Los perros son nuestros históricos mejores amigos. Después de más de 30 mil años de convivencia, hemos aprendido a convivir como con ellos como con pocas otras especies.

Gracias a su inteligencia y gran disposición para obedecer, los perros han sido desde grandes apoyos para labores de cacería, búsqueda, vigilancia y demás hasta excelentes compañeros e incluso asistentes durante la cotidianidad.

Tanto tiempo y experiencias compartidas han generado las relaciones que ahora tenemos con nuestros canes. Ahora, nuevas investigaciones como la recientemente publicada en Animal Cognition apuntan a que, además, la convivencia también podría haber hecho que los perros desarrollen mecanismos especiales para comunicarse e interactuar con los humanos –especialmente con sus amos–.

Hipótesis de la domesticación

Los investigadores, Melanie Henschel, James Winters, Thomas F. Müller y Juliane Bräuer, se dieron a la tarea de determinar algunos de los preceptos de la “hipótesis de la domesticación”.

Es a través de esta que se ha planteado que los perros, luego de 30 mil años de convivencia, han aprendido a comunicarse con nosotros de forma especial. Igualmente, hacen hincapié en la capacidad de los canes de prestar atención a nuestro juego de miradas y gestos, para aprender a reaccionar ante estos.

En esta oportunidad, esperaban poder comprender cómo los perros regulaban su esfuerzo comunicativo dependiendo de las condiciones del ambiente y de la dificultad de la tarea que se les asignara. Todo esto, en un ambiente controlado en el que, durante el experimento, solo estarían ellos y sus dueños.

Midiendo las interacciones perro-humano

Para poder hacer este experimento, se hicieron pruebas separadas en las que cada par perro-humano era sometido a dos situaciones diferentes. Antes de esto, tanto el perro como su dueño tenían la oportunidad de jugar en el cuarto del estudio para familiarizarse con el espacio –todo bajo la supervisión de dos moderadores–. Luego de esto, el dueño salía del cuarto por un momento y el moderador ocultaría el juguete con el que el perro estuvo jugando en una de 4 cajas colocadas dentro del espacio, asegurándose de que el can observe cada movimiento.

Después de esto, la primera situación experimental inicia. Acá el dueño vuelve a entrar al salón y se sienta en una silla alejada de las cajas e insta al perro a que le muestre en dónde se encuentra el juguete.

Luego de un minuto, empieza a la fase dos. En esta, es dueño debe levantarse y acercarse a las cajas, para volver a pedir a su perro que le muestre dónde está el juguete. Si el can acertaba, la pareja podía jugar un rato más en el espacio antes de irse y dar por concluida su participación en el experimento.

Lo que se encontró

Luego de realizar este proceso con 30 parejas humano-perro los investigadores notaron que los canes hacían la misma cantidad de esfuerzo para comunicarse con sus dueños cuando estos estaban lejos de las cajas, que la que hacían cuando estos se encontraban cerca.

Asimismo, evaluaron las “historias comunicativas” de los animales, su pasado, para identificar la presencia de patrones durante la investigación. Acá tampoco se pudo comprobar mucho. Solo se vio que, en general, todos los perros colocan el mismo esfuerzo por comunicar un mensaje a sus amos, sin importar sus antecedentes.

Por otra parte, un detalle inesperado que comenzó a mostrarse en los estudios fue la variación en la precisión de las comunicaciones. Los canes, dependiendo del comportamiento de sus dueños y de la energía que imprimieran a su comando, podían terminar por ser más o menos específicos en su respuesta, aunque los niveles de energía se mantuvieran iguales.

Nuestro comportamiento influye en cómo nuestro perro nos “dice” las cosas

En resumen, este experimento fue capaz de demostrar que los perros modifican su estilo de comunicación para ser más o menos preciso dependiendo del comportamiento y energía de sus dueños. Por lo que se ha podido notar, una estimulación excesiva por parte del dueño causa que el can sea menos preciso en su respuesta.

Los científicos han hipotetizado que esto puede deberse al afán del animal por obedecer el comando. Lo que causa que entonces solo se apresuran a mostrar “algo” en lugar de aquel objeto específico por el que se les está preguntando.

En cualquier caso, los investigadores ahora consideran imperante realizar más estudios. Estos deberán enfocarse en determinar hasta qué nivel interfiere la conducta del dueño en las respuestas y estilos comunicacionales del perro. Sumado a esto, podrían también buscar la mejor manera de manipular estos para promover la precisión en las respuestas del can.

Gracias a esto, podrían venir cambios en los mecanismos que se utilizan para el entrenamiento de perros de trabajo, de ayuda o guías. Ya que estos requieren un cierto nivel de precisión mayor en sus respuestas a la hora de realizar tareas.

Referencia:

Effect of shared information and owner behavior on showing in dogs (Canis familiaris): https://doi.org/10.1007/s10071-020-01409-9