Como sabemos, los glóbulos blancos son aliados vitales para el organismo y el sistema inmunológico a la hora de combatir enfermedades. Sin embargo, no tenemos tan claro el papel que juegan estos en otros procesos orgánicos.

En otras ocasiones, se ha podido por ejemplo detectar la presencia de glóbulos blancos en el cerebro –donde, en teoría, no son necesarios–. Esta situación ha llevado a los investigadores a querer saber más sobre este particular fenómeno. Sobre todo cuando consideramos que, en el complejo sistema de nuestro organismo, nada pasa por azar.

Para poder develar el misterio tras esta situación el profesor Adrian Liston, del Instituto Babraham, junto a su equipo de investigación, se ha dado a la tarea de estudiar la acción de las células T (un tipo particular de glóbulo blanco) en el cerebro de los ratones.

Un sistema inmune particular

Con anterioridad mencionamos que  en esencia los glóbulos blancos no tendrían por qué ser necesarios en el cerebro. Esto se debe a que este cuenta con su propia barrera protectora. Mejor conocida como hematoencefálica, esta se trata de un umbral de alta selectividad que regula en detalle qué pasa y qué no de la sangre al cerebro.

Debido a esto, esta área de nuestro organismo se encuentra separada por su propio cerco de protección. En consecuencia, las células inmunes que conocemos comúnmente no actúan en estos sectores.

De hecho, la mente cuenta con sus propios defensores, conocidos como microglia. Estos hacen las veces de células inmunes, desencadenan procesos de inflamación y reparan tejidos de ser necesario.

Estas llegan a nosotros desde el proceso de desarrollo embrionario y se van renovando de forma que nos acompañan hasta la adultez. Siguiendo esta línea de pensamiento, los glóbulos blancos no tendrían por qué estar allí. Pero, ya se sabe que lo están. Entonces, solo nos queda hacernos una pregunta…

¿Qué hacen los glóbulos blancos en el cerebro?

La investigación publicada en la revista Cell por Liston y su equipo justamente busca tratar de ayudarnos a comprender este particular proceso. En primer lugar, observaciones anteriores relacionaron a estas células sanguíneas con enfermedades como la esclerosis múltiple, el Alzheimer y el Parkinson –todas patologías cerebrales–.

Ahora, se ha visto que también pueden estar presentes en un cerebro sano. Por lo que, los investigaciones han tratado de encontrar el motivo por el cual estos glóbulos siguen allí.

¿Intermediarios?

Al asociar a los glóbulos blancos con la sangre, muchas veces olvidamos que estos realmente no se encuentran solo en esta. De hecho, los glóbulos blancos se pasean por todos los órganos y tejidos de nuestro cuerpo. Por lo que, doctores como Oliver Burton, también del Instituto Babraham, opinan que estos “actúan como intermediarios”. De este modo, su paso por el organismo y por el cerebro lo que hace es transmitir “información del resto del cuerpo” al ambiente cerebral.

¿Qué las ha llevado allí? Un asunto evolutivo

Sin embargo, a pesar de que esta teoría podría darnos un indicio de sus funciones, no explica por qué específicamente son los glóbulos blancos los que están allí y no otros. Después de todo, los glóbulos blancos no son los únicos transmisores de información en el organismo.

La respuesta a esta pregunta vino al observar los modelos experimentales en ratones diseñados por los investigadores. En estos, las criaturas que tenían una ausencia inducida de células T en el cerebro, mostraron cambios conductuales significativos. Pero, ¿por qué?

Todo se debió a las células que se supone deberían ser el relevo de los glóbulos blancos en el cerebro, las microglias. Según lo observado, los ratones con ausencia de células T permanecían con microglias “embrionales”, es decir, con unas que no habían culminado su proceso de desarrollo. Por otro lado, los ratones control, que sí tenían su porcentaje usual de células T contaban con microglias adultas, o completamente desarrolladas.

Las conclusiones

Por lo que, con los datos obtenidos, se ha podido deducir que los glóbulos blancos tienen un rol moldeador en el desarrollo de las microglias para que estas pasen de su estado embrional al adulto. Esto, a pesar de que no prueba específicamente el papel de los glóbulos blancos en la mente humana, sí ofrece un camino de investigación posible que valdría la pena explorar.

Sobre todo cuando se piensa en las implicaciones de interacción que estos resultados sugieren. Con ellos, se reitera que el cerebro y el sistema inmunológico no solo están interconectados, sino que son capaces de actuar como mutuos modificadores en los procesos naturales de desarrollo y crecimiento.

Referencia:

Microglia require CD4 T cells to complete the fetal to adult transition: DOI: 10.17632/hsmzw47kbg.1