desfavorecer al coronavirus

En vista de ello, surgieron algunas interrogantes importantes, como el papel que están jugando estas mutaciones en la supervivencia del virus. ¿Lo están ayudando o están en su contra?

Y tras revisar la composición real del virus y compararla con otros tipos de sitios dentro del virus, encontraron evidencia de que la selección natural, esa innegable dinámica que consiste en la supervivencia del más apto, le ha permitido al virus luchar contra las mutaciones.

Observando las tendencias mutacionales, los investigadores intuyen que el 65 por ciento de los residuos deberían ser una U y el 40 por ciento deberían ser pares UU. Sin embargo, en la práctica el contenido de U es mucho menor y el contenido UU es alrededor de una cuarta parte de lo predicho, lo cual también podría explicar su supervivencia. Husrt explicó que:

“Esto podría deberse a que los virus que tienen demasiada U en ellos simplemente no sobreviven lo suficientemente bien como para reproducirse. Estimamos que por cada 10 mutaciones que vemos, hay otras seis que nunca vemos porque los virus mutantes son demasiado pobres para propagarse”.

La investigación también mostró que los virus con genes con versiones ricas en U son menos estables. Además, los humanos también tienen proteínas que atacan las secuencias ricas en residuos de U, lo cual podría estimular la destrucción de algunas versiones del virus. Partiendo de ello, los investigadores están sugiriendo aumentar el contenido de U, como lo hace la proteína humana APOBEC, como un enfoque para desfavorecerlo.

De modo que tenemos una especie de ciclo. Nuestro cuerpo, tratando de defenderse, permite que sus proteínas ataquen al temido SARS-CoV-2, y esto está resultando en un estímulo para que este se cambie a sí mismo en un intento por sobrevivir. Irónicamente, el coronavirus es un claro ejemplo de la resiliencia tan añorada entre los humanos.

Referencia:

Evidence for strong mutation bias towards, and selection against, U content in SARS-CoV-2: implications for vaccine design. https://academic.oup.com/mbe/article/doi/10.1093/molbev/msaa188/5873882