Los científicos creen que el coronavirus que ha cambiado la vida de miles de millones de personas en todo el mundo surgió en un mercado de venta de animales silvestres en la ciudad china de Wuhan, donde murciélagos, pangolines y otros animales se apiñan en condiciones fétidas.

Sobre la base de los dramáticos efectos sanitarios y económicos que ha tenido la pandemia del coronavirus, conservacionistas, epidemiólogos y otros expertos esperan poner fin, o al menos regular más estrictamente, al comercio mundial de vida silvestre en Asia.

Forma de vida

La tarea no es fácil. Para la cultura asiática el consumo de animales silvestres es más que una actividad comercial; se trata de una cultura profundamente arraigada, una forma de vida que tiene milenios.

Pero el consumo rampante de especies silvestres tiene su efecto. En los últimos 20 años, la demanda de productos de vida silvestre en Asia ha provocado un colapso de las poblaciones de animales. La mayoría de las especies de mamíferos están amenazadas por la caza furtiva para su consumo como alimentos, piezas ornamentales o como ingredientes de recetas de medicamentos tradicionales.

En respuesta a estos esfuerzos, en el año 2017 las autoridades de China prohibieron las ventas de marfil, que ha diezmado las poblaciones de elefantes y rinocerontes.

Ninguna especie parece estar a salvo de este flagelo. Los consumidores están dispuestos a pagar precios altos por comer platos exóticos, tener adornos extravagantes o apegarse a la esperanza de una cura para afecciones de cualquier tipo, incluyendo una variedad de enfermedades crónicas o supuestos potenciadores sexuales.

Cambio de cultura

Para poder avanzar en el camino de la regulación es crítico reducir la demanda. Antes de la tragedia mundial del coronavirus esto era algo difícil de imaginar, pero COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus, arrojó un estigma sobre los productos de vida silvestre que podría ayudar a cambiar la cultura del consumo de estos animales en Asia.

Ya se han venido dando pasos en ese sentido. Los defensores del bienestar animal han usado las redes sociales para instar a los consumidores asiáticos a evitar productos hechos de animales en peligro de extinción.

Los científicos creen que el coronavirus surgió en un mercado de venta de animales silvestres en Wuhan, donde murciélagos, pangolines y otros animales se apiñan en condiciones fétidas.

En respuesta a esfuerzos como estos, en el año 2017, las autoridades de China prohibieron las ventas de marfil, que ha diezmado las poblaciones de elefantes y rinocerontes. También se debe mencionar que en la última década el consumo chino de sopa de aleta de tiburón ha disminuido considerablemente.

Si bien estos esfuerzos no son desdeñables, la meta requiere involucrar a otros actores, incluidos los gobiernos nacionales, las autoridades regionales y organizaciones no gubernamentales. Estos grupos entienden la cultura y la política local, y pueden conectarse directamente con las comunidades donde se caza y vende la vida silvestre.

Finalmente, es necesario tener optimismo. Es importante monitorear las poblaciones de vida silvestre para que los esfuerzos puedan enfocarse en las especies más expuestas y celebrar las recuperaciones en las poblaciones silvestres, que podrían ser signos tempranos de que se está alcanzando la meta.

Referencia: Can Asia end its uncontrolled consumption of wildlife? Here’s how North America did it a century ago. The Conversation, 2020. https://bit.ly/2Zs1J5O