El 20 de julio de 1969, el comandante Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre en poner un pie en la Luna. Una hazaña conocida y recordada por las épicas palabras del astronauta al momento de pisar el satélite: “Un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”.

Este increíble logro sucedió tan solo ocho años luego de que Yuri Gagarin, cosmonauta soviético, se convirtiera en el primer hombre en viajar al espacio. Previamente, los soviéticos también habían enviado el primer satélite y al primer ser vivo al espacio, ambas misiones en el año 1957, por lo que se podría decir que Estados Unidos se estaba quedando bastante atrás en un contexto tan complicado como la carrera espacial.

Es entonces cuando se planifica lo impensable: lograr llegar a la Luna.

 

Fuente: National Geographic

Esta idea fue planteada por el presidente John F. Kennedy en 1962 en conjunto con la NASA, por lo que se pusieron manos a la obra. Había un largo camino por recorrer y debía hacerlo rápido, puesto que los soviéticos seguían encaminados en sus misiones espaciales, logrando enviar a la primera mujer al espacio, Valentina Tereshkova y haciendo la primera caminata espacial.

En Estados Unidos, se estaba planificando la misión Apolo 11 para lograr el cometido de pisar la Luna, en la cual participarían los astronautas Neil Armstrong, Edwin F. Aldrin y Michael Collins. Sin embargo, en vista del desconocimiento acerca de muchos aspectos del espacio, construir un cohete capaz de realizar el recorrido se convirtió una tarea difícil. Sobre todo, la construcción de un módulo que pudiera alunizar era el principal desafío, puesto que no se conocía a ciencia cierta cómo era la superficie de la Luna.

Neil Armstrong durante la práctica de acceso al módulo lunar
Fuente: NASA

Sin embargo, la construcción del cohete se logró en ocho años. El mismo medía 111 metros, pesaba tres millones de kilogramos y tenía la misma potencia de una bomba nuclear.

Todo en la misión era una apuesta, debido a que muchos factores dependían de la más exacta precisión y los cálculos más acertados. Tanto fue así que el propio presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, preparó un discurso en caso de que la misión fallara y los astronautas fallecieran en el espacio.

Sin embargo, el país apostaba todo a este viaje, así que el 16 de julio sucedió el lanzamiento de la misión espacial más famosa de la historia.

El recorrido era complicado. Una vez que despegaron, el cohete debía permanecer tres horas en una órbita llamada órbita de aparcamiento a 215 km de altura, tiempo durante el cual se calibran los equipos y se verifica la ruta a seguir para el resto de la misión. Una vez cumplido el plazo, el Centro Espacial Houston dio la orden de continuar con la misión.

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En este punto, las sesenta toneladas de combustible disponibles en el cohete comenzaron a utilizarse. La nave se aceleró a 45.000 km/h en una maniobra llamada inyección trans-lunar, la cual constituía uno de los puntos críticos de la misión. En esta, se utilizaba la gravedad para impulsar a la nave en su rumbo a la Luna.

Una vez superado este punto, comenzó otra etapa crítica, que era la maniobra de transposición, en la cual se coloca al módulo lunar delante del módulo de mando fragmentando y desprendiendo el cohete usando pequeños detonadores.

Módulo lunar desacoplado
Fuente: NASA

Luego de eso, los astronautas estuvieron tres días rumbo a la Luna. En este tiempo, la nave debía reducir la velocidad mientras se acercaba al satélite debido a la atracción gravitatoria de la Tierra. Sin embargo, cuando se estuviera acercando al destino, la velocidad debía ir en aumento de nuevo debido a la gravedad de la Luna.

En este punto, el Apolo 11 debía mantenerse orbitando la Luna para que los astronautas Neil Armstrong y Edwin F. Aldrin pudieran bajar en el módulo lunar y poder aterrizar en la superficie, mientras que Michael Collins orbitaba el satélite esperando a que estos volvieran.

Sin embargo, en este punto habían muchas complicaciones. El módulo lunar tuvo que ser pilotado manualmente por Armstrong, cosa que no estaba prevista en el plan de la misión. Solo tenía treinta segundos de combustible para lograr aterrizar, por lo que cualquier error significaría el fin.

Aún así, las maniobras de Armstrong fueron acertadas y se logró el alunizaje en una zona llamada Mar de la Tranquilidad. Al menos 60 millones de personas vieron la transmisión del proceso de alunizaje y celebraron la llegada al destino.

Buzz Aldrin en la Luna
Fuente: NASA

En la Luna, ambos astronautas se bajaron del módulo y lograron lo impensable. Recorrieron el terreno durante dos horas recogiendo 22 kilogramos de muestras de suelo y rocas lunares. Además, instalaron instrumentos para detección de sismos, partículas solares y un reflector láser.

A pesar de todas las probabilidades de errar, los astronautas volvieron sanos y salvos luego de un viaje de regreso de cuatro días. Se había logrado lo imposible, y se repitió en al menos 6 misiones más, en las que 12 astronautas pusieron también un pie en nuestro increíble satélite natural.

Hoy en día existen cientos de teorías acerca de este viaje, como que en realidad todo había sido una farsa y que fue Stanley Kubrick el que grabó las imágenes del alunizaje. Sin embargo, la llegada a la Luna sigue siendo uno de los mayores hitos de la humanidad y será recordado para siempre, hasta que, algún día, la volvamos a visitar.

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