Si bien se sabe que en la gran mayoría de los casos las manifestaciones clínicas de la nueva enfermedad coronavírica COVID-19 en los niños van de asintomáticas a moderadas, sigue sin estar claro cuál es carga de la enfermedad y su función en la transmisión a la comunidad.

Como parte de las medidas de las implementadas para evitar la propagación del SARS-CoV-2, coronavirus que causa la enfermedad COVID-19, muchos países optaron por suspender las actividades académicas y cerrar las escuelas e instituciones pedagógicas en todo su territorio. Sin embargo, ha surgido evidencia que sugiere que el cierre de escuelas no es una medida eficaz de controlar la epidemia.

Vigilancia integral

Comprender el riesgo de adquirir COVID-19 en entornos específicos, como las escuelas, permitiría identificar los factores que impulsan la epidemia y, por lo tanto, dar soporte al diseño de estrategias de control de la salud pública.

En este sentido, un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Singapur realizó un estudio con miras determinar el riesgo de transmisión del SARS-CoV-2 entre los niños en entornos educativos (preescolar y secundaria).

Los resultados del estudio sugieren que los niños no son los principales impulsores de la transmisión del SARS-CoV-2 en las escuelas, especialmente en los centros preescolares.

Entre febrero y marzo de 2020, la vigilancia integral a nivel nacional y la localización de contactos, como parte de la estrategia de salud pública de Singapur, identificaron tres posibles incidentes de SARS-CoV-2 en entornos educativos distintos.

Dos de estos casos se registraron en centros de enseñanza preescolar y uno de enseñanza secundaria. Para el estudio, el equipo analizó los datos clínicos y epidemiológicos de estos casos e hizo un seguimiento a sus familiares y contactos cercanos para identificar posibles casos de trasmisión del coronavirus.

Un estudiante de 12 años de la escuela secundaria y un niño de 5 años de edad que asistía al preescolar dieron positivos en el SARS-CoV-2. Ambos estudiantes asistieron a sus respectivos centros educativos el primer día de sus síntomas antes de que se les diagnosticara posteriormente el COVID-19 y se les aislara en el hospital.

Sin evidencia de trasmisión

Durante el período de incubación (14 días), un total de 8 estudiantes desarrolló síntomas en los centros de enseñanza secundaria, y fueron examinados para detectar el SARS-CoV-2. Los 8 dieron negativo para la infección coronavírica.

En el entorno preescolar, un total de 34 contactos desarrolló síntomas durante el período de incubación posterior a la exposición y, por lo tanto, se tomaron muestras para detectar la infección por coronavirus. Al igual que en la escuela secundaria, los 34 contactos sintomáticos en el preescolar resultaron negativos.

Como parte de las medidas de las implementadas para evitar la propagación del SARS-CoV-2, muchos países optaron por suspender las actividades académicas y cerrar las escuelas.

El tercer incidente involucró a un grupo de preescolares donde el caso índice fue un personal adulto. Este entorno preescolar se convirtió en un grupo importante en el que se infectaron hasta un total de 16 miembros adultos del personal del preescolar y otros 11 casos de sus propios hogares.

En este caso, el equipo de investigación evaluó a un total de 77 niños (73 % del total de la población de estudiantes) de la guardería. De ellos, 8 eran sintomáticos y 69 asintomáticos. Las pruebas no detectaron infección por el SARS-CoV-2 en ninguno de los 77 niños.

En conclusión, los resultados sugieren que los niños no son los principales impulsores de la transmisión del SARS-CoV-2 en las escuelas, especialmente en los centros preescolares. Esto podría ayudar a diseñar estrategias para levantar las restricciones actuales.

Sobre la base de estas conclusiones, se podría considerar la posibilidad de adoptar medidas de control más selectivas para los entornos preescolares, como mantener a los niños sintomáticos alejados de las escuelas en lugar de cerrarlas por completo.

Referencia: Novel coronavirus 2019 transmission risk in educational settings. Clinical Infectious Diseases, 2020. https://doi.org/10.1093/cid/ciaa794