Aunque la enfermedad coronavírica COVID-19 es la principal amenaza de salud pública en el mundo y ha sido el centro de atención de innumerables investigaciones científicas, aún hay mucho que se desconoce de ella, particularmente sobre sus efectos a largo.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 80 por ciento de las infecciones “son leves o asintomáticas”, y los pacientes se recuperan después de dos semanas, en promedio.

Más tiempo de lo esperado

Sin embargo, grupos de apoyo en las redes sociales reciben a miles de personas quienes manifiestan que han estado luchando con síntomas graves de COVID-19 durante más tiempo de lo esperado.

Semanas y meses después de tener una infección confirmada por el coronavirus, muchas personas descubren que todavía no se han recuperado por completo. Los informes emergentes describen síntomas persistentes que van desde fatiga y confusión mental hasta falta de aire y hormigueo en los dedos de los pies, un conjunto de afecciones que algunos expertos llaman “Long-COVID” o “COVID-prolongado”.

Aunque ninguno de los pacientes presentaba fiebre ni otro síntoma de enfermedad aguda, muchos informaron tener fatiga, disnea, dolor en las articulaciones y dolor en el pecho.

Por ejemplo, en gran parte de Europa, donde el pico de infecciones por coronavirus ha pasado, hay miles de personas que semanas o meses después de tener un diagnóstico positivo para COVID-19, informan que están lejos de estar completamente recuperadas.

Esto ha provocado que en algunos países se estén desarrollando e implementado servicios de rehabilitación a los sobrevivientes de COVID-19. Es probable que estos servicios tengan que ser de gran alcance, ya que la investigación indica que la enfermedad es multisistémica afectando no solo los pulmones, sino también a los riñones, el hígado, el corazón, el cerebro y el sistema nervioso, así como la piel y el tracto gastrointestinal.

Síntomas persistentes

En un reciente estudio, un equipo de investigadores de la Universidad Agostino Gemelli en Roma informó que casi nueve de cada 10 pacientes (87 %) dados de alta de un hospital después de recuperarse de COVID-19 todavía experimentaban al menos un síntoma 60 días después del inicio de la enfermedad.

Los investigadores observaron que solo 18 (12,6 %) de las 143 personas evaluadas en el estudio estaban completamente libres de cualquier síntoma, mientras que el 32 por ciento tenía 1 o 2 síntomas, y el 55 por ciento tenía 3 síntomas o más.

Semanas y meses después de tener una infección confirmada por el coronavirus, muchas personas descubren que todavía no se han recuperado por completo.

Aunque ninguno de los pacientes presentaba fiebre ni otro síntoma de enfermedad aguda, muchos informaron tener fatiga (53 %), disnea (43 %), dolor en las articulaciones (27 %) y dolor en el pecho (22 %). Además el 44,0 por ciento de los participantes informó tener una peor calidad de vida.

No está claro por qué sucede esto, pero se han propuesto algunas posibilidades. Las personas con COVID-largo aún pueden albergar virus infecciosos en algún órgano reservorio, lo cual puede pasar desapercibido por las pruebas moleculares.

También se ha planteado que la presencia de fragmentos persistentes de genes virales, que aunque no son infecciosos, puede desencadenar una respuesta inmune, como si “estuviera reaccionando a un fantasma del virus”. Lo más probable es que el virus haya desaparecido, pero el sistema inmunitario está atrapado en un estado hiperactivo persistente.

Lo cierto es que el SARS-CoV-2, coronavirus que causa la enfermedad COVID-19, es un patógeno muy novedoso del cual la comunidad médica y científica en general todavía tiene mucho por descubrir.

Referencia: Persistent Symptoms in Patients After Acute COVID-19. JAMA Network, 2020. https://doi.org/10.1001/jama.2020.12603