“Señor Norman Muller, debo necesariamente informarle en nombre del presidente de los Estados Unidos que usted ha sido seleccionado para representar al electorado americano el martes, 5 de noviembre de 2008” dice uno de los fragmentos del relato “Privilegio” de Isaac Asimov.

Sin lugar a dudas el nombre de este escritor estadounidense de origen ruso seguramente no nos es extraño. Sus creaciones literarias han alimentado el género de la ciencia ficción por décadas y muchos de sus planteamientos si no se han vuelto una realidad ya, parecen estar en camino para hacerlo.

Isaac Asimov

Nacido en 1920, en Petrovichi, Smoliensk (Rusia, que era entonces la Unión Soviética), se mudó con su familia a los 3 años a los Estados Unidos, específicamente a la ciudad de Brooklyn. Desde muy pequeño, Asimov mostró su gran inteligencia e incluso inició sus estudios un año antes gracias a que su madre alteró sus registros de forma que cumpliera con la edad reglamentaria para ir a la escuela.

Desde esa temprana edad, gracias a la tienda de dulces que manejaba su familia, en la que también se vendían revistas de ciencia ficción, Asimov consiguió conectarse de inmediato con ese mundo de ciencia y fantasía que marcaría el resto de su vida –y de la nuestra, a través del legado que nos ha dejado tras su muerte en 1992, en Nueva York, Estados Unidos–.

Con solo leer uno de sus escritos es claro que su mente visionaria se posicionaba años y décadas más adelante que su realidad. Incluso hoy, muchos de sus planteamientos nos sorprenden, ya sea por lo creativos que resultan –sobre todo para un hombre que no llegó a conocer el verdadero desarrollo de la web, los computadores personales, los smartphones ni la inteligencia artificial– o por lo cercanos que pueden llegar a ser a veces a nuestra realidad –otro punto impactante tomando en cuenta la época y conocimientos de los que disponía Asimov–.

El género de la ciencia ficción casi por excelencia es suyo para representar en muchos casos y no son pocas las historias que ha creado que le han dado la vuelta al mundo. Entre ellas una de las más llamativas ha sido la reconocida “Yo, Robot”, novela en la que se basó la popular película homónima protagonizada por Will Smith en el 2004.

El legado de Asimov

A través de las historias de Asimov, hemos podido conocer sus proyecciones de un futuro en el que la humanidad y la tecnología han avanzado lo suficiente como para convivir con ellas de forma cotidiana. Algunas de sus historias nos pueden llenar la mente con maravillas utópicas sobre lo que podría haber sido (y aún podría ser) el futuro. Por otro lado, otras nos muestran una cara un poco menos complaciente de esta posibilidad y nos plantean futuros distópicos que han sido retratados infinitas veces en el cine y la televisión.

Varias de sus narraciones son ampliamente conocidas, como la ya mencionada “Yo, Robot” o la reconocida trilogía “Fundación”. Sin embargo, estas están lejos de ser sus únicas creaciones y hoy, uno de sus cuentos cortos parece cobrar más vigencia que nunca.

En este caso, hablamos de “Privilegio” o “Sufragio Universal” según la traducción que se use, originalmente titulado “Franchise” y escrito por Asimov en 1955. Este relato fue publicado ese mismo año por la revista de ciencia ficción If. Ahora, 65 años más tarde, en medio de una pandemia y con el mundo tratando de recobrar su normalidad, o de reinventarla a través de la tecnología, ¿podríamos encontrarnos camino al futuro hipotetizado por Asimov?

‘Privilegio’

Primera aparición del relato “Privilegio” de Isaac Asimov, en la revista “If” en 1955.

“Privilegio” nos relata la historia de Norman Muller, un trabajador común y corriente de Bloomington, Indiana. El año electoral para la presidencia se está gestando en Estados Unidos y la emoción que producen las campañas electorales tiene a todos, menos a Norman y a su suegro, emocionados y atentos a los acontecimientos relacionados con estas.

Sin embargo, las elecciones del 2008 planteadas por Asimov, ya no son como nosotros las conocemos –ni como el suegro las recuerda–. De hecho, estas se llevan a cabo a través de una súper computadora de más de 3 pisos de altura ubicada bajo tierra conocida como Multivac.

El elemento humano

Esta súper computadora presentada por Asimov se asemeja en gran medida en funciones y capacidades a lo que actualmente conocemos como inteligencia artificial (IA) y machine learning. Por supuesto, las habilidades de predicción y análisis que se le atribuyen a Multivac aún son demasiado para cualquiera de los elementos que conocemos en la actualidad, si se lo pone a trabajar solo.

Ya que, se utiliza a esta súper computadora –entre otras cosas– como la herramienta de predicción de la “voluntad del país”. Para esto, Multivac analiza todos los datos temporales, económicos, culturales, psicológicos, sociales y ambientales de la nación para poder determinar de la forma más acertada los “deseos” de esta, un detalle que antes se reflejaba con cada uno de los habitantes manifestando su voluntad a través del voto personal.

Sin embargo, la historia reconoce que hay un “elemento humano” que ni Multivac es capaz de imitar o predecir. Es por esto que, cada año electoral, la máquina busca entre la población a la persona “más representativa” para que ofrezca sus perspectivas. Estas no solo se registran a través de lo que la persona dice, sino por la forma en la que esta reacciona biológicamente y lo que siente, detalles que son captados por la máquina a través de diversos aparatos. Solo así la computadora puede declarar su veredicto final.

El día de la elección

Entre confidencialidades, agentes del servicio secreto, la emoción infantil de su hija y la presión de su esposa, el día de la elección finalmente llega y Norman es trasladado al lugar en el que se entrevistará con Multivac. No la conoce en persona, por lo que esto lo desalienta un poco, pero igualmente es sometido a un desconcertante y largo proceso en la que la computadora le realiza preguntas variadas sobre los temas más extraños.

De entre la torre de cuestionamientos que Norman debió responder, solo uno quedó después en su agotada mente: “¿Qué opina usted del precio de los huevos?” Siendo esta una perfecta representación de las particulares preguntas de Multivac.

Luego de tres horas de interrogatorio y otra hora de espera para que la computadora fuera capaz de procesar todos los datos, finalmente se le permite a Norman volver a su casa, no sin antes firmar unos documentos que lo comprometen a guardar la confidencialidad de todo lo que vio, escuchó, dijo e hizo durante el proceso de “votación”, con la finalidad de evitar que, con ese conocimiento, entes externos intentaran “manipular los resultados”.

Norman dejó las instalaciones sintiéndose como todo un patriota, seguro de haber hecho lo correcto y de haberle hecho un buen servicio a su nación. Aunque, en realidad, ni siquiera llegó a irse sabiendo el resultado de su propio “voto”, por los mismos temas de confidencialidad.

El origen de todo

En la actualidad, a pesar de que nuestros sistemas computacionales y algoritmos no han llegado a estos extremos, sabemos que la capacidad se encuentra presente. Pero, ¿cómo pudo Asimov pensar en algo como esto en los cincuenta?

Todo se reduce a un evento que ocurrió pocos años antes durante unas verdaderas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Durante estas, la Computadora Automática Universal I, conocida como UNIVAC I (UNIVersal Automatic Computer I) predijo con éxito, a través de las percepciones del 1% de los votantes obtenidas a través de la Oficina de Censos de los Estados Unidos –para la que entró en funcionamiento en 1951–, que Dwight D. Eisenhower ganaría las elecciones. Un detalle que todos sabemos se cumplió tal cual, y con una amplia ventaja para este.

Este evento se quedó en la mente de Asimov, quien lo llevó al siguiente nivel al pensar en una máquina que fuera capaz de realizar estas predicciones tan solo a partir de un individuo, el “votante del año”, como se lo conoce en la historia. Después de esto, Multivac siguió apareciendo en sus relatos hasta 1975 –pero esas son otras historias–.

¿La realidad supera la ficción?

Es más que claro que en los tiempos que vivimos los procesos electorales han evolucionado, solo que no tanto y no pareciera que directamente en esta dirección. Sin embargo, la llegada del nuevo siglo, que Asimov no llegó a conocer, y todos los cambios tecnológicos y de forma de vida que se han dado durante este, podrían estarnos acercando más de lo que creemos a una realidad, sino igual, al menos paralela a lo vaticinado por el escritor de ciencia ficción.

Sí, es verdad, en ninguna parte del mundo se ha creado una Multivac capaz de tomar las decisiones de todo un país “basada en predicciones sobre su voluntad”. Pero, con el avance de la tecnología y la llegada de las grandes compañías… ¿estamos de verdad tan alejados de esta realidad que imaginó Asimov hace más de 65 años?

Los gigantes del mundo de la tecnología – ¿Multivac, eres tú?

Como lo mencionamos, tal vez la supercomputadora kilométrica presentada en “Privilegio” no sea exactamente el rumbo que ha tomado el desarrollo tecnológico actual –aunque cabe destacar que sí existen supercomputadores en el mundo similares a los imaginados por Asimov–.

“Privilegio” ahora puede encontrarse publicado en la colección de antología “Sueños de Robot” de Isaac Asimov.

En la actualidad, la tendencia principal apunta a la minimización de los tamaños de los equipos, para hacerlos cada vez más compactos y portátiles, en lugar de elementos masivos como la mítica Multivac. Sin embargo, el alcance de estos podría ser tanto con el de esta, o incluso mayor.

En estos momentos, gigantes del mercado de la tecnología, como Facebook, Amazon o Google, se han logrado diversificar de forma masiva. Por lo que, sus productos, servicios y otros derivados se han vuelto parte de nuestra vida cotidiana.

Todos estos elementos constantemente recolectan información detallada sobre nosotros, nuestras vidas, actividades y preferencias. De este modo, luego son capaces de ofrecerlos sugerencias que, básicamente, son “predicciones” de aquello que podría gustarnos en un futuro, basados en lo que nos ha atraído antes. ¿Suena conocido?

La ecuación de la votación

Incluso en la actualidad, los medios de decisión de muchos votantes (aquellos que no suelen quedarse atados a un mismo partido político), se basan más en sus respuestas emocionales o primitivas a los candidatos políticos y sus propuestas, que verdaderamente a la utilidad objetiva o veracidad de estas.

Es natural en nosotros, seres humanos subjetivos, contar con nuestra parte emocional para poder tomar decisiones sobre cualquier aspecto de nuestra vida. Sin embargo, en la política, estas perspectivas emocionales suelen sacar los temas de importancia de la mesa y terminar transformando las campañas políticas casi simplemente en concursos de popularidad.

¿Sería mejor si lográramos dejar afuera de este elemento particular nuestras emociones? ¿Sería preferible que nos enfocáramos en hechos y datos? Incluso si quisiéramos, ¿realmente podríamos hacerlo? En general, por nuestra propia naturaleza la respuesta sería no.

Sin embargo, existen ahora elementos de nuestra propia creación que sí podrían tener esta facilidad. Acá ya nos estamos refiriendo a elementos como la IA y el machine learning. ¿Podrían este par de aliados ser el siguiente paso?

Como ya lo hemos mencionado, la inteligencia artificial y todos sus derivados ya son parte de nuestro día a día, ya nos dan sus “sugerencias” basados en lo que saben de nosotros para acercarnos a aquello que nos gusta y nos sería de utilidad. Entonces, algunos se plantean la posibilidad de hacer que esto se extienda a áreas tan universales como la política y las elecciones.

La IA ya es parte del proceso electoral

Aunque desde la perspectiva de los votantes, la IA no sea tan relevante aún, la verdad es que los candidatos y sus partidos ya la usan con regularidad. A través de la IA y de elementos como la Big Data, los políticos pueden identificar las preferencias de los individuos y acercarse a ellos “hablando su idioma” y ofreciéndoles justo lo que saben que quieren para persuadirlos de votar a su favor.

Este tipo de conductas ya no son solo parte de la ciencia ficción, algo que el escándalo de Cambridge Analytica del 2016 nos dejó muy claros a todos. Ahora, la pregunta que surge es: si ya la IA ayuda a los políticos a encontrar a su votante potencial, ¿por qué no usarla en la otra dirección y ayudar a estos a ubicar a su candidato ideal?

Las votaciones digitales, las predicciones y el mundo actual

En la actualidad, la posibilidad de que los sistemas de votación del mundo finalmente migren a un punto totalmente digital es más fuerte que nunca. La pandemia del coronavirus ha obligado a la humanidad a mantenerse encerrada en sus hogares y, el mundo virtual ha sido el único medio que esta ha conseguido para mantenerse interconectada.

En medio de todo este caos, los países intentan “volver a la normalidad” lo cual implica reanudar una gran variedad de procesos, incluidos aquellos relacionados con los procesos electorales. Pero, debido a la necesidad de mantenernos aislados, es posible que los planteamientos para realizar votaciones por virtuales, desde los propios, smartphones, se conviertan en realidad. Una que, además, se mantenga a largo plazo, incluso cuando el coronavirus ya no sea una preocupación.

Pero, ¿qué pasaría, por ejemplo, con aquellos individuos que carecen de un teléfono inteligente? Este tipo de votaciones ya simplemente no sería una opción. Sin embargo, ¿y si, a través de las huellas digitales dejados por estos en otras partes, computadoras, tiendas, redes sociales, etc. las máquinas pudieran predecir su voluntad y votar por ellos? ¿Y si pudieran hacer esto para toda la población? En general, suena como un posible gran beneficio. No obstante, como todo, tiene sus matices.

Una última reflexión: ¿Multivac y la democracia?

Las elecciones son una característica innata de los países democráticos. Estos desde su etimología Demos (Pueblo) y Kratos (gobierno) hablan acerca de un sistema de mando en el que quien rige verdaderamente es el pueblo.

Por esto, se espera la opinión de cada uno de los ciudadanos tenga el mismo valor que la de los otros. De forma que sean las percepciones comunes de la mayoría las que se tomen en cuenta para las decisiones gubernamentales. Por ejemplo, se utiliza actualmente para determinar quién será el líder de la nación por un determinado tiempo. En un principio, las elecciones se realizaban a través de procesos totalmente analógicos, en los que los votos de cada individuo se contaban manualmente.

Ahora, la tecnología ha evolucionado para que gran parte de esto se pueda realizar de forma automatizada –aunque en algunas naciones la mano humana sigue estando presente para “verificar la veracidad” de los resultados reflejados por las máquinas. En varias partes, el proceso computarizado simplemente ayuda con el conteo neto de los votos y sus interpretaciones porcentuales en países que utilizan elecciones de segundo grado, como los Estados Unidos.

El planteamiento de Asimov con Multivac es que, gracias al amplio conocimiento de la computadora, gracias a la recolección de este “primer paso” de la información, en siguientes oportunidades, la tecnología podría solo leer una parte de los votos y, al compararlos con las tendencias de los años anteriores y los nuevos datos que reciba del entorno, podría predecir con eficacia la voluntad de la mayoría hasta el punto de no necesitar consultarla. Pero, se presenta un dilema, ¿seguimos aquí entonces en el gobierno de la mayoría, o ahora estaríamos bajo el de la máquina? De ser así, ¿quién la podría cuestionar?

“Privilegio, libre y sin trabas”

Acá valdría recordar el último fragmento de “Privilegio” en el que Norman finalmente se dirige de vuelta a su hogar:

“De pronto se sintió orgulloso. En ese momento lo experimentaba con fuerza. Estaba orgulloso.

En este mundo imperfecto, los ciudadanos soberanos de la primera y más grande Democracia Electrónica, a través de Norman Muller (¡a través de él!), habían ejercido de nuevo su privilegio, libre y sin trabas”.

Ese 2008 planteado por Asimov ya ha pasado, y no se ha desenvuelto como el escritor imaginaba. Sin embargo, ahora que nos adentramos al 2020, la posibilidad de que algo como esto ocurra en el futuro se hace particularmente notoria.

¿Estaremos listos para algo así? ¿Estaríamos tan felices como Norman de ser el “conducto” de la voluntad de todo el país? Nuestra Multivac digital, que navega en el etéreo espacio de la nube, ¿podría ser de fiar? ¿Quién lo comprobaría? Y, más importante aún, ¿cómo? si ya la máquina nos entendería “mejor que nosotros mismos”.

Sea cual sea la respuesta, esta posibilidad sigue latente para un futuro, lejano o cercano. Pero, lo que no queda claro es si esta nos ofrecerá la positiva experiencia que Asimov planteó para un mundo ayudado por las máquinas o si, por otro lado, terminaremos en medio de una distopia en la que nuestra voluntad vendrá delimitada por un algoritmo. ¿Queremos averiguarlo?