Si comparamos nuestra sociedad actual a como era hace un siglo, notaremos diferencias muy significativas. Uno de los aspectos que más cambiaron a lo largo de los años fue la participación de la mujer en todo aquello que no se limitara a las tareas domésticas, aunque ahora siguen habiendo disconformidades al respecto.

En un artículo en The Conversation, Julie Hare, miembro honorario de la Universidad de Melbourne, recuerda que en Australia, a principios de la década de 1970, solo una de cada tres mujeres se inscribía en la universidad. Pero años después, en 1987, las mujeres ya constituían la mayoría de las inscripciones, y en la actualidad representan 55.5 por ciento de las mismas.

La mejor parte es que esta tendencia se ha observado también en otras democracias de Occidente, lo que deja evidencia de que la educación superior ahora es mucho más valorada por la población femenina.

Por cada 100 mujeres inscritas en la universidad en Australia, solo hay 72 hombres, y estos últimos tienen mayor probabilidad de abandonar la carrera una vez en ella . A esto se suman las cifras del gobierno, que muestran que 65.5 por ciento de las estudiantes que se matricularon en 2013 completaron sus estudios en seis años. En cambio, la cifra de culminación masculina fue solo del 60.3 por ciento.

Sin embargo, sigue habiendo diferencias de género importantes al salir de la universidad. Para Hare, mientras más mujeres valoran la educación y la perciben como una estrategia para la seguridad económica en su vida, los hombres siguen disfrutando de salarios más elevados y antigüedad laboral.

¿Qué hay detrás de la expansión femenina en la educación?

En la actualidad, la tendencia es que haya más mujeres inscritas en carreras universitarias que hombres.

Hare considera que los impulsores de la expansión de las mujeres hacia la educación superior son en realidad una compleja combinación de factores sociales, culturales y económicos.

Entre ellos, podemos mencionar el incremento del pensamiento feminista suscitado a lo largo de las últimas cinco décadas, y los cambios que ha generado respecto a la forma en que se percibe a la mujer en el hogar. Asimismo, la aparición de métodos anticonceptivos eficaces, como la píldora, que redujo tanto el número de hijos que tenía cada mujer como la edad a la que los tenían.

Pero los cambios estructurales en la economía en la década de 1980 también pudieron ejercer una fuerte influencia, ya que la oferta laboral no calificada para mujeres se redujo, y estas pudieron incursionar en nuevos trabajos. Junto a esto, los avances tecnológicos que han marcado las últimas décadas y han hecho más sencillos los trabajos domésticos que antes les ameritaban mucho más tiempo.

“Las secretarias y los taquígrafos se convirtieron en ocupaciones de una época pasada, mientras que la enfermería y la enseñanza se profesionalizaron requiriendo títulos como títulos de nivel de entrada”.

¿Qué hay detrás de la brecha salarial de género?

Un informe de 2019 del Instituto Grattan reveló que se espera que las mujeres graduadas de la universidad ganen un 27 por ciento menos que los hombres en el ejercicio de su carrera, aunque una década antes esta brecha salarial se había reducido.

El resultado de esto puede ser (o seguir siendo) que los hombres tengan más oportunidades de ascender en la escala profesional abruptamente en comparación con las mujeres, incluso en áreas donde estas dominan, como la atención médica y la educación.

A pesar de que el trabajo de las mujeres es esencial para el funcinamiento de la economía y de la sociedad como tal, hay una tendencia, quizás algo silenciosa, a devaluarlo y Hare aprovechó la oportunidad para indagar en las causas.

Una es la segregación autoseleccionable. Cerca de la mitad de las mujeres que empiezan a trabajar cada año lo hacen en sectores feminizados y con salarios más bajos, como la enseñanza de enfermería, cuidado de niños y humanidades. En cambio, los hombres superan en número a las mujeres en solo dos campos que son la ingeniería y la informática, que como muchos saben, suelen ser más lucrativos.

Otra es el sesgo incorporado sobre cómo se valoran ciertas carreras, las expectativas sociales en torno a la crianza de los niños, y las culturas corporativas autoperpetuantes que limitan el ascenso.

Y por último, la verdad innegable de que todavía muchas mujeres dejan su trabajo de tiempo completo para dedicarse a criar a sus hijos. La implementación de esquemas de licencia parental remunerada ha permitido que la cantidad de mujeres que permanecen en la fuerza laboral se incremente. Aún así, a los 35 años, 80 por ciento de los hombres sigue trabajando a tiempo completo, en comparación con solo el 40 por ciento de las mujeres.

Los datos recopilados sugieren que es a los 50 años que el 50 por ciento de las mujeres regresan a la fuerza laboral a tiempo completo. Y aunque sigue siendo una edad apta para el trabajo, parece muy tarde para acumular una riqueza independiente que les permita disfrutar de sus años de jubilación.

Referencia:

Yes, women outnumber men at university. But they still earn less after they leave. https://theconversation.com/yes-women-outnumber-men-at-university-but-they-still-earn-less-after-they-leave-142714