En la actualidad, cerca de la mitad de los pacientes hospitalizados reciben antibióticos para tratar o prevenir infecciones causadas por bacterias, a pesar de que más del 10 por ciento tiene una alergia a la penicilina documentada en sus registros médicos.

En un reciente estudio, un equipo de investigadores del Hospital General de Massachusetts (HGM) realizó una revisión a escala nacional para examinar los patrones de uso de antibióticos en pacientes con alergia a la penicilina documentada.

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Mayor probabilidad

A tal fin, el equipo de investigación hizo una revisión de los registros médicos de 10.992 pacientes en el periodo septiembre 2018 a enero de 2019 en 106 hospitales, examinando la asociación de la alergia con el uso de antibióticos en general y para indicaciones específicas, como la neumonía, la infección de la piel y los tejidos blandos, la infección del tracto urinario y la profilaxis para procedimientos quirúrgicos.

Los investigadores señalan que recetar antibióticos al paciente sin tener información completa sobre alergias puede, en última instancia, hacer más daño que bien.

El equipo encontró que el 16 por ciento de los pacientes hospitalizados con alergia documentada a la penicilina tenían el doble de probabilidades de recibir antibióticos alternativos. Dado que más del 90 por ciento de las alergias a la penicilina documentadas no son confirmables, esas sustituciones de antibióticos por parte de los médicos probablemente no fueron necesarias.

Estos pacientes generalmente fueron tratados con antibióticos alternativos β-lactámicos, incluido un uso significativamente mayor de clindamicina, linezolid, fluoroquinolonas, aminoglucósidos, tetraciclinas y vancomicina.

La exposición de mayor riesgo fue la clindamicina, que está asociada con la infección por la bacteria Clostridium difficile. Los pacientes con alergia documentada a la penicilina tenían cinco veces más probabilidades de recibir clindamicina que aquellos sin dicha alergia.

Más daño que bien

Otro hallazgo del estudio involucró a pacientes hospitalizados con alergia a la penicilina documentada que recibieron antibióticos como profilaxis para prevenir infecciones en un procedimiento quirúrgico programado.

Dado que más del 90 por ciento de las alergias a la penicilina documentadas no son confirmables, es probable que las sustituciones de antibióticos por parte de los médicos no fueron necesarias.

Aunque el betalactámico es el antibiótico recomendado para esta indicación, el estudio encontró que los pacientes con alergia a la penicilina documentada tenían nueve veces menos probabilidades de recibir un betalactámico, y siete veces más probabilidades de recibir un β-antibiótico alternativo de lactama.

En este sentido, los investigadores recomendaron que los hospitales deberían enfocarse especialmente en las evaluaciones de alergia a la penicilina para pacientes con procedimientos quirúrgicos planificados.

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Al respecto, la doctora Rochelle Walensky, directora del Departamento de Enfermedades Infecciosas de HGM y coautora del estudio, comentó:

“Para los pacientes que afirman tener alergia a la penicilina, esas intervenciones podrían ser tan simples como hacer las preguntas correctas y recopilar un historial completo. El estudio mostró que recetar antibióticos al paciente sin tener información completa sobre alergias puede, en última instancia, hacer más daño que bien”.

Referencia: Association Between Penicillin Allergy Documentation and Antibiotic Use. Jama Network, 2020. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2020.2227

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