Hablar del Mes del Orgullo sin mencionar a Marsha P. Johnson sería hacerle un profundo deshonor al movimiento LGBT, en especial a la comunidad transgénero. Su historia permanece más viva que nunca, no solo por su labor como activista de varias causas sociales, sino por la manera en que ha sido retratada en la era digital.

Su historia debería hacernos reflexionar sobre cómo ha evolucionado la lucha por los derechos LGBT y cómo ha sido nuestro papel como sociedad hacia los transgénero. Leer sobre la vida de Marsha P. Johnson es comprender muchos aspectos de una historia que normalmente no se ha contado en los medios por muchos años, que ahora sí sabemos gracias a las plataformas digitales.

Marsha, la reina del Village

Marsha P. Johnson era un icono de la ciudad de Nueva York, no solo por su llamativa vestimenta, sino por su dulce personalidad.

Hay que tener mucho temple para tomar la decisión de ser trans y comenzar una nueva vida completamente sola en otra ciudad en un contexto en el que era ilegal ser homosexual o vestir de mujer. Marsha P. Johnson decidió mudarse de Nueva Jersey a Nueva York con tan solo 15$ en su bolsillo, pero el dinero no fue un impedimento para conquistar la ciudad y volverse un icono.

Desde los 5 años comenzó a vestirse con ropa de niña, pero tras ser víctima de bullying dejó de hacerlo. No obstante, siempre supo quién era. “Yo era nadie, en Nadievilla”, decía Johnson refiriéndose a su vida en Elizabeth, Nueva Jersey, “hasta que me convertí en una drag queen”.

Volviendo al contexto, en la década de los sesenta aún era ilegal ser homosexual en Estados Unidos, cualquier persona podía ser arrestada por estar con alguien de su mismo sexo o por vestir de mujer, enfrentando multas de alto costo y hasta la cárcel. Evidentemente nadie empleaba a una persona que va en contra de la ley, así que las condiciones económicas de las transgénero eran muy complicadas. Definitivamente ser transgénero era un acto de total rebeldía y valentía.

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Al llegar a Nueva York, Marsha trabajó como prostituta, como drag en clubes y también solía estar en situación de calle por no poder pagar un apartamento, todo esto con el aderezo de batallar con una enfermedad mental –que ningún medio especifica–.

A pesar de lo complicada que podía parecer la vida para Marsha, ella realmente veía el mundo con ojos de optimismo y mucho servicio por su comunidad. Dicen quienes la conocieron que siempre les hacía ver lo mejor de sí mismos y nunca dejaba de luchar por la liberación homosexual. No se hacía llamar Marsha “Pay It No Mind” Johnson por nada –el segundo nombre escogido por Johnson que significa en español “no le prestes atención”.

Tanto así, que fue una de las líderes más reconocidas del movimiento en las protestas de Stonewall, junto a su entrañable amiga Sylvia Rivera. Esos seis días de protesta le dieron una nueva proyección al movimiento, dejando de esconderse para alzar su voz. Para saber más sobre el impacto de esta protesta haz clic aquí.

Para entonces, Greenwich Village era el barrio más tolerante con la comunidad LGBT, por lo que Marsha escogió ese lugar como su hogar. Solía caminar por la zona vestida en sus mejores atuendos estrafalarios, con telas brillantes, flores y bufandas que solía regalar si alguien se las elogiaba.

El primer ladrillo de Stonewall y del movimiento LGBT

Marsha P. Johnson fue una de las pioneras del movimiento LGBT en las protestas de Stonewall.

Muchas personas difieren de la cronología de la participación de Marsha P. Johnson en las protestas de Stonewall. Mientras que unos aseguran que fue una de las primeras en rebelarse contra la policía, otros dicen que apareció mucho después de que iniciara la revuelta, pero lo que es verdaderamente importante es que fue responsable de lanzar uno de los primeros ladrillos de la liberación LGBT y sentar un precedente importante en la historia.

Tal como reflejamos en nuestro artículo sobre Stonewall, las redadas de la policía tenían harta a la comunidad, sobre todo un club como ese, con el que las personas de bajos recursos solían identificarse más. La gota que derramó el vaso inició una revolución que hasta el sol de hoy no ha parado y que, si bien se han logrado importantes hitos, aún falta mucho por hacer.

Junto a Sylvia Rivera fundó STAR (Sweet Transvestite Action Revolutionaries), para ayudar a las transgénero de la calle a rehacer su vida. Ambas se convirtieron en las figuras principales de la comunidad.

Después de Stonewall, la vocación de servicio por los demás de Marsha y Sylvia Rivera floreció con una entrañable iniciativa: STAR o Sweet Transvestite Action Revolutonaries. Esta organización tenía como objetivo ayudar a todas las mujeres transgénero que estuviesen en situación de calle, dándoles techo, comida, quizás algo de dinero, pero sobre todo una familia en la que se sintieran queridas.

En palabras de Sylvia Rivera:

“Marsha y yo creamos la casa STAR para sacar a las chicas de la calle, para que estas chicas rearmaran su vida. STAR era parte de la revolución de la gente y era hora de que le mostráramos al mundo que somos seres humanos”.

Madre entre todos los trans

Rápidamente Marsha se ganó el apodo de “madre” entre la comunidad transgénero, no solo por acoger a tantas personas en STAR junto a Sylvia Rivera, sino por su manera de ser tan cálida, siempre motivando a los demás a aceptarse tal como son y a apropiarse de su historia.

En el documental ‘La muerte y la vida de Marsha P. Johnson’ producido por Netflix demuestra esta faceta de Johnson, personas transgénero que la conocieron decían “ella era nuestra madre”, precisamente por la manera dulce de abordar a los demás.

La comunidad transgénero se cuidaba entre sí, pero ¿quién cuidaba a los trans? A pesar de pertenecer al gran movimiento LGBT, la comunidad transgénero es una de las más discriminadas por las mismas personas LGBT, y son las que sufren más violencia y son víctimas de crímenes que permanecen impunes. Casos como el de la misma Marsha, quien fue encontrada sin vida en el río Hudson en 1992 y, aunque la policía determinó que fue un suicido, otras personas consideran que fue un homicidio.

Para 2019, el Observatorio de Personas Trans Asesinadas determinó que habían muerto 331 en todo el mundo, estando concentrados dichos casos en Brasil con 130 asesinatos, México, con 63, y en EE.UU., 30. Suele ser común que los casos queden impunes o sentenciados con falta de pruebas para determinar la causa real de la muerte.

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En el caso de Marsha P. Johnson, su muerte continúa rodeada de misterio. Según se sabe, pudo haber tenido que ver con amenazas con la mafia, que como ya sabemos nunca ha estado separada de la comunidad LGBT, no precisamente por apoyo, sino por manipulación y control.

Desde antes de Stonewall, las mafias han controlado los negocios relacionados con la comunidad LGBT, desde bares y clubes, hasta esquemas de prostitución. Para la época, los bares de ambiente solían estar controlados por la mafia porque eran los que podían mantener nexos con las autoridades para operar como cualquier otro club con venta de licores. Sin embargo, las redadas seguían estando a la orden del día.

Después de Stonewall, el papel de la mafia evolucionó al financiamiento de desfiles y festivales de la comunidad con los que recaudaban grandes cantidades de dinero cuyo destino se desconocía. Tal fue el caso del comité organizador del Christopher Street Festival, que alegaba que el dinero que ser recogía durante el reconocido festival iba a supuestas ayuda para la comunidad, pero esto nunca se publicitó porque “simplemente no querían”.

Randy Wicker fue el compañero de piso de Marsha P. Johnson y fundador del movimiento Heritage of Pride, que buscó tomar el control de la organización del Christopher Street Festival.

Hartos del control que imponían estos organizadores, un grupo de la comunidad liderado por Randy Wicker, compañero de piso y amigo de Johnson, decidió denunciar las irregularidades y tomar el control del festival. El grupo, llamado Heritage of Pride o Herencia del Orgullo, recibió su cuota de amenazas de la mafia y nuevas investigaciones han arrojado que la muerte de Marsha P. Johnson pudo tener que ver con miembros de la mafia.

Aunque su autopsia confirmó que no fue ni golpeada antes de caer al río ni ahogada a propósito, puede que haya estado huyendo de alguna persecución y por eso cayó en el muelle. Según se muestra en el documental de Netflix ‘La muerte y vida de Marsha P. Johnson’, un miembro de la mafia amenazó a Randy con que le sucedería lo mismo que a su compañera de piso si no dejaba de enfrentarse al comité de organizadores.

Falta de apoyo a la comunidad trans aviva la tragedia de la discriminación

Al igual que ocurre con el racismo, no es que los casos de violencia y discriminación hacia los transgénero hayan aumentado con el paso del tiempo, sino que han recibido mayor cobertura en los medios. Cuesta creer que una comunidad tan arraigada como lo es la LGBT sigan existiendo crímenes de odio, pero es una triste realidad que sigue muy latente.

De acuerdo con el Observatorio de Personas Trans Asesinadas, “el estigma y la discriminación contra los transgénero y las personas género diversas es real y profundo en todo el mundo, y son parte de un ciclo estructural de opresión”. Al sol de hoy, la comunidad transgénero sigue siendo víctima de “horripilante violencia de odio, incluyendo extorsión, acoso físico y sexual, y asesinato”.

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¿Por qué esta comunidad es la que se ve especialmente golpeada? Generalmente la violencia en contra de los transgénero va relacionada con otros elementos propensos a la discriminación como el racismo, xenofobia y misoginia. Según datos del Observatorio, el 61% de las víctimas son trabajadoras sexuales, mientras que en Estados Unidos el 90% de las víctimas suelen ser de color o nativo americanas, y en Europa, las víctimas generalmente son inmigrantes.

Para algunos miembros de la comunidad, hay mucha hipocresía dentro del movimiento LGBT, en tanto que ya se han logrado objetivos como el matrimonio entre el mismo sexo, pero denuncian que solo unos pocos privilegiados cuentan con ese derecho. ¿Qué ocurre con los sectores menos privilegiados? Y más importante aún, ¿qué ocurre con la comunidad transgénero?

Desde los inicios del movimiento se ha denunciado la discriminación, por ejemplo, no permitiendo que los transgénero estuviesen al frente de las marchas del orgullo, o no dándoles lugar para hablar en eventos. Sobre esto Sylvia Rivera fue muy clara: “Nunca perdonaré al movimiento por lo que le hicieron a mi comunidad”.

Durante este desfile, las transgénero fueron obligadas a ir de últimas en la marcha del orgullo, e incluso abuchearon a Sylvia Rivera cuando se subió a la tarima a criticar la discriminación.

Movimiento LGBT 2.0

Si bien los nombres de Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera han sido completamente conocidos e icónicos dentro de la comunidad trans, es ahora que muchas más personas están aprendiendo sobre sus vidas, gracias a las nuevas plataformas digitales que se han hecho eco de sus historias.

Más allá de conocer sus vidas, es necesario replicar el tema más importante: la violencia y discriminación contra la comunidad transgénero aún existe y no ha dejado de ser grave en ningún momento. No solo existe el secretismo entre las autoridades que estudian este tipo de casos, sino que existe una evidente falta de apoyo con la comunidad dentro del mismo movimiento que debería corregirse.

Deberíamos aprender más del ejemplo de Marsha P. Johnson por su intenso activismo, no solo como pionera defensora de los derechos de las personas LGBT, sino también como “madre” de las transgénero y como activista por la cura del VIH –cuya enfermedad portaba desde 1990–, como parte de la organización ACT UP.

Todos somos seres humanos que tenemos derechos y merecemos encontrar la felicidad en los sitios donde nos sintamos libres de ser quiénes somos. Gracias, Marsha, por enseñarnos que tenemos el derecho de ser libres.

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