Las investigaciones para comprender al nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, y los mecanismos a través de los cuales este acciona, sigue a toda máquina. Cada día se realizan nuevos hallazgos sobre la enfermedad o se hacen avancen en el desarrollo de posibles medicamentos y de, hasta una o más futuras vacunas.

No obstante, a pesar de todos estos esfuerzos, hasta la fecha no existe aún el primer tratamiento probadamente efectivo contra el coronavirus. Por ende, tampoco podemos encontrarnos con ninguna directriz oficial sobre cómo trata definitivamente esta enfermedad.

Hasta ahora se han logrado ubicar más datos sobre esta que ofrece lineamientos generales para poder hacerle frente. Con la intención de poder ahondar un poco más en ellos y comprender cómo contrarrestar efectivamente el COVID-19, los científicos del Centro Médico Beth Israel Deaconess y del Brigham & Women’s Hospital realizaron un estudio que recientemente publicaron en Cancer and Metastasis Reviews.

Las tormentas de citoquinas

Foto: Fuerza Aérea de los EE.UU. Tomada por el aviador mayor, Dylan Gentile.

Ya en otras oportunidades hemos tratado las tormentas de citoquinas y cómo estas pueden desencadenar la muerte en el organismo. En resumen, estas son liberadas por nuestro sistema inmunológico como un primer mecanismo de defensa contra los patógenos externos.

Su llegada suele venir acompañada con una inflamación de la zona afectada, siendo esta síntoma de una infección. Cuando el organismo funciona correctamente, una vez estas han cumplido su tarea, el cuerpo deja de liberarlas y regresa a sus valores normales.

No obstante, cuando las citoquinas salen a atacar al SARS-CoV-2, estas también lastiman a la célula en la que este se ha alojado. Como consecuencia, las citoquinas despiertan las alarmas en el organismo –que nuevamente se siente amenazado– y libera más citoquinas para intentar defenderse. Es acá cuando finalmente llegamos a lo que conocemos como tormenta de citoquinas.

Luego de que esto ocurre, las células pulmonares (principales afectadas tanto por la enfermedad como por las citoquinas) son las primeras en fallar, lo que desencadena cuadros de falla respiratoria severa. Junto con estos problemas, suelen presentarse también daños en los órganos aledaños y, finalmente, la muerte.

El cuerpo libera citoquinas como parte de su respuesta inmune normal a los tejidos lesionados o infectados. Por lo general, el cuerpo también libera productos químicos para poner fin o resolver la respuesta inflamatoria. Pero en un porcentaje significativo de pacientes con COVID-19 grave, las citoquinas liberadas para matar el virus también dañan las células pulmonares infectadas. A su vez, esta lesión en los tejidos pulmonares desencadena una inflamación adicional, y la llamada “tormenta de citoquinas” comienza a descontrolarse.

La respuesta está dentro de nosotros

Lo nueva propuesta de los investigadores viene de observar los procesos que ocurren dentro de nuestro organismo. Durante estudios anteriores, este grupo ya había logrado demostrar la utilidad de ciertos reguladores de las respuestas inflamatorias del organismo para tratar el cáncer, además de prevenir el progreso y la metástasis de este.

Ahora, se han planteado la posibilidad de que dicha familia de moléculas (descubierta por ellos en el 2002) a las que se ha denominado como “mediadores de lípidos pro-resolución” o “resolvinas” podrían también ser de utilidad a la hora de frenar la tormenta de citoquinas que se presenta en los casos severos de COVID-19. Dipak Panigrahy, uno de los directores del estudio e investigador del Centro de Cáncer en BIDMC, ha comentado:

“Nuestro equipo propone el uso de moléculas producidas por el cuerpo llamadas mediadores de lípidos pro-resolución, que actualmente se encuentran en ensayos clínicos para otras enfermedades inflamatorias, como un enfoque novedoso para apagar la inflamación y prevenir la tormenta de citoquinas causada por COVID-19”.

En resumidas cuentas, Panigrahy hace referencia a que las resolvinas podrían ser reguladores de los procesos de inflamación. A su vez, esto implica que podrían tener una oportunidad de frenar el ciclo de daño celular y liberación de citoquinas que hace que el organismo termine por desencadenar una respuesta.

“La activación de las propias vías de resolución del cuerpo con el uso de resolvinas y moléculas relacionadas de pro-resolución (…) puede complementar las estrategias de tratamiento actuales, al tiempo que limita el daño orgánico grave y mejora los resultados en pacientes con COVID-19”.

Comentó Charles N. Serhan, el otro organizador del estudio y director del Centro de Terapéutica Experimental, además de miembro del Departamento de Anestesiología, Perioperatorio y Medicina del Dolor en Brigham & Women’s Hospital.

Controlar la respuesta inflamatoria exagerada: “Tan importante como manejar la pandemia”

“Controlar la respuesta inflamatoria del cuerpo es clave para el manejo de COVID-19 y puede ser tan importante para manejar la pandemia como las terapias antivirales o una vacuna”, continúa Panigrahy.

Para este par de científicos, la posibilidad de utilizar las resolvinas generadas naturalmente debería ser un tema de estudio tan prioritario como el desarrollo de la propia vacuna. Ya que, a falta de tratamientos específicos, comprender cómo detener y contrarrestar las tormentas de citoquinas podría hacer la diferencia y salvar miles de vidas antes de que una cura oficial llegue al mundo.

Referencia:

Inflammation resolution: a dual-pronged approach to averting cytokine storms in COVID-19? https://doi.org/10.1007/s10555-020-09889-4