En diciembre de 2019, los médicos chinos empezaron a informar sobre una misteriosa neumonía en Wuhan, China, una ciudad de 11 millones de personas en la provincia sudoriental de Hubei.

En un principio creyeron que se trataba de un nuevo brote del SARS, una enfermedad causada por un coronavirus que surgió en 2003 en el país. Pero rápidamente detectaron que se trataba de un nuevo coronavirus, aunque se cree que hubo censura a la hora de reportarlo.

El hecho es que seis meses la enfermedad tiene nombre, COVID-19, y su causa es el coronavirus SARS-CoV-2, que hasta ahora ha infectado a más de 10 millones de personas a un ritmo galopante.

Mientras tanto, cientos de científicos en todo el mundo trabajan arduamente en el desarrollo de una vacuna, y otros intentan dar con un tratamiento eficaz para tratar los casos activos. Están en marcha más de 200 proyectos candidatos a vacunas, varios de los cuales ya han arrojado buenos resultados, pero los procesos son bastante lentos. También se han identificado opciones terapéuticas efectivas como remdesivir, dexametasona y la colchicina.

Sin lugar a dudas, el coronavirus ha sido un detonante y catalizador de investigaciones científicas. Y aunque se ha avanzado mucho en su comprensión, aún hay muchas cosas para las que no hay una respuesta concreta.

¿Cuál es el origen del virus?

La mayoría de los investigadores coincide en que el SARS-CoV-2 probablemente se originó en murciélagos de herradura, los cuales albergan dos coronavirus muy similares al SARS-CoV-2: RATG13, cuyo genoma se le parece en un 96 por ciento, y RmYN02, que se le parece en un 93 por ciento.

Además, un estudio realizado en más de 1,200 coronavirus muestreados de murciélagos en China apunta a que los murciélagos de herradura en Yunnan son el origen del SARS-CoV-2, aunque aún no se descartan los murciélagos de herradura de vecinos, incluidos Myanmar, Laos y Vietnam.

Pero también se cree que hubo un animal intermedio entre el murciélago y los humanos, como el pangolìn, sobre los cuales ya se ha comprobado que pueden albergar coronavirus. Sin embargo, no hay certeza de que estos hayan sido el intermediario en cuestión, y para poder cerciorarse de ello es necesario encontrar un animal que albergue una versión más del 99 por ciento similar al SARS-CoV-2.

¿Por qué las personas responden de manera tan diferente al virus?

Algo que ha llamado mucho la atención respecto a este virus es la forma tan variada en la que reaccionan las personas que se infectan con él. Al principio se dio a conocer como una infección respiratoria grave, e incluso mortal. Pero pronto empezaron a surgir reportes de personas contagiadas que desarrollaron malestar estomacal, inflamación y lesiones en los dedos de las manos y los pies, problemas renales, e incluso síntomas neurológicos.

No conforme con ello, mientras unos experimentan síntomas graves, otros simplemente no desarrollan ninguno, aunque se sospecha que pueden propagar la infección. Asimismo, los niños y personas jóvenes se han identificado como los menos propensos a desarrollar síntomas graves (con sus excepciones que desarrollan un cuadro inflamatorio severo), mientras que los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas suelen complicarse.

La causa detrás de esta variedad aún es desconocida, pero se cree que están involucrados ciertos aspectos genéticos. Por ejemplo, un estudio realizado en Italia y España reveló que las personas que desarrollaron insuficiencia respiratoria tenían más probabilidades de portar una de dos variantes genéticas particulares que las personas que no la desarrollaron.

¿Cuánto dura la inmunidad tras la infección?

Las investigaciones se han enfocado en la detección de anticuerpos neutralizantes, los cuales se unen a las proteínas virales y evitan la infección en una futura exposición al coronavirus. Hasta ahora varios estudios han confirmado que, tras la infección, los pacientes desarrollaron anticuerpos neutralizantes, lo que les podría proveer protección durante un tiempo. El problema es que no se sabe cuánto.

Algunos estudios han encontrado que los niveles de anticuerpos neutralizantes contra el SARS-CoV-2 permanecen altos durante algunas semanas después de la infección, pero luego comienzan a disminuir.

Pero tal parece que estos pueden mantenerse altos más tiempo en aquellos que se vieron particularmente graves con enfermarse con COVID-19. “Mientras más virus, más anticuerpos y más durarán”, dice el inmunólogo George Kassiotis del Instituto Francis Crick en Londres.

¿El coronavirus ha mutado?

Aquí es necesario aclarar algo: todos los virus mutan conforme van infectando a las personas en diferentes partes del mundo, y el SARS-CoV-2 no es una excepción. Así que cuando se hable de este tema en esta pandemia no es necesario entrar en pánico.

Hasta el momento, los científicos han encontrado diferencias entre el SARS-CoV-2 que ha estado infectado a los humanos en lo que va de año, y en efecto, se ha visto que ha mutado. Sin embargo, aún no está claro qué tanto; aún se están buscando cambios que afecten sus propiedades, por ejemplo, haciendo algunos linajes más o menos virulentos o transmisibles.

El problema es que si las diferencias llegaran a ser muy drásticas, entonces se abre la posibilidad de que las vacunas que se están desarrollando actualmente no sean tan efectivas al momento de distribuirlas.

¿Qué tan bien funcionará una vacuna contra el coronavirus?

Esto nos lleva al tema más comentado del momento: las vacunas contra el coronavirus. ¿Funcionan en realidad en humanos? ¿No generarán efectos secundarios graves? Y si es así, ¿cuánto estarán disponibles?

Como muchos ya imaginarán, una vacuna podría representar la salida definitiva de esta pandemia. Actualmente, 20 proyectos diferentes las tienen en ensayos clínicos, algunos de los cuales ya han arrojado buenos resultados, pero aún falta verificar su eficacia en poblaciones más robustas y diversas.

Los datos recolectados para los voluntarios humanos en los que se han administrados sugieren que las vacunas contra el COVID-19 en desarrollo generan una respuesta inmune que da lugar a anticuerpos neutralizantes capaces de bloquear la infección en caso de estar expuestos al virus.

Pero al igual que con los anticuerpos generados tras la infección formal, aún no está claro si los niveles que generan son lo suficientemente altos como para detener nuevas infecciones, o cuánto tiempo perdurarán en el cuerpo.

Lo que sí está claro es que, pese a todo lo que se ha descubierto sobre el coronavirus y la forma en que afecta a las personas en diferentes condiciones, aún queda mucho por resolver.

Referencia:

Six months of coronavirus: the mysteries scientists are still racing to solve. https://www.nature.com/articles/d41586-020-01989-z