Fotografía: Edgard Garrido. Vía: REUTERS.

La pandemia del coronavirus en el mundo ya ha alcanzado a más de 11 millones de personas y ha acabado con la vida de al menos medio millón. Por lo que parece, su contagio no frenará pronto y los países del continente americano están llevando ahora los golpes más fuertes.

Mientras tanto, la región europea busca volver a la “normalidad” tal como lo hizo la asiática cuando el virus mudó su epicentro a Italia. De esta primera etapa, modelos como los utilizados por Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Vietnam les ganaron los aplausos del mundo. Esto debido a que las medidas que aplicaron los situaron como los países con las tasas de mortalidad más bajas de toda Asia.

Sin embargo, entre ellos otro país que también se destacó por su éxito, a pesar de no tener las tasas de mortalidad más bajas, ha sido Japón. Efectivamente, en los números como tal, esta nación no ha sido tan efectiva como sus contrapartes.

Pero, tomando en cuenta de que este se trata del país con más adultos mayores per cápita –y que estos tienden a ser los más afectados por el COVID-19–, el mundo se ha asombrado del éxito que ha tenido Japón para controlar el virus y disminuir la mortalidad lo más posible. ¿Hay un secreto que desconocemos?

Una receta para el desastre

Para sumar a toda la situación de asombro que rodea el éxito de Japón ante el coronavirus, es necesario mencionar que esta nación nunca tomó medidas tan estrictas como otros países en el mundo. Por ejemplo, mientras muchos países cerraban sus fronteras, Japón las mantuvo abiertas.

Asimismo, en sus ciudades principales (que se caracterizan por estar densamente pobladas), y en el resto de su territorio, el confinamiento no se trató de una imposición del gobierno, sino de una medida opcional y voluntaria.

Sumado a esto, se les pidió a las empresas que no fueran esenciales que suspendieran actividades de ser posible. Pero, no se penalizó legalmente a ninguna que se negara a hacerlo.

En pocas palabras, Japón, a diferencia de muchas partes del mundo, no optó por imponer controles estrictos en su población. Un detalle que, en otras naciones como Estados Unidos, hemos podido ver que se transformó en el inicio de una crisis de magnitudes insospechadas.

Resultados inesperados

Sin embargo, esto no fue lo que ocurrió en Japón. De hecho, por ejemplo, en zonas excesivamente pobladas como Gran Tokio, que tiene en su haber 37 millones de habitantes, se realizaron pruebas aleatorias en una muestra de 8 mil personas. De todas estas, solo el 0,1% dio positivo.

Con esto, obtenemos una vista micro de un patrón que se repitió de forma macro en todo el país. En general, a pesar de no aplicar medidas extremas como las puestas por Nueva Zelanda o por Vietnam, Japón de algún modo logró evitar la propagación del virus. El éxito fue tal que incluso el primer ministro de la nación, Shinzo Abe, hizo orgullosa referencia a lo que catalogó como el “modelo de Japón”.

‘Mindo’, ¿el factor X que hizo diferencia?

Por su parte, otros individuos como el vice primer ministro, Taro Aso, llevaron las declaraciones un poco más lejos. Cuando se le consultó acerca del éxito de Japón en la lucha contra el COVID-19, este respondió recalcando el concepto del “mindo”. Este, en general, se puede traducir directamente como “calidad superior” o, a veces, como “nivel cultural”.

Entonces, básicamente hizo alusión a que este “mindo” japonés –que hace referencia a conceptos como la superioridad de la raza–. Aso luego fue muy criticado por traer de nuevo a la palestra estos conceptos de la era imperial de Japón y del chovinismo.

Además, sus declaraciones no han sido tomadas con seriedad, más allá de como reveladoras de un profundo sentido nacionalista de parte del vice primer ministro. No obstante, sí se cree que podría haber un extraño “factor X” que podría estar ayudando a la población a sobrevivir con más éxito a la pandemia. Pero… ¿qué podrá ser?

Nueva teoría: ¿los japoneses tienen una inmunidad especial?

Tratando de responder a esta pregunta, investigadores como Tatsuhiko Kodama, profesor de la Universidad de Tokio, que se han dedicado a estudiar la reacción de la población japonesa al coronavirus, han planteado una particular teoría.

Con ella, llega el concepto de la “inmunidad histórica”. Con esto, Kodama y sus colegas plantean que es posible que el pueblo japonés haya estado expuesto a un virus muy similar al coronavirus en el pasado cercano. Así que, consideran que este puede ser el motivo de la inmunidad o baja mortalidad que se ha visto en la población –incluido en sector de adultos mayores–.

Para sustentar su teoría, hacen referencia a las respuestas de anticuerpos que tiene el organismo. Dentro de este, se producen dos tipos, las inmunoglobulinas o IGM y las IGG. La diferencia en el orden de aparición de las dos es lo que, para Kodama, podría tener la respuesta al misterio:

“En una infección viral primaria (nueva), la respuesta de los IGM suele ser la primera.

Más tarde, aparece la respuesta de los IGG. Pero en casos secundarios (exposición previa) el linfocito ya tiene memoria, por lo que solo la respuesta de los IGG se incrementa rápidamente”.

Según sus investigaciones, la mayoría de los pacientes japoneses presentaron una temprana respuesta de IGG, lo que sugiere una exposición previa a la enfermedad. Ahora, Kodama y sus colegas sospechan que esta podría ser la causa también el éxito de otras naciones asiáticas como las antes mencionadas.

Las “tres Cs” que hicieron la diferencia

Sin embargo, no todos están de acuerdo con la teoría de Kodama y ven como una teoría más plausible que el éxito del país del sol naciente se deba a las veloces y claras políticas publicas que se llevaron a cabo. Es cierto, estas no fueron obligatorias y estrictas, pero sí fueron claras.

Desde temprano en la pandemia, los japoneses lograron identificar que, generalmente, solo un 20% de los individuos eran grandes propagadores del SARS-CoV-2. Asimismo, ubicaron con velocidad las áreas y las actividades que potencialmente podían acelear el contagio del virus. Por esto, aplicaron desde temprano la política de las “tres Cs” que se debían evitar durante la pandemia:

  • Espacios cerrados (Closed espaces): cualquier lugar que estuviera particularmente encerrado y que tuviera mala ventilación debía ser evitado a medida de lo posible.
  • Lugares abarrotados (Crowded places): los espacios llenos de gente y las grandes concentraciones también debían limitarse todo lo que se pudiera.
  • Contacto cercano (Close contact): elementos como como conversaciones cara a cara, contacto corporal cercano o afines tampoco debían realizarse de no ser necesario.

Al ser más explícitos sobre las medidas de prevención, la población japonesa pudo responder de mejor manera que a una orden general de solo permanecer en casa. O, por lo menos, esto es lo que plantea esta otra teoría.

El “modelo de Japón” – Una sumatoria de elementos

A pesar de todo, es difícil realmente apuntar al motivo detrás del éxito de Japón evitando altas tasas de mortalidad a pesar de su abundante población mayor. Un punto que tal vez cabría resaltar es que, en esta nación, desde hace más de 100 años, el uso de la mascarilla ya se ha vuelto común.

De hecho, allí, desde la pandemia de 1919, se espera que las personas utilicen una mascarilla cada vez que están enfermas, para no perjudicar a los demás. En este caso, con la nueva pandemia, entonces el uso del tapabocas se ha implementado con rapidez y casi sin disrupciones por incumplimiento. Ya que el uso de este de todos modos era parte de la cultura desde antes.

Asimismo, hay que destacar que no todas las probabilidades están contra Japón. Ahora, se sabe que el COVID-19 ataca con más fuerza a las personas con condiciones médicas subyacentes. Actualmente, Japón se trata de una de las naciones con las tasas más bajas tanto de obesidad como de enfermedad coronaria en el mundo desarrollado. Un punto que se suma a su favor para mantener a la población saludable y fuerte ante el coronavirus.

Igualmente, a pesar de que no fueron extremas, las medidas de prevención se tomaron con rapidez. Tan solo el 7 de abril, Abe declaró un estado de emergencia nacional y comenzó la petición de que todos se quedaran en casa “en la medida de lo posible” y que se alejaran de las tres Cs.

Lo que hizo la diferencia

Gran parte de la población simplemente hizo exactamente lo que se le pidió. Esto, sin la necesidad de ser obligados o coaccionados. Tal vez ha sido esta posibilidad del gobierno de contar con su población la que ha podido definir una línea que separa a casos como el de Japón de la tragedia que ahora se vive en Estados Unidos o Brasil y también la que ha permitido que el éxito de las medidas descanse en gran medida en el compromiso de la población y no solo en las acciones del gobierno, como en otras naciones.