En los inicios de la pandemia, los medicamentos a base de cloroquina y, sobre todo a base de su derivada, la hidroxicloroquina se planteaban como una segura opción para combatir el coronavirus. Incluso, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, llegó a promocionarlo como una alternativa antes de que se realizaran estudios en profundidad sobre este y su relación con el COVID-19.

Igualmente, estudios como los que la investigadora, Susanna Naggie, de la Universidad de Duke, buscaban hacer al comparar el medicamento con un placebo se vieron interrumpidos. Esto debido a que muchos colegas consideraban poco ético ofrecer una píldora falsa a los pacientes que participaran en el estudio, cuando la verdadera cura podría ya estar disponible.

Claramente, el tiempo ahora ha cambiado estas perspectivas y las miradas hacia la hidroxicloroquina han pasado de reflejar esperanza para ser abiertamente desconfiadas. Algo que, tomando en cuenta todo lo que ha pasado, podría verse perfectamente justificado.

Polémica tras polémica

No fueron pocos los laboratorios que inmediatamente se pusieron manos a la obra, al inicio de la pandemia, para poder estudiar este medicamento. Las primeras pruebas, que se realizaron en grupos pequeños y sin demasiados controles, parecían ser prometedoras.

Pero, en lo que entraron a la ecuación los ensayos con estándar de oro (aquellos que comparan grupos experimentales y grupos control con placebo) las cosas cambiaron. Luego de esto, la seguidilla de fracasos de la hidroxicloroquina no se hizo esperar.

En un principio, se asoció a la cloroquina con un posible mayor riesgo de problemas cardiacos. Luego de esto, la propia hidroxicloroquina vio uno de sus ensayos cancelados por un aumento en el riesgo de muerte de los pacientes. Esto se ratificó con otros ensayos que vieron al medicamento y sus derivados como posibles catalizadores de un riesgo mayor de muerte.

Seguidamente, se pudo observar que la hidroxicloroquina también era causante de daños al ritmo cardiaco y que entorpecía el trabajo de las células inmunes en quienes tenían COVID-19. Para este punto, la OMS suspendió sus ensayos con hidroxicloroquina para tratar el coronavirus y la FDA prohibió su prescripción como medicina para el COVID-19 (a menos que esto fuera parte de un estudio)

Asimismo, antes de esto, el presidente Trump tuvo que retractarse y dejar de promocionarla. Aunque esto no evitó que siguiera diciendo que él mismo la tomaba. Para este punto, problemas de escasez y escalada de precios ya afectaban a otras poblaciones que requerían la medicina. E, incluso, se dieron casos de fallecimientos debido a las indicaciones del mandatario, antes de que las retirara.

Falta de resultados “definitivos”

A pesar de todas estas evidencias, la mayoría de las investigaciones que han apuntado a ellas han sido: o ensayos muy reducidos o estudios que aún se encuentran como preimpresiones. En resumen, en ambos casos aún es necesario que otros estudios “reproduzcan” sus resultados para que estos puedan ser aceptados universalmente.

Por este motivo, incluso después de todos estos fracasos, muchos estudios siguen en pie. Como ejemplo de esto, tenemos a la Universidad de Pensilvania. En esa, en la actualidad, por lo menos se están llevando a cabo dos ensayos relacionados con el COVID-19. Uno investiga el uso de hidroxicloroquina para tratarlo desde casa y otro, desde la clínica.

Por su parte, la Universidad de Minnesota también está planeando llevar a cabo un nuevo estudio sobre el papel de la hidroxicloroquina en la profilaxis (medina preventiva) contra coronavirus. Esto después de haber detectado en un estudio anterior que, en pacientes positivos por COVID-19, el riesgo de mortalidad era un poco más alto. Pero los bajos porcentajes de diferencia y la falta de una muestra numerosa han puesto los resultados bajo, nuevamente, un velo de inexactitud.

Por este motivo, también la investigación de Naggie en la Universidad Duke sigue en pie. Esta opina que, mientras los resultados negativos aún no sean comprobados por completos, sigue siendo importante conocer los posibles efectos positivos de la hidroxicloroquina.