A esta altura del partido, muchos están al tanto de que los murciélagos son un reservorio de virus, muchos de los cuales han saltado a los seres humanos causando enfermedades graves. Tal es el caso del virus del Ébola, de la rabia, y cómo no, el SARS-CoV-2 que causa COVID-19.

Y aunque llevan muchos patógenos en su organismo, no hemos escuchado de ningún murciélago enfermo por ello. Estos en realidad son bastante capaces de tolerar los virus y vivir mucho más tiempo que los mamíferos terrestres de tamaño similar. En cambio, los humanos, que son significativamente más graves, experimentan síntomas al infectarse con ellos, y en algunos casos, pueden morir por ello.

Un equipo de investigadores estuvo indagando en los mecanismos detrás de la resistencia de murciélagos a estos patógenos en busca de nuevas pistas para el desarrollo de terapias para las enfermedades que causan en humanos.

Los hallazgos, publicados en la revista Cell Metabolism, sugieren que la capacidad de controlar la inflamación puede ser la clave en su tolerancia frente a los virus y su longevidad.

Murciélagos viven mucho pese a ser pequeños

Durante su aislamiento en Singapur, un equipo de investigadores de la Universidad de Rochester y el director del Centro para el Envejecimiento Saludable de la Universidad Nacional de Singapur estuvieron hablando sobre la longevidad de los murciélagos.

Por lo general, la esperanza de vida de una especie se correlaciona con su masa corporal; así, mientras más pequeña es, más corta es su vida útil, y viceversa. Pero los murciélagos rompen con esta regla, y a pesar de ser tan pequeños, su vida útil puede estar entre 30 y 40 años. De ahí que los investigadores sospecharan que había una conexión muy fuerte entre la resistencia de los murciélagos a las enfermedades infecciosas y su longevidad.

Entonces llegaron a la inflamación, una característica casi constante del proceso de envejecimiento y de las enfermedades relacionadas con la edad, como cáncer, el Alzheimer y las enfermedades cardiovasculares.

Las infecciones virales pueden causar inflamación, y un claro ejemplo de ello es COVID-19. Pero en este caso en particular, la respuesta inmunitaria es tan violenta que en lugar de proteger al individuo, provoca una inflamación exagerada, que puede desecandenar fallas orgánicas y la muerte.

En cambio, los murciélagos han desarrollado mecanismos específicos que reducen la replicación viral en su organismo, y también amortiguan la respuesta de su sistema inmune a un virus. En lugar de enloquecer tratando de solventar el problema, aprenden a vivir con él, un equilibrio irónicamente beneficioso para ellos.

Los factores detrás de la resistencia de los murciélagos

Los investigadores creen que uno de los factores que pudo haber contribuido en que los murciélagos evolucionaran para poder combatir virus y vivir largas vidas es su capacidad de volar. Esta actividad requiere que se adapten a aumentos bruscos de temperatura corporal, aumentos repentinos del metabolismo y cambios moleculares, lo que podría haber fomentado su resistencia a las enfermedades.

Otro factor puede ser su entorno y la forma en que viven. Muchos murciélagos se agrupan en colonias grandes y densas establecidas en los techos de cuevas o en las ramas de los árboles. Al vivir tan aglomerados, se crean las condiciones ideales para la transmisión rápida de virus y demás patógenos.

“Los murciélagos están constantemente expuestos a los virus”, dice Andrei Seluanov, uno de los autores del artículo. “Siempre están volando y trayendo algo nuevo a la cueva o al nido, y transfieren el virus porque viven muy cerca el uno del otro”.

Esta exposición tan frecuente a virus hace que sus sistemas inmunitarios vivan en una carrera para combatirlos: el patógeno ingresa al organismo, el sistema inmune desarrolla mecanismos para combatirlo, el patógeno evoluciona, y el proceso se repite. “Tratar con todos estos virus puede estar moldeando la inmunidad y la longevidad de los murciélagos”, añadió Vera Gorbunova, coautora del estudio.

¿Podrían los humanos desarrollar una resistencia similar?

Los humanos también son gregarios, pero contrario a lo que muchos creen, solo ha sido en una parte de la historia reciente que la mayor parte de la población humanada ha comenzado a vivir aglomerada en ciudades. Esto, sumado a los avances tecnológicos que permiten los viajes rápidos entre los continentes, ha supuesto una mayor exposición a los patógenos, tal como en los murciélagos.

“Los humanos tenemos dos estrategias posibles si queremos prevenir la inflamación, vivir más y evitar los efectos mortales de enfermedades como COVID-19″, dice Gorbunova. “Una sería no estar expuesto a ningún virus, pero eso no es práctico. El segundo sería regular nuestro sistema inmunológico más como un murciélago”.

Pero este proceso parece ser mucho más largo en los seres humanos. Pese a que vivimos en masa en un mismo territorio, nuestro cuerpo aún no ha desarrollado los mecanismos pertinentes para lograr el magnífico equilibrio con el que cuentan los murciélagos, y los datos de contagios y muertes en esta pandemia dejan evidencia de ello.

Referencia:

The World Goes Bats: Living Longer and Tolerating Viruses. https://www.cell.com/cell-metabolism/pdf/S1550-4131(20)30314-4.pdf