La pandemia del coronavirus nos ha obligado a todos a cambiar nuestras costumbres y modos de vida. Ahora, debemos mantenernos en casa y realizar todas las actividades posibles desde ella, para mantenernos alejados del virus, SARS-CoV.2.

Asimismo, si debemos salir a la calle, entonces debemos seguir nuevas normas de conducta, como el requerido distanciamiento social, y de vestimenta, como el vital uso del tapabocas. Todo esto para intentar mantenernos seguros y asegurar también a los que nos rodean.

En general, la mayoría de las personas están dispuestas a cumplir con esto por su propio bien y por el de los demás. Sin embargo, lastimosamente, este no se trata de un pensamiento compartido por todo el mundo. De hecho, ahora, en medio de la pandemia, podemos ver cómo muchos se indignan y se niegan a colaborar con estas normas por considerarlas una “violación a sus derechos individuales”.

El recuento histórico realizado por J. Alexander Navarro, del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan ha abordado este tema y lo ha relacionado con elementos anteriores en nuestra historia. Gracias a los fondos ofrecidos por los CDC estadounidenses, Navarro contó con lo que requería para hacer su investigación y enfocarse en los acontecimientos ocurridos en Estados Unidos.

Patrones que se repiten

Para el año 1918, en EE.UU. y en el mundo se gestaba una pandemia que cobraría miles de vidas. En ese momento, no había vacunas ni tratamientos específicos efectivos contra la influenza, la mortal enemiga de aquel entonces.

Por ende, la mejor alternativa que identificaron los centros de salud de la época fue la de trabajar con métodos preventivos que permitieran proteger a la población del contagio. Debido a esto, al igual que como se ha hecho ahora, muchas áreas del país se fueron a un cierre total, con la intención de limitar los espacios de posible exposición y contagio con el virus.

Por esto, tanto las escuelas como muchos comercios terminaron por cerrar sus puertas temporalmente. Del mismo modo, se prohibieron las grandes reuniones públicas y, a los infectados, se los colocaba en cuarentena de inmediato. Sin embargo, ninguna de estas medidas fue tan peleada ni tan polémica como el intento de hacer obligatorio el uso de mascarillas para estar en la calle.

Los intentos fueron variados

El país, con diferentes niveles de acción por cada estado, se puso manos a la obra y trató de implementar dichos tapabocas como un implemento de uso cotidiano. Como parte de su iniciativa, durante octubre de 1918, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos ofreció folletos informativos para prevenir la influenza, entre los que se recomendaba el uso de una mascarilla.

Cartel del Illustrated Current Press con una enfermera de la Cruz Roja con una máscara de gasa sobre la nariz y la boca, 18 de octubre de 1918. Crédito: La Biblioteca Nacional de Medicina / NIH (National Institutes of Health).

Traducción:

¡Para prevenir la influenza!

No le quite el aliento a otra persona.

Mantén la boca y los dientes limpios.

Evita a aquellos que tosan o estornuden.

No vayas a lugares mal ventilados.

Manténte caliente, toma aire fresco y luz solar.

Evita el Miedo, la Preocupación y la Fatiga.

Quédate en casa si tienes gripe.

Camina a tu trabajo y oficina.

En salas con enfermos utiliza una máscara de gasa como en la ilustración.

Por su lado, la Cruz Roja también colocó su grano de arena al colaborar con otros afiches informativos que también resaltaban la importancia del uso de tapabocas como mecanismo de prevención de la influenza. Incluso, esta organización llegó a ofrecer instrucciones sobre cómo armar mascarillas con gasas e hilos de algodón. Asimismo, departamentos de salud de estados como California, Utah y Washington también se dieron a la tarea de crear sus propias iniciativas de concientización.

Toda una seguidilla de acciones que, cambiando los medios a través de los que se transmitieron, podrían verse claramente como un paralelo a lo que se ha hecho en la actualidad en el territorio estadounidense: campañas de concientización y medidas de prevención.

Los “holgazanes” peligrosos y un sistema que no colabora

No obstante, desde aquel entonces, hasta la fecha, lastimosamente parece que las cosas no han cambiado tanto. Ahora, existen personas que se niegan rotundamente a utilizar tapabocas y, hace 100 años atrás, también las había.

La Cruz Roja fue cortante con este tema y llegó a declarar que “el hombre, la mujer o el niño que no usará una máscara ahora es un slacker (holgazán) peligroso”. Ya que, muchos individuos se negaban a usar la mascarilla por un tema de comodidad y costumbre.

Por si fuera poco, la falta de colaboración del público también vino de la mano con una falta total de unidad en las acciones de los altos mandos. Cada estado que intentó hacer obligatorio el uso de la mascarilla se encontró con trabas impuestas por los propios funcionarios. En muchos casos, se consideraba que su uso era innecesario y que era una imposición que el gobierno no debía hacer a la población.

Finalmente, algunos territorios (más que todo al occidente del país) consiguieron que las leyes se aprobaran. Pero, igualmente la resistencia generalizada, la cantidad constante de slackers que las desafiaban y las condenas a veces irrisorias (días de cárcel, multas extremadamente bajas) hacían que el cumplimiento de la nueva ley fuera mucho más complicado en lugares como Denver, Seattle y Oakland. En todos estos la iniciativa era la de prevenir contagios excesivos, pero ni las personas ni los organismo de seguridad estuvieron dispuestos a cooperar.

La “Liga anti-máscara”

En medio de toda esta situación, una subida de los casos en 1919 obligó a muchos estados a fortalecer de nuevo sus medidas de prevención. Allí nació en el país la “Liga anti-máscara”. Esta, como su nombre lo indica, se encargó de protestar contra el uso obligatorio de tapabocas. Incluso, llegó a congregar manifestaciones de más de 2 mil personas para este fin.

Cumpliendo a medias

Actualmente, a pesar de que la mayoría de la población, está dispuesta a cooperar, aún quedan herederos de este movimiento antimáscaras. De hecho, muchos han alegado también que el obligarlos a utilizar estos tapabocas es una afrenta contra sus libertades. Un detalle que nos recuerda a lo que se dijo una centuria atrás.

Igualmente, nuevas manifestaciones se han gestado en Arizona, Texas y otros estados para protestar contra los mandatos obligatorios locales sobre el uso de mascarillas. ¿Suena familiar?

Una tendencia histórica

Tan solo con esto podemos notar la existencia de una tendencia histórica que perjudica los procesos para poder enfrentar correctamente una pandemia. Claramente, no es posible saber qué tan efectivas pudieron ser las mascarillas de 1918.

Sin embargo, en la actualidad sí que está comprobado que estas son efectivas a la hora de bloquear el paso de la gran mayoría de una variedad de virus. Por esto, sabemos que su uso responsable y sostenido efectivamente puede hacer una diferencia en los resultados que se obtengan en la lucha contra la pandemia.

Para 1918, la negativa de los slackers y de las autoridades a cooperar pudo causar la pérdida de miles de vidas. Ahora, en el mundo tenemos la oportunidad de romper el patrón y de escribir una historia diferente, ¿la tomaremos?