Las convulsiones febriles han sido un motivo de preocupación para los padres por años. Estas suelen darse en los niños durante el primer día que la fiebre hace presencia. Por lo general, su manifestación suele incluir síntomas como la mirada perdida, la aparición de temblores fuertes y tensión muscular.

En algunos de los casos más graves, el infante puede incluso llega perder la consicencia. Sin embargo, en la mayoría de los casos estas son inofensivas y no suelen durar más de un par de minutos.

Pero, aun así, pueden llegar a ser una experiencia desagradable para el niño y hasta traumática para el padre a cargo del infante de entre 6 meses y 5 años que ha sufrido la convulsión. Para los cuidadores, no solo la convulsión febril puede causar preocupación, sino el miedo a posibles complicaciones por la aparición de esta.

A este respecto, las nuevas investigaciones publicadas hoy mismo en Neurology, de la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología, podrían brindar a los padres una nueva fuente de alivio.

No hubo diferencias en el desarrollo ni en el comportamiento de los niños

Para poder llegar a los resultados del estudio, los investigadores compararon los datos de más de 200 niños. De estos, 90 nunca habían tenido convulsiones febriles, 70 las habían tenido, pero no habían sido asociadas las vacunas y 62 de estos sí tenían historial de convulsiones febriles asociados a una vacunación.

Se estudiaron las funciones cognitivas, motoras y del lenguaje de los niños a través de la opinión de expertos certificados –a los que no se les reveló el historial de convulsiones de los infantes, de forma que el juicio con todos fuera equitativo–. Asimismo, su comportamiento se evaluó a través de cuestionarios que sus padres debían llenar basados en las conductas observadas en sus hijos.

Finalmente, uno o dos años más tarde, se volvieron a hacer todos los exámenes y evaluaciones a los niños y los cuestionarios a los padres. Al final, comparando a los tres grupos, los investigadores no pudieron hallar diferencias significativas con respecto al desarrollo cognitivo o conductual de estos. Esto, en pocas palabras, indicó que la aparición de convulsiones febriles, tras una vacuna o no, no afectó el desarrollo general de los infantes en comparación con sus contrapartes “sanas”.

Una noticia tranquilizadora

“Una convulsión febril puede ocurrir después de la vacunación y, comprensiblemente, puede ser bastante angustiante para los padres. También puede hacer que los padres pierdan la confianza en futuras vacunas. Ahora, los padres se sentirán aliviados al saber que tener una convulsión febril después de la vacunación no afecta el desarrollo del niño”.

Es lo que ha comendado Lucy Deng, autora del estudio, y miembro del Centro Nacional de Investigación y Vigilancia de la Inmunización (NCIRS, por sus siglas en inglés) de Sydney, Australia. Con esto, declara que los resultados de su investigación pueden llegar a ser una “noticia tranquilizadora” que podría ayudar a los padres a manejar mejor la situación si sus hijos presentan una convulsión febril luego de ser vacunados.

“En un momento en que hay un resurgimiento global del sarampión y están surgiendo nuevas enfermedades, nuestros hallazgos son particularmente importantes para tranquilizar a los padres y proveedores sobre la seguridad de las vacunas”.

Asimismo, Deng aprovechó para recalcar la importancia de estudios como estos en medio de las circunstancias que estamos viviendo. Los movimientos antivacunas en el mundo siguen intentando ganar terreno y, debido a la situación del coronavirus, muchos procesos de vacunación habituales se posponen a la espera de mejores tiempos.

Deng espera que su estudio pueda alentar a los padres a llevar a sus hijos a que reciban las debidas vacunas. Todo esto con la tranquilidad de que el desarrollo de estos no correrá peligro ni siquiera si se presenta una convulsión febril.

Acotaciones adicionales

Además de estos hallazgos, la investigación también destacó que factores que comúnmente causaban preocupación, como la aparición de estas convulsiones antes del primer año, el que uno de estos episodios dure más de 15 minutos o que se den varios cuadros repetitivos de estas convulsiones después de la primera no presentan tampoco riesgos para el desarrollo del niño.

Igualmente, es importante que los padres lleven a sus hijos a consulta médica en caso de que estos síntomas persistan. Sin embargo, por sí solas, las convulsiones febriles no dejarán secuelas a largo plazo en el organismo ni obstruirán en desarrollo de los infantes.

Como una aclaratoria, Deng comenta que su estudio se vio limitado por el relativamente pequeño número de sujetos de estudio. Por lo que es necesario que se hagan más investigaciones sobre el tema. Además, es preferible que estas también hagan seguimiento de los niños por periodos más largos de tiempo. Solo así se podrá comprobar finalmente y por completo si las convulsiones febriles son inofensivas.

Referencia:

Developmental outcomes following vaccine-proximate febrile seizures in children: https://n.neurology.org/content/early/2020/07/01/WNL.0000000000009876