La ansiedad, como tal, se entiende como un estado de preocupación o miedo intenso que se presenta ante situaciones cotidianas. Con ella, suelen venir manifestaciones de malestar físico como la taquicardia, la sudoración excesiva, la respiración agitada y la sensación de cansancio sostenido.

La ansiedad es distinta del estrés y la depresión, ya que su presencia no necesariamente indica una condición mental inestable crónica o algo parecido. De hecho, es perfectamente normal sentir ansiedad ante una situación que cause miedo o nervios.

Acá, los problemas comienzan a aparecer en el momento en el que la cotidianidad de la persona se ve afectada. Es decir, cuando los comportamientos y pensamientos ansiosos empiezan a intervenir negativamente en esta.

Ya naturalmente algunos individuos son más ansiosos que otros, y se cree que al menos 1 de cada 5 personas sufrirá de ansiedad durante su vida. Asimismo, según la edad, las posibilidades de sufrir de ansiedad al enfrentarse a situaciones negativas puede aumentar. En estos casos, los niños y los adolescentes suelen ser los más susceptibles. Además, por la etapa de desarrollo en la que se encuentran, los más propensos a ver secuelas en edades posteriores.

La ansiedad adolescente

Como lo hemos mencionado, la ansiedad en sí, cuando no se afecta las actividades diarias ni la vida cotidiana de las personas, se trata de una reacción perfectamente normal. Este criterio también se aplica a los adolescentes que comienzan a preocuparse por determinados asuntos de su vida o del mundo en general.

Acá, el problema verdaderamente se manifiesta cuando dichos pensamientos comienzan a amplificarse u distorsionarse, lo que puede dar origen a verdaderos desordenes y problemas de salud mental.

Como sabemos, la adolescencia es un periodo vital para el autodescubrimiento y, al igual que en la infancia, el cerebro goza de una alta neuroplasticidad que le permite aprender y adaptarse a nuevas situaciones con facilidad. Sin embargo, esto también implica que el adolescente será más propenso a ser afectado negativamente por circunstancias desfavorables. Esto si no posee ni maneja las herramientas de autorregulación adecuadas.

Elementos como el uso excesivo de equipos electrónicos (y el acceso que estos dan a espacios como las redes, eternas fuentes de comparación para los adolescentes), el acoso escolar, el ciberlluying y afines también pueden ser fuentes de ansiedad. Por si fuera poco, la tendencia a desarrollarla incluso puede venir heredada de los padres.

Ahora, situaciones como el aislamiento de la actual pandemia también ha hecho que los adolescentes se reporten como más ansiosos y se sientan solitarios –tendencias que de hecho ya venían en aumento antes de la época del COVID-19–. Esto puede dar como consecuencias como problemas por el abuso de ansiolíticos y por ingesta de alcohol.

Infancia, adolescencia y ansiedad

Como podemos ver, la ansiedad en la adolescencia puede tener un variado rango de orígenes. Sin embargo, recientes investigaciones en curso parecen señalar que también hay que tomar en cuenta las experiencias de la infancia. Ya que estas pueden ser un factor definitorio para analizar los comportamientos ansiosos de la adolescencia.

El director del Laboratorio de Neurociencia Social y Desarrollo Comparativo del Centro Nacional de Investigación Científica en Lyon (Francia), Pier Francesco Ferrari, se encuentra justo ahora a la cabeza de dicha investigación. En este proyecto, denominado AnxNPS, se estudia la ansiedad en la adolescencia y sus posibles orígenes.

Entre ellos, un punto común que han podido ubicar, en su estudio haciendo paralelismos con los macacos rhesus, es que los eventos de la infancia tienen un impacto profundo en la ansiedad adolescencia. Por lo que se ha visto, ambos momentos del crecimiento humano son particularmente susceptibles. Por esto, son propensos al desarrollo de problemas relacionados con el estrés y la ansiedad.

Sin embargo, las investigaciones parecen indicar que los elementos del primer periodo de crecimiento tienen una fuerte influencia sobre el segundo. De este modo, si los eventos traumáticos de la infancia, como carencias o privaciones, ya no se encuentran directamente en la adolescencia, el puberto continuará presentando tendencias más altas hacia comportamientos ansiosos y el desarrollo de condiciones relacionadas.

Por esto, elementos como las críticas sostenidas durante la infancia, la falta de interacción social y el rechazo paternal pueden ser desencadenantes de problemas de ansiedad no solo durante la niñez sino también en la adolescencia del individuo. Por ejemplo, situaciones como el actual distanciamiento social requerido por la cuarentena, podrían tener, a la larga, efectos negativos sobre el desarrollo emocional de los niños. Un detalle que las familias podrían trabajar en conjunto para paliar al utilizar diversas herramientas.

¿Qué hacer?

El Dr. Ferrari y sus colegas continúan en su investigación. Ahora tratan de hacer distinciones más específicas sobre los elementos internos y las circunstancias ambientales que se conjugan y causan ansiedad. De conseguir un mapeo más completo, podría ser posible ofrecer una respuesta más completa y más acertada a los problemas de ansiedad adolescente. Con esto, el tratamiento no iniciaría en la adolescencia tardía, sino preventivamente en la temprana infancia.

En la actualidad, proyectos como ECoWeB y MyMoodCoach, ambos en Europa, buscan desarrollar aplicaciones que puedan ayudar a los adolescentes a desarrollar herramientas que les permitan hacer frente a los sentimientos de ansiedad crónica. Asimismo, se han creado iniciativas que buscan ayudar a los niños a superar situaciones preocupantes, como el periodo de preparación antes de una operación.

En muchos casos, las terapias cognitivas suelen ser las preferidas para tratar los casos de ansiedad en las personas. Sin embargo, esto no implica que sean las únicas, por lo que, si un adolescente no responde a esta, se pueden buscar otras alternativas. Todo para que pueda aprender a reconocer adecuadamente sus emociones y a regularlas.

Sumado a esto, no solo para el caso de los adolescentes, sino para la población en general, los siguientes consejos para reducir la sensación de ansiedad podrían ser de utilidad durante la cuarentena. Asimismo, estudios diversos han señalado que otras técnicas especiales, el practicar la gratitud e incluso el convivir con nuestras mascotas también pueden ser reductores de la ansiedad. No obstante, cuando hablamos de casos crónicos, la mejor alternativa sigue siendo el buscar la ayuda de un profesional.