El coronavirus ya tiene casi 7 meses amenazando la vida de la población del mundo. Con más de medio millón de muertes en su haber y 10 millones de individuos contagiados, es claro que la pandemia se ha convertido en una situación de riesgo para toda la humanidad.

Por esto, los campos de la medicina y la ciencia trabajan incansablemente tratando de comprender al SARS-CoV-2 y cómo hacerle frente. Para esto, se encuentran en desarrollo más de 112 vacunas, mientras que se están sometiendo a prueba infinidad de medicamentos (tanto nuevos como experimentales) para averiguar cuál puede ser más efectivo contra el COVID-19.

Actualmente, a pesar de que existen algunos que han ofrecido resultados prometedores, no se cuenta con un tratamiento oficial contra el coronavirus. Mientras tanto, otras ramas de estudio se han enfocado en la inmunidad a esta enfermedad y cuál es la posibilidad de que al menos una parte del mundo la desarrolle antes de que llegue la vacuna.

Inmunidad al COVID-19

Con este fin, se han desarrollado variadas pruebas de anticuerpos destinadas a ubicar estos elementos dentro del organismo. Básicamente, la generación de estos es la respuesta del sistema inmunológico al virus y esta se puede dar tanto cuando le enfermedad está iniciando como cuando ya se encuentra en remisión.

La labor de estos anticuerpos no es solo la de luchar contra la enfermedad la primera vez, sino también la de “aprender” de ella, para poder hacerle frente si esta llega a intentar volver a colarse en el organismo. En los casos severos de coronavirus, la presencia de anticuerpos ya ha sido notoriamente detectada. Sin embargo, en los que son intermedios o leves esta ha sido irregular o nula.

Ahora, una nueva investigación realizada entre el Instituto Karolinska y del Hospital Universitario Karolinska apunta a que, incluso con estos negativos en las pruebas de anticuerpos, las personas que han pasado por el COVID-19, sí podrían haber desarrollado inmunidad.

Inmunidad sin anticuerpos

Todo esto se debe a la acción de los linfocitos T o células T, un tipo de célula inmune que forma parte de los glóbulos blancos y que se encarga de la defensa del organismo cuando este se encuentra bajo ataque. Estas se encargan en especial de reconocer las células que se han visto infectadas por virus y patógenos maliciosos, de forma que puedan neutralizarlas. Como tal, se convierten en una parte vital de nuestro sistema inmunológico.

Según lo reportado en la plataforma BioRxiv, estas células parecen estar mucho más presentes en los pacientes recuperados del coronavirus que los propios anticuerpos. Específicamente, para hacer referencia a esto, el profesor asistente del Centro de Medicina Infecciosa del Instituto Karolinska, Marcus Buggert, ha dicho:

“Los análisis avanzados ahora nos han permitido mapear en detalle la respuesta de las células T durante y después de una infección por COVID-19. Nuestros resultados indican que aproximadamente el doble de personas han desarrollado inmunidad de células T en comparación con aquellas en las que podemos detectar anticuerpos”.

De hecho, los resultados de sus estudios reflejaron que los linfocitos T hacían presencia tanto en los individuos con casos graves de coronavirus, como en aquellos con manifestaciones leves o intermedias. Asimismo, los familiares de estos que pudieron estar expuestos a la enfermedad para la desarrollaron asintomáticamente, también reportaron la presencia de las células T. En pocas palabras, estas parecen ser la reacción más universal de nuestro organismo para combatir el SARS-CoV-2.

¿Hay más personas inmunes de las que creemos?

“Nuestros resultados indican que la inmunidad pública a COVID-19 es probablemente significativamente mayor de lo que han sugerido las pruebas de anticuerpos”.

Ha dicho el profesor del Centro de Medicina Infecciosa del Instituto Karolinska, Gustaf Ljunggren. Con esto claro, los investigadores han llegado a hipotetizar que en el mundo puede haber muchas más personas inmunes de las que reportan los actuales informes. Ya que estos se basan en los resultados de las pruebas de anticuerpos. Unas que, como ha mostrado este estudio, solo reflejan aproximadamente un 50% de los casos de inmunidad.

“Si este es el caso, es, por supuesto, una muy buena noticia desde una perspectiva de salud pública”, continuó Ljunggren.

¿Por qué no se han buscado las células T desde el principio?

A pesar de que se conoce desde hace años el funcionamiento de los linfocitos T, las pruenas para detectarlos son mucho más costosas y elaboradas que las de los anticuerpos. Por lo que, instaurarlas en el mundo puede ser mucho más complejo de lo esperado.

Además, cabe destacar que este estudio aún se encuentra esperando la aprobación de sus pares para ser publicado oficialmente en una revista científica. Por esto, hasta ahora solo se trata de una preimpresión y no puede ser utilizado para la toma de decisiones médicas inmediatas.

Sin embargo, en caso de que futuras investigaciones en el área comprueben su planteamiento, esto podría implicar muy buenas noticias para la humanidad. Ya que significaría que la cantidad de individuos inmunes que hay en el mundo podría ser al menos el doble de la que creemos.

Pero, eso sí, hay que tener en cuenta que son necesarios también más estudios que determinen la duración de dicha inmunidad. Pues, por ejemplo, para el caso de los anticuerpos, se ha señalado que esta puede llegar a ser de solo dos meses. Por lo que, llegar a un estado de inmunidad colectiva no solo podría ser difícil, sino casi imposible.

Referencia:

Robust T cell immunity in convalescent individuals with asymptomatic or mild COVID-19: https://doi.org/10.1101/2020.06.29.174888