A pesar de los avances en el cuidado del asma, la prevalencia de esta condición respiratoria ha aumentado en el último decenio, imponiendo una carga significativa a la sociedad. Por consiguiente, es necesario identificar los comportamientos de salud modificables que puedan mejorar los resultados de los pacientes y reducir la utilización de la asistencia sanitaria.

El sueño es un comportamiento modificable y se recomienda que los adultos duerman entre 7 y 8 horas por noche. En la población general, tanto la falta de sueño (dormir menos de 6 horas) como su exceso (dormir 9 o más horas) tienen asociaciones bien establecidas con resultados de salud adversos.

Examinando asociaciones

Un análisis realizado en el año 2018 determinó que las personas con asma tienen una probabilidad significativamente mayor de dormir menos de 6 horas (23 % contra 13 %) o 9 o más horas (7 % contra 6 %) en comparación con las personas sin asma. Estos hallazgos sugieren que, además de un sueño insuficiente, dormir demasiado tiempo  puede ser un problema en los adultos con asma.

A la fecha, ningún estudio ha determinado el impacto de la duración del sueño sobre los resultados de salud en adultos con asma. Para llenar esa brecha, un equipo de investigadores de la Universidad de Pittsburg examinó las asociaciones entre la duración del sueño, los resultados reportados por los pacientes y el uso de la asistencia sanitaria.

Además de un mayor riesgo de sufrir ataques de asma, sueño insuficiente se asoció a una probabilidad mayor de informar sobre una mala calidad de vida relacionada con la salud.

Para el estudio, el equipo de investigación analizó los datos de 1.389 participantes de la Encuesta Nacional de Examen de la Salud y la Nutrición (NHANES, por sus siglas en inglés) de 2007 a 2012 que tenían asma.

De esos participantes, el 25,9 por ciento informó dormir 5 horas o menos por noche (sueño corto), el 65,9 por ciento reportó dormir de 6 a 8 horas por noche (sueño normal) y el 8,2 por ciento indicó dormir 9 o más horas por noche (sueño largo).

En complemento, el equipo recopiló datos sobre los síntomas de asma y los ataques de asma de los participantes, cualquier limitación de actividad derivada de los síntomas, la calidad de vida relacionada con la salud y la utilización de la atención médica.

Evidencia sólida

Los investigadores formularon la hipótesis de que tanto la falta de sueño como el exceso se asociarían con peores resultados de salud de los pacientes asmáticos y un mayor uso de la asistencia sanitaria.

Los datos corroboraron la teoría. En comparación con los que tenían un sueño normal, los participantes que reportaron un sueño corto tenían una mayor probabilidad de experimentar un ataque de asma, tos seca y una estancia nocturna en el hospital en los últimos 12 meses.

Los investigadores examinaron las asociaciones entre la duración del sueño, los resultados reportados por los pacientes asmáticos y el uso de la asistencia sanitaria.

El sueño insuficiente también se asoció a una probabilidad significativamente mayor de informar sobre una mala calidad de vida relacionada con la salud, lo que incluía más días de mala salud física y mental y más días inactivos atribuidos a la mala salud.

De modo similar, los investigadores observaron que los participantes que dormían mucho tiempo, en comparación con los que dormían normalmente, tenían más probabilidades de tener una actividad limitada debido a las sibilancias.

Respecto a los resultados del estudio, la doctora Faith S. Luyster, afiliada a la Escuela de Enfermería de la Universidad de Pittsburgh y coautora de la investigación, comentó:

“Este estudio agrega evidencia sólida a la práctica de pacientes con asma que discuten problemas de sueño con su alergólogo para ayudar a determinar si necesitan cambiar su plan de tratamiento y lograr un sueño adecuado como un componente del buen manejo general de su condición”.

Referencia: Associations of sleep duration with patient-reported outcomes and health care use in US adults with asthma. Annals of Allergy, Asthma & Immunology, 2020. https://doi.org/10.1016/j.anai.2020.04.035