La situación en la que el mundo se encuentra hoy debido a la pandemia del coronavirus no tiene precedentes. El COVID-19 ya se puede llegar a conocer incluso como la enfermedad que detuvo al planeta.

Como medida preventiva, casi cada nación que detectó la presencia del SARS-CoV-2 en su población tuvo que entrar en cuarentena para evadir el contagio. Hubo casos en los que estas medidas fueron tomadas a tiempo y mostraron resultados positivos, así como hubo otros en los que no.

Sin embargo, ambas situaciones tuvieron un elemento en común: por un –no tan– breve momento, la población se quedó en casa y dejó las calles vacías. Como consecuencia de esto, por primera vez en décadas, las ciudades se quedaron en silencio.

Proyecto Silent Cities

Esto fue notado por el geólogo de la Universidad de Toulouse II, Samuel Challeat. Entonces, inmediatamente se puso manos a la obra para dar vida a lo que ahora se conoce como proyecto Silent Cities (Ciudades Silenciosas).

Este se trata de un estudio colaborativo para el que el académico pidió el apoyo de todos los científicos e investigadores del mundo que desearan unirse. Desde su perspectiva, el freno que muchas ciudades debieron hacer en sus actividades diarias se trata de una “perturbación única” en la generación de los sonidos de estas y, como tal, merece ser estudiada.

En la actualidad, este movimiento que dio inicio en marzo ya ha recaudado las participaciones de más de 350 colaboradores desde 40 países. Solo para mencionar algunos, países normalmente bullentes y activos como Francia, Estados Unidos, India y Brasil ya se encuentran participando en este estudio de medición.

Las participaciones

El proyecto Silent Cities se ha desarrollado como una investigación de código abierto. Gracias a esto, tanto los datos como las grabaciones suministradas por los colaboradores quedan disponibles para que cualquiera pueda utilizados y revisados.

De este modo, Challeat espera poder crear un banco de información sonora vital para futuros estudios que comparen la actividad sonora disminuida durante la pandemia con los niveles habituales de contaminación sónica en diversas partes del mundo.

Las contribuciones usualmente se presentan como un audio de 10 minutos. Estos se toman generalmente de alguna zona popular o que comúnmente es de alto tráfico. Luego, se suben a la base de datos de código abierto donde permanecen disponibles para quien las necesite.

Una oportunidad única

Jerome Sueur, bioacústico en el museo de historia natural de París, expresó su opinión de que este confinamiento ha sido “el experimento natural perfecto”. Gracias a este, se puede comparar de una forma inédita la presencia de la contaminación sónica en las ciudades en circunstancias normales con los registros mucho más bajos de la situación actual. “[La cuarentena] nos mostró hasta qué punto estamos en un ambiente ruidoso y nos permite cuantificar eso”, declaró. El bioacústico colaboró con el proyecto Silent Cities al colocar magnetómetros en París y en el suburbio Cachan (donde vive).

Un 90% de diferencia

Gracias a los registros que se obtuvieron, se pudo determinar con exactitud la drástica disminución de contaminación sónica en las ciudades. Por ejemplo, en el caso de algunas áreas de París, se estima un bajón del 90% en las emisiones contaminantes de sonido diarias. Esto según lo comentado por la directora ejecutiva de BruitParif, organización que mide la contaminación acústica urbana, Fanny Mietlicki.

Asimismo, los datos recabados también permitieron establecer vínculos estrechos entre la contaminación sonora de las ciudades y los problemas de pérdida auditiva. Por otra parte, elementos más subjetivos, como si el silencio había sido positivo para el bienestar mental no se han podido delimitar con claridad, según Mietlicki.

Los peligros de la contaminación acústica

En la actualidad, la contaminación auditiva ha sido clasificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el segundo factor de riesgo ambiental más peligroso. En este campo, solo la polución del aire se alza como más riesgosa.

Por su parte, entidades como la Agencia Europea del Medio Ambiente ha reportado que la contaminación sónica es algo a lo que al menos uno de cada cinco europeos se ven expuestos. Asimismo, han concordado en que, los largos periodos de exposición a esta devienen en efectos perjudiciales para la salud.

A pesar de la clasificación de la OMS, el ruido de todas formas se alza como una de las principales preocupaciones para la salud general de los individuos:

“…el ruido parece tener un mayor impacto en los indicadores relacionados con la calidad de vida y en la salud mental y el bienestar”, comenta la experta en ruido ambiental, Eulalia Peris, de la Agencia Europea del Medio Ambiente.

Con los datos ya recabados Challeat y su equipo esperan poder publicar un primer informe este año y encontrar financiación para extender el proyecto hasta el 2021. De este modo, se podrá mostrar con fiabilidad lo especial que ha sido este momento histórico para los registros de contaminación sónica del mundo.

Así, al poder ver la diferencia entre un momento y otro, y además poder comparar los beneficios y perjuicios que acarrean, finalmente se podrían sentar las bases para el cambio social y cultural que requeriría el mundo para tener ciudades más silenciosas y con menos contaminación sónica.

Referencia:

Propuesta de proyecto  colaborativo de investigación: Silent·Cities – A participatory monitoring programme of an exceptional modification of urban soundscapes: https://renoir.hypotheses.org/files/2020/03/Silent%C2%B7Cities-Project.pdf