En un reciente informe, un panel de expertos reunidos por la Fundación Rockefeller sugirió varios pasos para mejorar la respuesta de los Estados Unidos a la pandemia del coronavirus, resaltando un aumento drástico en los diferentes tipos de pruebas.

El panel, conformado por expertos de la industria, inversionistas, científicos y ex funcionarios federales de salud, concluyó que el gobierno federal debería invertir 75 mil millones de dólares para arreglar su defectuoso sistema de pruebas diagnósticas para la enfermedad coronavírica COVID-19.

Acelerar el ritmo

Ya este mismo comité señaló previamente que la nación norteamericana debía desarrollar la capacidad de realizar 3 millones de pruebas de diagnóstico a la semana durante el verano e ir escalando hasta llegar a 30 millones de pruebas semanales en octubre, cuando comienza la temporada de gripe. Pero en el reciente informe, los expertos puntualizaron que ahora está claro que el ritmo de las pruebas debe acelerarse aún más.

Los autores señalan que en el Congreso hay un consenso amplio para respaldar este nivel de gasto, y con ello mejorar la capacidad y efectividad de las pruebas de diagnóstico para COVID-19.

En la actualidad, uno de los mayores inconvenientes es que, aunque los laboratorios están realizando alrededor de 4,5 millones de pruebas de detección de COVID-19 a la semana, gran parte de los pacientes deben esperar 7 días o más para obtener los resultados, una retardo que hace que las pruebas sean casi inútiles.

Como explica Mara G. Aspinall, profesora en el Colegio de Soluciones de Salud de la Universidad Estatal de Arizona y coautora del informe:

“Esto es simplemente inaceptable, porque para cuando se reciben los resultados de las pruebas, ya se ha infectado a muchas, muchas personas”.

Estrategia definida

El informe ofrece dos soluciones básicas a este problema. La primera es aumentar aún más la tecnología existente, conocida como PCR, y conseguir tiempos de repuesta inferiores a 48 horas para esas pruebas.

En un reciente informe, un panel de expertos concluyó que el gobierno federal debería invertir 75 mil millones de dólares para arreglar el sistema de pruebas diagnósticas para COVID-19.

La otra es la distribución generalizada de un tipo de prueba más barata, aunque menos precisa, conocida como prueba de antígenos, que puede realizarse en casa, en las escuelas o en las oficinas.

Las pruebas de antígenos pueden pasar por alto hasta el 25 por ciento de los casos, pero al usarlas para examinar a las personas que no tienen síntomas, los autores creen que podrían detectar una cantidad importante de personas que no presentan síntomas pero que son infecciosas.

En referencia a la inversión estimada para ejecutar estas acciones, el economista Paul Romer, galardonado con el premio Nobel de economía en el año 2018 y coautor del informe, manifestó que aunque 75 mil millones de dólares podría parecer una cifra escandalosa, en realidad es un costo modesto para el beneficio potencial del plan.

El economista destacó que las medidas restrictivas implementadas para afrontar la pandemia le generan un costo a la economía estadounidense que se encuentra entre los 300 y 400 mil millones de dólares al mes. En este contexto, Romer señaló que en el Congreso hay un consenso bastante amplio entre republicanos y demócratas para respaldar este nivel de gasto, y con ello mejorar la capacidad y efectividad de las pruebas de diagnóstico de infección por coronavirus.

Referencia: National Covid-19 Testing & Tracing Action Plan. The Rockefeller Foundation, 2020. https://bit.ly/2WL1Nxl