La aparición de un nuevo coronavirus no solo dio lugar a una enfermedad conocida como COVID-19 que se convirtió en la peor pandemia del siglo, sino también a una variedad de mitos y fake news estimulada por el Internet y las redes sociales. Entre ellas, podemos mencionar la falsa afirmación de que el SARS-CoV-2 podía propagarse a través de los mosquitos.

Falsa porque hasta ahora no se ha encontrado evidencia de que estos pudieran transmitir el SARS-CoV-2 a los humanos. Y de hecho, un estudio reciente publicado en la revista Scientific Reports descarta en su totalidad esta posibilidad.

Mosquitos, vectores de muchas enfermedades

Como muchos saben, los mosquitos constituyen uno de los vectores más comunes de patógenos infecciosos responsables de problemas de salud pública, sobre todo en las regiones con clima tropical. Los más populares son el virus del dengue, el virus Zika, el virus chikungunya y el parásito de la malaria Plasmodium.

Dicho esto, no es de extrañar que muchos se preguntaran si el SARS-CoV-2, desconocido casi en su totalidad al principio del brote, podría ser transmitido a los humanos a través de los molestos mosquitos. Muchos incluso se aprovecharon de esta duda para difundir cadenas que advertían que esto era posible.

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aclaró de manera temprana que COVID-19 era un enfermedad respiratoria que se propaga a través de gotitas en aerosol y que no había pruebas de que los mosquitos pudieran propagar el virus que la causa.

Al día de hoy, se sabe mucho más sobre este patógeno y sobre la enfermedad, y aunque muchas cosas han cambiado desde entonces, aún no hay evidencia de que los mosquitos puedan contagiar a los humanos.

El coronavirus no sobrevive mucho tiempo en los mosquitos

Existen miles de especies de mosquitos en todo el mundo, pero solo las mosquitas hembras de algunas de estas especies, como Aedes, Culex y Anopheles, pueden transmitir enfermedades.

Para este estudio, los investigadores de la Universidad Estatal de Kansas colonizaron las tres especies mencionados, que también son las más extendidas en el mundo. La cepa de Aedes aegypti se obtuvo de Puerto Rico, la de Aedes albopictus de Nueva Jersey y la de Culex quinquefasciatus se obtuvo de Florida.

El objetivo era determinar la presencia del virus SARS-CoV-2 y su capacidad de propagación en los mosquitos, por lo que inocularon el patógeno a muchos mosquitos de las tres especies que colonizaron.

Dos horas después de la inoculación se aplicaron pruebas a 15 de los mosquitos, de los cuales solo 13 tenían en virus infeccioso. En los otros dos este pareció haber perdido su infectividad.

Mientras que 24 horas después de la inoculación, se analizaron 48 mosquitos, y entre ellos solo encontraron que un individuo de un Aedes albopictus tenía el virus. Pero más allá de este tiempo, no encontraron rastros del virus en las 277 muestras analizadas.

Viremia en los mosquitos

Los investigadores explican que para poder transmitir el virus, este primero debe llegar al intestino medio del mosquito, luego de lo cual podría extenderse a los otros órganos, como las glándulas salivales. Pero para poder lograrlo es necesario que burle las barreras presentes en el intestino medio, y según los resultados, esto no es tan fácil.

Dado que el mosquito hembra necesita sangre para producir huevos, pica a los humanos y otros animales como pájaros y reptiles. Al hacerlo, secreta saliva que entra a la sangre de su víctima, y si se ha infectado con un patógeno al picar a algún individuo previamente, es probable que lo transmita al próximo que pique.

Ni el SARS ni el MERS producen suficiente virus en la sangre (viremia) como para poder convertir a los mosquitos en sus vectores, lo cual se sabe desde hace algún tiempo. Sin embargo, cada patógeno tiene sus propias características, por lo que verificar si ocurría lo mismo con el SARS-CoV-2 era necesario.

Referencia:

SARS‑CoV‑2 failure to infect or replicate in mosquitoes: an extreme challenge. https://www.nature.com/articles/s41598-020-68882-7.pdf