La pandemia del coronavirus continúa arreciando en el mundo. Mientras esto ocurre, la ciencia busca estudiar rápida pero eficientemente todas las aristas que corresponden al virus SARS-CoV-2, causante del COVID-19. Para esto, se deben tomar en cuenta elementos que van desde la propia composición y funcionamiento del virus hasta todos los mecanismos orgánicos y externos que facilitan su propagación.

Entre los temas de estudio recientes, uno que se ha destacado es aquel que sugiere que algunos individuos podrían tener una “inmunidad preexistente” –total o parcial– al coronavirus. Para poder comprender un poco mejor estos planteamientos y revisitar lo que se sabe hasta los momentos, los académicos Alessandro Sette y Shane Crotty publicaron recientemente su recuento en la revista científica Nature Reviews Immunology.

Inmunidad sin exposición previa

Lo que ha llamado la atención sobre el fenómeno de la inmunidad ha sido que, en variadas oportunidades, se han detectado sujetos con inmunidad preexistente al COVID-19, a pesar de nunca haber sido expuestos a este de forma directa o a través de terceros.

Un ejemplo de esto se ve en el primer estudio citado por los autores dentro de su publicación en la que escriben:

“En un estudio de Grifoni et al., se detectó reactividad en el 50% de las muestras de sangre de donantes obtenidas en los EE. UU. Entre 2015 y 2018, antes de que apareciera el SARS-CoV-2 en la población humana”.

¿Por qué ocurre este fenómeno?

Este tipo de fenómenos se han detectado en otras investigaciones y tienen al mundo bullente de curiosidad. Claramente, la primera pregunta que el mundo se hace es: ¿por qué? Lastimosamente, por ahora, todo lo que la ciencia tiene para responder a esto son teorías.

Según estas, el organismo podría estar teniendo una respuesta inmunológica por memoria. Esto siempre y cuando el individuo se haya expuesto con anterioridad otros coronavirus más comunes (CCC) como los causantes del resfriado HCoV-OC43, HCoV-HKU1, HCoV-NL63 y HCoV-229E.

De este modo, el cuerpo podría tener una respuesta parcial a la presencia del SARS-CoV-2 en el organismo debido a que reconoce partes de los anteriores. Con esto, la velocidad de liberación de anticuerpos y de erradicación de la enfermedad aumenta. Todo porque el organismo “recuerda” cómo accionar ante la amenaza y no pierde tiempo tratando de reconocerla.

No obstante, por ahora nada de esto se encuentra probado. Por lo que, hasta ahora, no se tiene una explicación clara al motivo por el cual la inmunidad preexistente al SARS-CoV-2 se da en algunos individuos. En cualquier caso, lo que sí se ha podido demostrar, es que esta se encuentra relacionada con la actividad de las células T de nuestro organismo.

Reactividad de las células T

Todas las respuestas inmunes sin exposición que se han registrado han tenido algo en común: una reactividad temprana de las células T. Estas forman parte vital de la liberación de anticuerpos protectores en el organismo y, además, participan activamente en la tarea de defenderlo.

Ahora, hasta 5 estudios diversos han corroborado su presencia en estas particulares reacciones inmunes preexistentes. Muchos de estos incluso han relacionado directamente a las células T CD4 + y un poco a las T CD8 + 1 con estos procesos inmunológicos tempranos.

Además del antes mencionado, llevado por Grifoni, otra investigación en los Países Bajos conducida por Weiskopf et al., ubicó una respuesta inmune de las T CD4 + del 10% a péptidos con pico de SARS-CoV-2 y del 20% a péptidos sin pico de SARS-CoV-2 en sujetos que nunca habían sido expuestos al virus. Un detalle que la investigación de Meckiff et al. en Reino Unido también reflejó.

Por su parte, Braun et al, desde Alemania, incluso reportaron una respuesta inmune positiva de las células T de un 34% contra péptidos con espiga del SARS-CoV2. Esto en donantes de sangre sanos que dieron negativo a la prueba del COVID-19 y que no estuvieron expuestos a él de otro modo.

Finalmente, el estudio realizado en Singapur por Le Bert et al. reveló una respuesta inmune de las células T específicamente a la proteína nucleocápsida nsp7 o nsp13 de coronavirus nuevo en al menos 50% de los sujetos. Nuevamente, todos estos tenían un historial limpio en lo referente al SARS, el COVID-19 o a la exposición al SARS-CoV-2.

¿Qué nos dicen estos descubrimientos?

Por una parte, la posibilidad de que individuos tengan una inmunidad previa a la enfermedad podría indicar que estos serán menos propensos a desarrollar síntomas graves –si es que se contagian–. Igualmente, permite comprender que estos podrían tener respuestas celulares y de anticuerpos más rápidas y eficientes luego de recibir una vacuna. Por lo que estas serán altamente eficientes en estos grupos.

En la situación actual, en la que las pruebas para las vacunas están en curso, será necesario que los investigadores tomen esto en cuenta a la hora de recolectar datos de sus ensayos clínicos. De este modo podrán evitar que esta variable altere las conclusiones generales de sus investigaciones y los lleve a conclusiones erróneas o apresuradas.

El “pecado antigénico original”

Por otra parte, los investigadores recalcan que una inmunidad previa también puede tener sus puntos negativos. En estos casos, indican que los problemas se clasifican como el “pecado antigénico original” en el que el organismo responde erróneamente o con menos fuerza ante el virus por las similitudes que este tiene con otro patógeno. Como resultado, o al enfermedad igual avanza o el virus desarrolla resistencia al ser atacado con células inmunes más “débiles” o menos efectivas.

Aun así, en general, la posibilidad de una inmunidad previa es principalmente beneficiosa. Por un lado, al asociar la inmunidad de este estilo con la exposición a otros CCC, se podrían ubicar geográficamente las zonas más y menos expuestas. Haciendo un análisis correlacional, luego se podría determinar una relación o no entre la gravedad y mortalidad del COVID-19 con respecto a la exposición a otros coronavirus.

De este modo, se podrían comenzar a desarrollar programas de contención que hagan hincapié en las zonas más “vulnerables” donde la exposición a otros CCC no sea tan alta.

¿Estamos más cerca de encontrar una vacuna o de volvernos todos inmunes?

Mientras tanto, el mundo continúa corriendo por encontrar una vacuna que sea de utilidad. Estudios previos en macacos rhesus han dado buenos resultados para algunos prototipos y también han demostrado que, luego de una primera exposición, sus organismos desarrollan inmunidad.

Esto sustenta teorías como las que indican que lo mejor es buscar una inmunidad colectiva. Incluso, en algunos espacios ya se habla de que esta se encuentra más cerca de lo que creemos. Sin embargo, otros sostienen también que la inmunidad solo podría mantenerse por 2 meses.

En cualquier caso, estos últimos clamores hablan de los procesos de inmunidad por anticuerpos. No obstante, la acción de las células T no se encuentra necesariamente siempre relacionada con estos organismos protectores.

De hecho, es esto lo que explica el por qué algunas personas inmunes al coronavirus no presentan anticuerpos –ya que el organismo ha generado otro tipo de defensas–. El comprender mejor estos mecanismos será lo que podrá llevar a la humanidad a poder enfrentar efectivamente al virus.

Pero, con inmunidad previa o no, la inmunidad de rebaño sigue sin ser una opción viable ya que, para poder alcanzarla muchas más vidas se pondrían en juego e incluso se perderían. Ahora, nuestra mejor apuesta sigue siendo adquirir más conocimientos sobre el virus para aprender cómo contrarrestarlo y finalmente erradicarlo.

Referencia:

Pre-existing immunity to SARS-CoV-2: the knowns and unknowns: https://doi.org/10.1038/s41577-020-0389-z