Crédito: Tony Webster de Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos.

La pandemia del coronavirus ha golpeado con fuerza a prácticamente todos los sectores de la sociedad. Ya sea de forma directa o indirecta, la aparición del COVID-19 las ha forzado a ralentizarse, detenerse y atrasarse.

Entre estas, un área que se ha visto particularmente afectada ha sido el sector de las comidas preparadas. Mientras que abastos y supermercados deben permanecer abiertos para surtir a la población, los restaurantes han de mantenerse cerrados para protegerla de posibles contagios.

Por este motivo, estos negocios y sus trabajadores han recibido un fuerte golpe durante la pandemia. Sin embargo, de este grupo, los empleados indocumentados podrían estar viendo la peor cara.

Así lo documenta el sociólogo, Eli Wilson, profesor del departamento de Sociología y Criminología de la Universidad de Nuevo México. En un reciente escrito publicado para la Universidad de California (su alma mater) en el blog LA Social Science, Wilson aborda este tema en profundidad y ofrece su perspectiva de la situación.

Una realidad dual: el “frente de la casa” y la cocina

Wilson, en la actualidad, estudia la situación de la realidad laboral de los trabajadores de restaurantes en Nuevo México. Asimismo, busca explorar, discernir y denunciar las desigualdades sociales, de raza, clase y género que se dan en este sector.

Dentro de algunas de las diferenciaciones que ha podido identificar, está aquella que divide los negocios en el frente de la casa (FOH, por sus siglas en inglés) y la acción que ocurre tras bambalinas.

Por lo general, en el FOH de los restaurantes, en Nuevo México y muchas otras partes de Estados Unidos, es posible ver trabajadores jóvenes, blancos y de clase media. Mientras tanto, en la cocina, almacenes y demás espacios “ocultos” del negocio se encuentran los empleados indocumentados que, usualmente, hacen los trabajos más demandantes, por sueldos y beneficios menores.

El “Armagedón laboral”

Según el sociólogo, por la modalidad con la que muchos de estos espacios de comida funcionan (con pagos por hora), la situación actual es como un “Armagedón laboral” para los empleados de restaurantes.

Las horas disminuidas hacen que tengan muchas menos oportunidades de ganarse el sustento. Asimismo, la restricción de clientes que se pueden atender por día y la resistencia de muchos de siquiera ir a un restaurante hacen que la cantidad de propinas (complemento vital de sus bajos salarios base) no sea ni remotamente comparable a la que obtienen en días normales.

En este caso, en lugares como Nuevo México, los trabajadores del FOH se ven más afectados por la falta de propinas, pues su salario base (que no llega a 3 dólares por hora) se estipula de este modo, pensando en que su mayor ingreso será de los porcentajes que obtenga por el servicio. Sin embargo, están lejos de ser los más perjudicados en general por la situación.

Los trabajadores indocumentados están en mayor riesgo

“Antes de la pandemia, los millones de trabajadores indocumentados de la industria ya eran un grupo en gran parte invisible”, escribió Wilson.

En efecto, la situación de los trabajadores indocumentados, que se mueven en el backstage de los negocios nunca ha sido la mejor. Los bajos salarios, usualmente por debajo del mínimo legal, y la falta de beneficios laborales usualmente los mantienen en condiciones que solo pueden reconocerse como precarias.

Sin embargo, la situación del COVID-19 ha añadido toda una nueva capa de dificultad a estas ya complicadas condiciones.

“Las horas de trabajo reducidas y los despidos generalizados empujarán a muchos [trabajadores sin documentos] a lidiar con el incapacidad para satisfacer las necesidades básicas de su familia y ningún lugar para buscar ayuda, excepto amigos y familiares en situaciones igualmente precarias” afirmó.

En general, el problema de estos se grave por lo que denuncia Wilson, ya que estos trabajadores, al no tener la debida documentación, no pueden solicitar las ayudas que el gobierno estadounidense ofrece en estos momentos a los trabajadores que se han visto perjudicados durante la pandemia. Como consecuencia, estas personas solo pueden recurrir a la ayuda de terceros que, muy probablemente, también estén tratando de averiguar cómo paliar la crisis.

Un asunto de salud

La posibilidad de reabrir los restaurantes (con la seguridad de que no deberán cerrar a la siguiente semana) podría dar un poco de estabilidad. No obstante, esto no es una posibilidad aún.

A falta de una vacuna o tratamientos contra el COVID-19 es casi imposible pensar en una reapertura cercana de este sector. Sobre todo porque la mayoría de los locales no tiene la infraestructura necesaria para cumplir con las nuevas medidas de seguridad y distanciamiento.

“Vender solo comida para llevar es un negocio fallido para el 90% de los restaurantes. Pero es mejor que estar completamente cerrado”, observó Wilson.

Sin embargo, algunos locales han conseguido soluciones temporales como la venta de comida para llevar o solo atender a los clientes en sus secciones al aire libre. No obstante, como dice Wilson, a la larga esto es un negocio fallido.

Por ahora, el sociólogo prevé tiempos duros para el sector de los restaurantes. Comenta que posiblemente hará falta mucho más tiempo después de la distribución de la vacuna para que se recobre la confianza para ir a los restaurantes.

No obstante, considera que esto sí es posible en el tiempo. Pero, augura que no todos los negocios que conocemos podrán sobrevivir hasta este momento. Por esto, invita a las personas que puedan a ordenar comida de sus sitios favoritos y a dar propina a los repartidores. Todo esto como un modo de contribuir para que tanto los restaurantes, como quienes trabajan en ellos, puedan encontrar el modo de salir adelante.