En Tekcrispy nos dedicamos a divulgar contenido de estudios científicos publicados en revistas de gran prestigio a nivel mundial. Y quienes sigan nuestras entradas, o simplemente tengan el hábito saludable de enterarse de los avances a través de los artículos originales, seguro habrán notado algo: los nombres de los autores, los institutos y universidades involucradas no suelen ser de Latinoamérica.

América Latina es una región con un elevado potencial, con climas y ecosistemas variados y amenos, con biodiversidad y cómo no, gente muy inteligente. ¿Entonces por qué nuestros países no suelen liderar los titulares sobre avances científicos y tecnológicos?

Lejos de ofendernos o hacernos sentir omitidos, este hecho innegable representa una buena oportunidad para reflexionar. ¿Por qué, teniendo escenarios tan propicios para la investigación científica, no hemos avanzado?

Poca participación científica latinoamericana respecto a otros países

Un ranking publicado por Clarivate Analytics, elaborado a partir de datos de más de 33,000 revistas entre 2006 y 2016 en 21 campos de las ciencias naturales y sociales, reveló que más del 80 por ciento de los investigadores vienen de solo 10 países, y 70 por ciento se concentra en solo cinco: Estados Unidos, Reino Unido, China, Alemania y Australia.

Mientras que solo 0,53 por ciento de los investigadores involucrados son latinoamericanos. De un total de 6,000, solo 32 provenían de países de América Latina, donde lideraba Brasil con 15 representantes, seguido por México con ocho, Argentina con tres, Chile con tres, Colombia con dos y Panamá con apenas uno.

Un artículo titulado “The reality of scientific research in Latin America; an insider’s perspective”, escrito por Daniel R. Ciocca y Gabriela Delgado detalla algunas razones que, sin lugar a dudas, han influido en esta situación, y no podemos dejar de mencionarlo.

El mal ejercicio de la política

Partamos de una realidad innegable: la política en Latinoamérica ha sido el ancla al subdesarrollo durante mucho tiempo. Los gobiernos de la región se han resistido a invertir de manera estratégica y continua en ciencia y tecnología, y bajo esa dinámica se nos ha hecho dependientes de otros países, de los que importamos y disfrutamos (siempre que la hiperinflación no haga de las suyas) sin mayor aporte que nuestras críticas.

Dicho esto, podemos hablar de algunos factores que se derivan de este desinterés político hacia la educación y la investigación: escenarios socioculturales negativos, ausencia de reactivos, equipos de laboratorio y poco acceso a los lanzamientos del momento a nivel mundial. Pero mejor citamos a los autores:

“Los principales factores que contribuyen a la baja productividad científica son el acceso limitado a oportunidades de subvenciones, presupuestos inadecuados, niveles inferiores de infraestructura y equipo de laboratorio, el alto costo y el suministro limitado de reactivos y salarios inadecuados e inseguridad personal de los científicos”.

Ambientes negativos

Contrario a lo que muchos piensan, en América Latina la baja producción científica no se debe a la falta de talento, que sí existe, sino a la falta de posibilidades para la explotación del mismo.

Esto se atribuye a la poca o nula inversión que hacen los gobiernos de turno al sector, lo cual tiene serias repercusiones. Las investigaciones requieren financiamiento; si no lo hay, es poco probable que puedan llevarse a cabo de manera adecuada. Si no surgen proyectos, entonces la oferta laboral científica se reduce, y si hay poco trabajo, entonces muchos cerebros deberán escoger entre otros sectores de su interés para trabajar, o salir de su país para poder ejercer.

“La inestabilidad política y económica en varios países de América Latina resulta en la falta de objetivos a largo plazo que son esenciales para el desarrollo de la ciencia”.

De hecho, es probable que muchos pensaran en varios jóvenes latinos que han logrado destacar en proyectos importantes en el extranjeros. Y sí, representan a nuestra tierra y dejan evidencia de que sí hay cerebros e interés por la ciencia, pero su salida también representa una fuga de talentos.

Y antes de juzgarlos por lanzarse a la aventura del saber, preguntémonos qué los ha hecho marcharse y no volver. La respuesta, tristemente, la encontramos a la vuelta de la esquina: pocas oportunidades laborales, inseguridad, economía inestable, escasez de recursos y condiciones de vida poco deseables, todos estos escenarios frecuentes en países de la región.

Recordemos que el ejercicio de la profesión no solo persigue aportar y ser útil a la sociedad, sino también la obtención de calidad de vida.

Falta de herramientas

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Latinoamérica cuenta con muchos profesionales en el área de ciencias, pero estos deben enfrentar muchas carencias en el ejercicio de sus carreras.

Cualquiera que haya estudiado una carrera científica se habrá topado con un laboratorio en algún momento de su etapa estudiantil. Estos funcionan como pequeños escenarios en los que la dinámica de “ensayo y error” permite estimular la curiosidad, propiciar las consultas bibliográficas, mostrar el efecto de los sesgos y estimular el pensamiento crítico tan necesario para analizar resultados y emitir conclusiones.

Pero los laboratorios no solo requieren de personas y libros. Tampoco basta con mesones, sillas y estantes. Los reactivos y equipos de laboratorio requieren una inversión en compra y mantenimiento importantes, pero su obtención es lenta y costosa. Muchas veces los receptores deben pagar impuestos adicionales, y el tiempo que pasan en aduana podría alterar la calidad de los mismos.

Acceso limitado a la educación y capacitación para actualizarse

Muchas personas nacen con la chispa de experimentar y saber el por qué de las cosas, mientras que otras también muy inteligentes necesitan un buen empujón. Pero en cualquiera de los casos, es necesario que se encuentren en un entorno propicio para desarrollar sus capacidades.

Pero los problemas expuestos en el primer punto llevan a lo contrario. Los disturbios políticos, la falta de dinero y el vago acceso a una educación de calidad, junto con otros factores, pueden turbar la formación profesional al punto de impedirla.

A pesar de ello, son muchas las personas que logran obtener un título universitario, y muchos los que se deciden por una carrera de ciencias. Pero incluso al lograrlo, podrían enfrentarse a un país atrasado en educación e infraestructura para el ejercicio de sus funciones.

Trabajar con equipos obsoletos no solo puede generar resultados menos precisos y exactos que los que arrojarían equipos más actualizados, sino también priva a los profesionales de disfrutar y aprender de los avances de vanguardia.

Y no se equivocan los autores al concluir que “la sociedad latinoamericana se ha acostumbrado a esperar nuevos desarrollos en ciencia y tecnología de los países desarrollados, en lugar de esperarlo de sus propios científicos”.

Ante un brote de enfermedad, o la creciente necesidad de innovación para solucionar problemas intrínsecos, los gobiernos de la región suelen esperar o recurrir a la tecnología de otros, y esto pone a los países latinos en la posición de cliente dependiente con más frecuencia de lo que podría ser sano. Además, significa seguir subestimando potencial y recursos propios, cuando en realidad se tiene mucho para destacar. Todo excepto buena gestión.

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Paulo Eduardo Artaxo, geólogo e investigador de la Universidad Federal de São Paulo, en Brasil. Foto: Marcos Santos / Escola de Engenharia de Lorena.

“Tenemos científicos con fuerte relevancia internacional, pero falta apoyo de nuestros gobiernos en el reconocimiento de la ciencia como una herramienta de crecimiento sostenible”, dijo el geólogo Paulo Eduardo Artaxo, que estudia el cambio climático global, a SciDev.Net en una oportunidad. “La pequeña participación de latinoamericanos y brasileños revela que nuestra ciencia necesita alcanzar un nivel mayor de internacionalización”.

Reiteramos que la participación científica latinoamericana es poca, más no nula. Y de hecho, el ranking citado sugiere que esta región destaca en las investigaciones referentes al sector agrícola, y esto podría ser un punto de partida para destacar.

Para ello, será necesario que los investigadores que ya están abordando proyectos luchen por publicar sus resultados en revistas y en dar difusión a su actividad a través de los medios. Esto mientras se instauran gobiernos realmente interesados por motivar la ciencia y el avance en América.

Referencias:

Latinoamérica reúne solo 0,53% de los científicos más influyentes del mundo. https://www.scidev.net/america-latina/comunicacion/noticias/latinoamerica-cientificos-mas-influyentes-del-mundo.html

En Latinoamérica no hay investigación científica y estas son las consecuencias. https://nomada.gt/cotidianidad/en-latinoamerica-no-hay-investigacion-cientifica-y-estas-son-las-consecuencias/