En diciembre del año pasado, el Congreso de los Estados Unidos respondió a las constantes peticiones de acción por parte de la Isla Marshall sobre el depósito de desechos nucleares ubicado en Runit Dome, como se lo conoce.

En su momento, se firmó la Ley de Autorización de Defensa Nacional para 2020. Según esta, EE.UU. se comprometía tanto a evaluar los riesgos de este depósito, como también a crear un plan de reparación para el domo. En efecto, este año se ha liberado un informe que por lo menos abarca el primer ítem de este acuerdo.

Sin embargo, las respuestas presentadas por las autoridades estadounidenses han estado lejos de ser lo que los líderes marshaleses esperaban. Por lo que, este primer año del compromiso hecho para durar las próximas dos décadas ya ha iniciado su camino con el pie izquierdo.

Lo que indicó el informe

Las investigaciones, acorde a lo ordenado por el Congreso, se llevaron cabo por el Departamento de Energía (DOE, según sus siglas en inglés). En el informe que surgió de estas, firmado por el secretario de la agencia, Dan Brouillette, se declara que las fugas “no son significativas”.

De hecho, afirman que el depósito dejado allí por las fuerzas estadounidenses hace más de 60 años aún es sólido. Por lo que, no hay un verdadero motivo para preocuparse de más por la radioactividad de la laguna que rodea Runit Dome.

Adicionalmente, el contratista principal del departamento dentro del proyecto de investigación, Terry Hamilton, ha declarado:

“…bajo los hechos concretos de la ciencia de la radiación, los datos e información existentes muestran que es poco probable que los riesgos planteados por Runit Dome afecten el estado de salud de las personas (que viven en las cercanías del domo)”.

Resultados mayormente inconclusos

Sin embargo, estas declaraciones no han surgido de evidencias concretas sino, contrariamente, de la falta de estas. Dentro del informe incluso se señaló que debido al cambio climático y el aumento de los niveles del mar, el domo podría estar más expuesto a los embates de la naturaleza.

Por esto, elementos como las marejadas regulares e incluso la marejada ciclónica podrían afectar la integridad de las bases de este. Específicamente, se declaran que podría producir un “sobrelavado inducido por las olas en las secciones inferiores del domo”. Sin embargo, afirman que igualmente esto no ofrece suficiente información para entender cómo esto afectaría al ambiente.

Asimismo, no hacen acotaciones sobre el posible estado de contaminación de la vida marina. Esto a causa de que, nuevamente, consideraron que no había suficiente información disponible. Pero, al hablar de las aldeas vecinas, el DOE consideró que lo que podían revelar sus investigaciones indicaba que estas no se veían afectadas negativamente por Runit Dome.

La reacción de las Islas Marshall

Luego de que este informe se diera a conocer, un líder de marshalés declaró su decepción y aseguró que no tomaría responsabilidad ni por Runit Dome ni por las fugas de su contenido.

Entre los años cuarenta y finales de los cincuenta, en medio de la crisis de la Guerra Fría, los Estados Unidos detonaron 67 armas nucleares dentro, alrededor y por encima de las Islas Marshall. De todas estas, más de 40 se situaron en el atolón Enewetak, lugar en el que se encuentra Runit Dome.

Por su parte, Rhea Christian-Moss, presidenta de la Comisión Nacional Nuclear de las Islas Marshall comentó:

“No esperamos que la comunidad Enewetak se sienta más segura según este informe, ya que no contiene ninguna información nueva de lo que han visto… y no confían [en lo dicho en este]”.

Siguiendo esta línea, Christian-Moss también afirmó que: “La ausencia de datos para mostrar algún riesgo no significa que no exista riesgo”. Debido a lo que, concluye que mayormente el informe demuestra que aún hay muchos riesgos “desconocidos” que se deben identificar.

Un historial de negligencia

Desde los eventos de la Guerra Fría, no han sido pocas las veces en las que se ha alertado de los posibles peligros de Runit Dome para sus alrededores, la naturaleza y las poblaciones circundantes. No obstante, no se ha hecho mucho al respecto.

Para 1981, los propios Estados Unidos liberaron un informe que indicaba que las Islas Marshall debían entrar en cuarentena indefinidamente ya que “siempre existiría la posibilidad de que altos niveles de subsuelo contaminado con plutonio pudieran estar expuestos por la acción de olas o tormentas”. Sin embargo, nada de esto se llevó a cabo.

Décadas más tarde, en este cercado 2019, Hamilton, el mismo contratista del DOE que declaró no tener datos suficientes para tomar decisiones claras sobre los efectos de Runit Dome en el ambiente reportó altos niveles de radiación en las almejas cercanas al domo. Para el informe del 2020, dichas almejas no fueron mencionadas de nuevo.

Asimismo, en mayo, los funcionarios de las Islas Marshall liberaron una petición a EE.UU. para que se construyera una cerca de seguridad que aislara a Runit Dome y evitara que los ciudadanos pudieran acercarse a ella. En su momento, el gobierno estadounidense se negó al decir que no contaban con fondos para un proyecto como ese.

Para noviembre de ese año, Los Angeles Times presentó al público una investigación independiente sobre toda la situación con Runit Dome, Estados Unidos y las Islas Marshall. En este, quedó reflejado cómo por años la nación norteamericana ha estado evadiendo la responsabilidad que sería tomar posesión de los desechos que el país dejó en Runit Dome.

Lo que no se ha hablado

Finalmente, la presión fue tal que se firmó la ya mencionada Ley de Autorización de Defensa Nacional. Pero esta no ha dado tampoco los frutos esperados.

La segunda parte del compromiso, que indicaba la creación de un plan de reparación para el domo, o un mecanismo de reubicación de su contenido ha quedado totalmente excluida del reciente informe. En este, los autores solo se han contentado con declarar que “no se requiere más mantenimiento del domo en este momento” además de las habituales reparaciones de las grietas y remoción de vegetación. Por lo que, por ahora, el caso de Runit Dome sigue sin parecer algo “grave” a los ojos de las autoridades estadounidenses.