Las relaciones de pareja y cómo nos manejamos en ellas están condicionadas por un sinfín de factores. Unos que, además, se van modificando, condicionando y adaptando constantemente a las nuevas dinámicas que se crean cuando los dos individuos se convierten en una unidad.

Sin embargo, acá no solo los factores sociales, de crianza o culturales tienen un rol protagónico. También se sabe que todos los procesos de atracción física y apego se desarrollan a través de procesos biológicos comunes en el organismo.

Ahora, nuevas investigaciones como la presentada en Molecular Psychiatry por los investigadores de la Universidad McGill podrían darnos otro vistazo al sinfín de procesos biológicos que acompañan las interacciones de pareja.

El gen delator

Según sus resultados, fue posible identificar la presencia de un gen en el sistema opioide que puede hacer a las personas más propensas a sentirse inseguras en sus relaciones de pareja. Por lo que parece, al menos la cuarta parte de la población tiene esta variante. Sin embargo, no ha sido sino hasta ahora que se la ha relacionado con estas conductas y sentimientos de inseguridad.

El estudio ha revelado que, aquellos con este cambio en el sistema opioide (encargado de los estímulos de dolor y de recompensa), han sido sistemáticamente más propensos a sentir inseguridad en sus relaciones cuando sus parejas han presentado actitudes conflictivas, distantes o sarcásticas.

¿Cómo se averiguó esto?

Para poder comprobar esto se manejó una investigación que duró 3 semanas. Durante este periodo, 100 parejas heterosexuales de Montreal que vivían bajo el mismo techo se comprometieron a llevar un seguimiento diario y exhaustivo tanto de sus interacciones como de sus emociones.

Para esto, cada miembro de la pareja llevó consigo un diario en el que se registraron totas las interacciones que duraron más de 5 minutos. Los detalles de cada registro debían incluir actitudes propias, las actitudes de la pareja y cómo se había sentido la persona durante el encuentro. Cada miembro debía enviar diariamente su informe, sin revelar al otro el contenido de este ni discutirlo.

Una vez pasaron las semanas, con una muestra de saliva se evaluó a todos los participantes y se ubicó a aquellos con el particular gen. Luego, llevaron a cabo un análisis correlacional en el que se evidenció el vínculo entre el gen y la propensión a los sentimientos de inseguridad.

Un avistamiento desde otra perspectiva

Jennifer Bartz, autora principal del estudio y profesora en el departamento de psicología de la Universidad McGill, ha comentado:

“Investigaciones anteriores han demostrado que esta variante genética se observa en el apego inseguro madre-bebé en primates no humanos y en sentimientos de rechazo social en humanos.

Pero nadie había visto antes este gen en las interacciones de parejas románticas a medida que se desarrollan en el entorno natural de la vida cotidiana. A través de experimentos como este, estamos comenzando a obtener una mejor comprensión de los fundamentos biológicos del apego y sobre la idea de que el sistema de apego humano puede depender del sistema opioide”.

Con esto, deja clara la importancia de este estudio y la relevancia que puede tener el comprender la participación del sistema opioide en la forma en las que nos comportamos y cómo nos relacionamos con la pareja.

Asimismo, se sientan las bases para analizar la relación entre este gen, el sistema opioide y otras relaciones de apego/dependencia como las que desarrollamos con quienes nos crían. Un detalle que podría remitir el origen de estos procesos biológicos a comportamientos requeridos en primitivas etapas de supervivencia.

Las diferencias de sensibilidad, explicadas

Los investigadores también han visto nuevos posibles campos de estudio que nacen de este. Por ejemplo, ven en sus resultados una sugerencia para entender el origen de nuestros distintos niveles de sensibilidad a situaciones externas. Un detalle que podría ayudar a explicar por qué algunas personas se ven más afectadas que otras por diversos estímulos.

Por su parte, otro punto de estudio que podría ser interesante desarrollar tiene que ver más con una perspectiva clínica y psicológica. Es decir, se podría investigar si aquellos portadores del gen, por ser más sensibles, son más propensos a de desarrollar problemas psicológicos. Sumado a esto, también se podría investigar si estos se originan como consecuencia a ser expuestos a situaciones interpersonales que causen estrés.

Referencia:

Variation in the μ-opioid receptor gene (OPRM1) and experiences of felt security in response to a romantic partner’s quarrelsome behavior: https://doi.org/10.1038/s41380-019-0600-4