Muy probablemente habrás visto este póster en algún momento en tu vida. Lo que transmite es indiscutible: poder femenino en todo su esplendor. Sin embargo, lo que muchos no saben es que tras esa icónica imagen hay una historia bastante curiosa y hoy venimos a contártela.

Todo comienza en Estados Unidos, en la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando los hombres en tuvieron que abandonar sus trabajos y sus hogares para ir a luchar en la guerra. Esto hizo que las mujeres tuvieran que comenzar a dejar sus hogares y sus labores como amas de casa para conseguir trabajo y poder darle el sustento a su familia, cubriendo así los lugares vacíos que dejaron los hombres en sus trabajos, sobre todo en las fábricas y otros sitios en donde el trabajo era bastante pesado.

Estadísticamente, las contrataciones de mujeres pasó de ser de unos 12 millones de trabajadoras en diciembre de 1941 a 19 millones en julio de 1944. De todos los trabajos disponibles, en donde más se emplearon mujeres fue en el sector de la fabricación de guerra, específicamente en el de remachado, en donde habían más de dos millones de trabajadoras. El siguiente fue el de comercio, con poco más de un millón.

Las nuevas trabajadoras provenían, en su mayoría, de trabajos de hogares, otras industrias y las escuelas. Pero, ¿cómo es que este cambio fue tan radical en poco más de dos años? Pues simple: con la ayuda de otras mujeres en cargos de gobierno.

Dentro de las mujeres que apoyaron la idea estaban Frances Perkins, la primera mujer secretaria de trabajo en el Departamento de Trabajo; Thelma McKelvey, encargada de los suministros de mano de obra en la Junta de Producción de Guerra; y Mary Anderson, líder de Oficina de las Mujeres, un departamento que buscaba la contratación de mujeres desde 1920. Ellas trabajaron junto con la Comisión de Mano de Obra de Guerra, un comité asesor de mujeres compuesto por la experta en eficiencia Lillian Gilbreth, la abogada Margaret Hickey y la directora de escuela Maudelle Bousfield.

Este gran grupo se encargó de moldear la percepción pública de las mujeres trabajadoras en tiempos de guerra con la publicación de anuncios y relaciones públicas, pero también se encargaron de asegurarse de que las mujeres efectivamente encontraran los lugares en donde las vacantes eran altas a través del Servicio de Empleo de Estados Unidos.

Se creó un panfleto con los pasos que debían seguir las mujeres para encontrar un trabajo en tiempos de guerra, la cual fue distribuida por la Oficina de Información de Guerra a las editoriales de revistas y periódicos. Se encargaron de crear oficinas locales que dirigían a las empleadas a los sitios que tenían vacantes abiertas y también publicaron anuncios de escuelas de comercios.

Uno de los sectores que necesitaba a más gente era el del remachado y de los trabajos de aviación en general, debido a que era necesario mejorar los aviones para aumentar la velocidad y la eficiencia de los mismos en la guerra. Por eso, se necesitaba personal capaz de eliminar cualquier detalle que sobresaliera de la superficie de los aviones.

Alan Turing, el hombre de descifró Enigma

Para que pudieran hacer el trabajo capacitaron al nuevo personal, el cual presuntamente era perfecto para esta labor, pues las ideas sexistas de ese entonces defendían que las mujeres eran delicadas y eran capaces de hacer un trabajo subdividido en pequeñas labores simples.

Resulta que se sorprendieron al descubrir la eficiencia de las nuevas trabajadoras, las cuales fueron catalogadas incluso como “igual o más eficientes que los hombres”. En realidad, la eficiencia aumentó significativamente, pues estadísticamente antes de que las mujeres llegaran al trabajo, tomaba unas 200.000 horas para hacer un bombardero, pero con la subdivisión de tareas estas se redujeron a tan solo 18.000.

Naomi Parker en la estación aeronaval de Alameda

Es entonces cuando aparece Rosalind Palmer, quien empezó como una remachadora pero luego fue capacitada por un soldador de crackerjack y decidió quedarse con ese trabajo. Ella junto Naomi Parker, una empleada de la estación aeronaval de Alameda, fueron la inspiración para que el artista J. Howard Miller elaborara en 1942 el póster para Westinghouse Electric Company que hoy en día es tan reconocido, en el que destaca ‘Rosie the Riveter’, o en español, ‘Rosie la remachadora’.

Posteriormente, Rosie fue inmortalizada en varios pósters de diferentes compañías, en una canción llamada ‘Rosie the Riveter’ e incluso en una película que lleva el mismo nombre. Así fue como su popularidad se regó hasta hoy en día.

Pero la realidad es distinta

Como seguramente habrás deducido, las diferencias en los pagos entre hombres y mujeres era casi palpable. En 1942, Thelma McKelvey informó que las mujeres recibían entre 10 y 15 centavos menos por hora que los hombres a pesar de las regulaciones de igualdad de salario. Es decir, las mujeres ganaban aproximadamente $44,91 por semana, mientras que los hombres recibían $62,65 en el mismo periodo de tiempo.

Además, forzaron a las mujeres a abandonar sus trabajos luego de que los hombres llegaron de la guerra. Se les decía que su trabajo pertenecía a un soldado y que, por lo tanto, debían devolverlo en cuanto este retornara de la guerra.

También ocurría discriminación con las mujeres negras, a pesar de que representar el 6,5% de las trabajadoras en 1940 a 18% en 1944. En algunos lugares, simplemente no las contrataban, tal como era el caso de la empresa Wagner Electric.

Sin embargo, y a pesar de los aspectos negativos, este contexto fue bastante útil para cambiar el rumbo de las cosas, puesto que incluso después de la guerra, las mujeres comenzaron a buscar trabajos con un mejor salario, más mujeres casadas tenían empleos y poco a poco comenzaron a igualarse las situaciones en este aspecto. Fue gracias al trabajo de grandes líderes en el los departamentos de trabajo y de una buena planificación que todo eso fuera posible, y sin ellas, definitivamente no seríamos lo que somos hoy como sociedad.

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=qWIVSmx0zPE&feature=youtu.be

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