Contrario a lo que muchos esperaban, las tasas de mortalidad por COVID-19 en los países subdesarrollados no han sido tan desproporcionadas en comparación con las de los desarrollados. Esto ha llamado la atención de los expertos, que han estado indagando en las posibles razones de ello, y una de las que se ha puesto sobre la mesa tiene que ver la vacuna contra la tuberculosis.

Un estudio publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences revela que Bacille Calmette-Guérin (BCG), una vacuna contra la tuberculosis que se administra comúnmente en niños en países con altas tasas de infección con dicha enfermedad podría estar jugando un papel importante en la reducción de las tasas de mortalidad por COVID-19.

Vacuna BCG contra la tuberculosis

Los investigadores de la Facultad de Recursos Naturales y Medio Ambiente y de los Institutos Nacionales de Salud recopilaron datos de mortalidad por coronavirus de todo el mundo, los cuales agruparon y ajustaron en función de variables como los ingresos, el acceso a los servicios de educación y salud, el tamaño y la densidad de la población y la distribución por edades.

Como indicó el autor Luis Escobar, “todos los países son diferentes: Guatemala tiene una población más joven que, por ejemplo, Italia, por lo que tuvimos que hacer ajustes a los datos para acomodar esas diferencias”.

Fue entonces cuando dieron con una correlación interesante que mostraba que los países con tasas más altas de vacunación con BCG tenían tasas de mortalidad pico más bajas de COVID-19.

Tenemos el caso de Alemania, cuyos planes de vacunación contra la tuberculosis fueron algo diferentes antes de la unificación del país en 1990. Alemania Occidental suministró vacunas BCG a bebés de 1961 a 1998, y Alemania Oriental comenzó sus vacunas con BCG una década antes, pero detuvo el proceso en 1975.

Esto significa que los alemanes mayores en los estados del este del país tendrían más protección contra la pandemia actual que los individuos mayores en los estados del oeste de Alemania.

Recordemos que las personas de tercera edad constituyen un grupo muy vulnerable durante la pandemia de COVID-19. A pesar de ello, los datos recientes muestran que los los estados de Alemania occidental han experimentado tasas de mortalidad que son 2.9 veces más altas que las del este de Alemania, lo cual arroja cierta evidencia del posible efecto protector de esta vacuna.

Un arma de doble filo

Conviene aclarar que esta idea no es para nada disparatada. En un artículo previo explicamos que la vacuna BCG protege contra una amplia gama de infecciones, y por ende, reduce las muertes generales por sepsis. Por lo que esta “el propósito de usar la vacuna BCG para proteger contra COVID-19 grave sería estimular una inmunidad amplia, innata y de respuesta rápida”, dijo Escobar.

Pero no es momento de cantar victoria. Los mismos autores reconocen que estos resultados son preliminares y que es necesario investigar mucho más sobre esta correlación. “Esto es, en cambio, un llamado para más investigación. Necesitamos ver si podemos replicar esto en experimentos y, potencialmente, en ensayos clínicos”, concluyó el coautor.

Para finalizar, podemos mencionar la idea planteada por la coautora Carolina Barillas-Mury, de NHS, quien señaló que este vínculo podría resultar en un arma de doble filo. La protección suministrada por la vacuna contra la tuberculosis frente a la gravedad y mortalidad por COVID-19 podría dar lugar a intentos de acaparar las dosis existentes, y esto podría poner en riesgo a los países en los que la tuberculosis sigue teniendo una prevalencia elevada.

Referencia:

Preliminary study suggests tuberculosis vaccine may be limiting COVID-19 deaths. https://medicalxpress.com/news/2020-07-preliminary-tuberculosis-vaccine-limiting-covid-.html