El coronavirus SARS-CoV-2 ha infectado a casi 13 millones de personas en todo el mundo y ha causado más de 570 mil muertes, pero la crisis está lejos de terminar. Aunque se han identificado algunos medicamentos con potencial de mejorar a los pacientes infectados, aún estamos a esperas de una vacuna y los contagios continuarán ocurriendo.

Muchos seguro ya estarán cansados de este tema, e incluso estarán implorando por contagiarse para liberarse de tanta preocupación. Pero lo cierto es que la enfermedad se presenta de manera bastante variada, y no todos salen ilesos de ella.

Dejando de lado el riesgo de morir, en esta oportunidad nos centraremos en las secuelas que puede dejar la enfermedad. Un estudio publicado en Journal of the American Medical Association revela que la mayoría de los pacientes que se han recuperado de COVID-19 informan la persistencia de al menos un síntoma.

Solo 12.6 por ciento se recuperó por completo tras 60 días

Un equipo de investigadores de la Fondazione Policlinico Universitario Agostino Gemelli IRCCS en Roma hizo seguimiento de 143 pacientes que cumplieron con los criterios de la Organización Mundial de la Salud para la interrupción de la cuarentena a partir del 21 de abril de 2020. Esto es, aquellos que se habían recuperado lo suficiente de COVID-19 como para dejar de aislarse.

En el proceso, recopilaron datos sobre diferentes características clínicas, antecedentes clínicos y farmacológicos, factores de estilo de vida, estado de vacunación y medidas corporales de los pacientes.

Al analizar los datos, encontraron que el 72.7 por ciento de los participantes tenían evidencia de haber experimentado neumonía intersticial durante la hospitalización, que tuvo una duración media de 13,5 días. Durante la hospitalización, 15 ciento de los pacientes recibió ventilación no invasiva y 5 por ciento recibió ventilación invasiva.

Sin embargo, a pesar de haber sido dados de alta según los criterios sanitarios establecidos hasta ahora, al momento de la evaluación posterior algunos síntomas de enfermedad persistían.

A 60 días después del inicio del primer síntoma de COVID-19, apenas 12.6 por ciento de los pacientes incluidos en el estudio estuvo completamente libre de cualquier síntoma relacionado. 32 y 55 por ciento tenían uno o dos y tres o más síntomas, respectivamente, aunque ninguno tuvo fiebre o síntomas de enfermedad aguda.

53.1 por ciento de ellos informó fatiga, 43.4 por ciento informó disnea (dificultad para respirar), 27.3 por ciento informó dolor en las articulaciones y 21.7 por ciento experimentó dolor en el pecho. Como consecuencia, entre 44.1 por ciento de los pacientes observó una peor calidad de vida.

Sigue siendo mejor prevenir

A esta altura de la pandemia, muchas personas podrían pensar que no hay más remedio que contagiarse para poder volver a la normalidad. El gran problema con las enfermedades infecciosas es que pueden dejar secuelas de por vida dependiendo de las condiciones de salud de cada individuo y de las características del patógeno en cuestión.

COVID-19 sigue siendo una enfermedad relativamente nueva, y conforme pasan los meses se descubren muchos aspectos más sobre ella. Sin embargo, aún no se comprende por completo, y tampoco existe un tratamiento definitivo para ella.

Aunque este estudio fue muy pequeño, la posibilidad de dejar malestar incluso tras la recuperación de la infección no parece ser tan mínima. Por ende, la mejor opción sigue siendo la prevención.

Referencia:

Persistent Symptoms in Patients After Acute COVID-19. https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2768351