La ansiedad es un trastorno cada vez más frecuente en nuestros tiempos, pero que pese a ello, aún no ha sido estudiado en todas sus facetas, y por tanto, tampoco tiene una cura definitiva. En vista de ello, los neurocientíficos siguen trabajando arduamente en su estudio, a fin de comprender mejor qué lo causa, cómo ocurre a nivel químico en el cerebro, y de esta forma diseñar tratamientos más eficaces a un menor costo de efectos adversos.

Siguiendo esta dinámica, recientemente los investigadores de la Universidad de Trento publicaron un artículo en la revista Scientific Reports en el que informaron nuevos hallazgos referentes a dos formas típicas de este trastorno, rasgo y estado, los cuales prometen nuevos puntos de partida para el desarrollo de tratamientos.

Diferencia entre ansiedad de rasgo y de estado

La coordinadora científica de este estudio, Nicola De Pisapia, dice que la ansiedad de estado es una condición temporal, mientras que la ansiedad de rasgo es una característica estable en una persona. Para proporcionar una idea más claro sobre ello, la investigadora explicó estas diferencias con los siguientes ejemplos.

Cuando una persona, que por lo general es tranquila y callada, está muy tensa, tiene un estado elevado y está experimentando ansiedad de bajo rasgo. En cambio, una persona que por lo general es nerviosa, pero que se encuentra inusualmente callada, está experimentando un estado bajo o reducido, y ansiedad de alto rasgo.

Las personas con ansiedad de rasgo tienen dificultades para manejar situaciones estresantes, son menos competitivas a nivel social, corren riesgo de depresión y trastornos psicopatológicos y pueden ver sus funciones cognitivas alteradas.

La importancia de identificar el tipo de ansiedad

De Pisapia, que es investigadora del Departamento de Psicología y Ciencias Cognitivas de la Universidad de Trento, sostiene que diferenciar entre rasgo y ansiedad estatal es un criterio útil a la hora de elegir el tratamiento más apropiado para los pacientes. Dando en este clavo, hay más probabilidad de evitar que la afección se vuelva crónica.

“Nuestro estudio deja en claro que es fundamental tratar a las personas con ansiedad estatal para que no desarrollen ansiedad de rasgo, que es una condición crónica. Una forma de tratarlo es reducir la ansiedad tan pronto como se manifieste, por ejemplo usando técnicas de relajación, actividad física y otros medios que mejoran el bienestar personal en general”.

Ese estudio utilizó resonancia magnética para estudiar la anatomía y la actividad del cerebro en reposo en más de 40 individuos, la cual se correlacionó luego con mediciones en las variaciones de la ansiedad hechas por los investigadores aplicando cuestionarios estándar.

Fue así como descubrieron que los aspectos más estables de la ansiedad de rasgo están relacionados con rasgos anatómicos específicos que son constantes, y que por ende, conducen al desarrollo de pensamientos negativos repetitivos y autogenerados. Estos se encuentran en la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal medial. Mientras que en la ansiedad de estado influyen características funcionales en la conectividad del cerebro, que funcionan de manera dinámica y transitoria.

“Se podría lograr una mejora estratégica en la regulación de la ansiedad en individuos con alto rasgo de ansiedad mediante métodos farmacológicos y/o de neuroestimulación (por ejemplo, con estimulación magnética transcraneal o estimulación transcraneal de corriente continua)”, concluyó De Pisapia.

Partiendo de ello, los investigadores sugieren que es posible crear nuevas herramientas de diagnóstico y diseñar mejores tratamientos en función de estos hallazgos.

Referencia:

Trait and state anxiety are mapped differently in the human brain. https://www.nature.com/articles/s41598-020-68008-z