La pandemia del coronavirus ha causado complicaciones en todos los sectores del mundo. Pero, sin lugar a dudas el de la salud se ha visto golpeado directamente y con mucha más intensidad.

La cantidad de pacientes que se deben atender por el COVID-19 no solo inunda los hospitales, clínicas y centros médicos. De hecho, también los sobrecarga tanto que no pueden tampoco ofrecer la calidad de tratamiento habitual a los pacientes que van allí por otras afecciones.

Por esto, muchas de sus prácticas han mutado tratando de ofrecer los mejores resultados dentro de la pandemia. Pero la verdad es que no todos los cambios realizados han sido para mejor. Uno que se ha mostrado más perjudicial es la práctica de separar a las nuevas madres con COVID-19 de sus hijos recién nacidos.

Separación entre madres y bebés

En la actualidad, países como Estados Unidos, Indonesia y China tienen políticas de separación de las madres y los neonatos durante la pandemia si estas son un positivo confirmado o sospechoso del coronavirus.

Esto se hace con la intensión de evitar el contagio del neonato y mantener la seguridad de este. Sin embargo, estas medidas pueden terminar siendo mucho más perjudiciales para el niño que beneficiosas.

Todo esto porque, aunque se lo protege de una amenaza inmediata, se lo deja expuesto a muchas más complicaciones que podrían afectar su desarrollo y salud durante el resto de su vida. Por su parte, países como Australia también estuvieron a punto de aplicar estos métodos, pero luego se retractaron al ver que harían más daño que bien.

Un problema de horarios

Un detalle que puede estar llevando a los hospitales no solo a separar a las madres de sus hijos, sino a estipular el tiempo del parto a través de inducciones o cesáreas tiene que cer con los horarios de atención que estos pueden ofrecer. A pesar de que un parto natural es mucho menos costoso y complicado para el hospital, sus tiempos no son predecibles.

Esta incertidumbre en medio de tiempos de pandemia donde cada centro médico se mueve contra el reloj, hace que muchas veces los profesionales opten por medios que pueden controlar en su totalidad, como los partos inducidos y los procesos de cesárea. Sin embargo, estas no son las mejores decisiones para proteger la salud de la madre o el hijo.

Contacto disminuido al mínimo

Por su parte, para mantener la salud del personal del hospital y disminuir la capacidad de contagio, ya sea que la madre tenga o no coronavirus, las visitas no esenciales se han suspendido. De este modo, otros encuentros como las clases prenatales y las visitas de personales de apoyo.

En países desarrollados esta falta de contacto se ha paleado con las telecomunicaciones y específicamente los servicios de telesalud. Sin embargo, en el resto del mundo estas restricciones generan problemas a todas las nuevas madres que intentan llevar su embarazo y parto de forma normal.

Ansiedad y partos no asistidos profesionalmente

Por si fuera poco, el miedo a la enfermedad, si la madre aún no está contagiada, puede hacer que esta se aleje de los servicios de salud habituales. De hecho, organizaciones médicas como el Real Colegio de Obstetras y Ginecólogos de Australia y Nueva Zelanda (RANZCOG) han declarado su preocupación por el aumento de partos en casa, que no son asistidos por personal calificado.

En estas circunstancias, se habla de dos posibilidades, en primer lugar los profesionales de la salud deben mejorar sus tácticas para ofrecer ambientes verdaderamente seguros para las nuevas madres. Ahora, en segundo, los sistemas de salud comunitarios deben activarse para poder ofrecer asistencia calificada a las madres que deciden dar a luz en casa, de forma que puedan estar tan protegidas del coronavirus como de las complicaciones del parto.

Es vital seguir las recomendaciones apropiadas

Organizaciones como la Organización Mundial de la Salud, el Servicio Nacional de Salud y el Royal College of Obstetricians and Gynecologists, ambos del Reino Unido, han demostrado una postura muy clara en cuanto al trato de se les debe dar a las madres y a los recién nacidos-

Según indicaciones como las de la OMS, estos nunca deberían ser sometidos a una separación prolongada y se encuentran exentos del aislamiento uno del otro incluso cuando el COVID-19 está confirmado.

Esto debido a que elementos como el contacto temprano piel con piel ayuda al bebé en muchos elementos de su desarrollo físico, su adaptación al ambiente fuera del útero, su desarrollo psicológico posterior y la fortaleza de su sistema inmunológico.

Por su parte, el amamantamiento durante la primera hora luego del parto no solo comienza a llenar al bebé con bacterias amigables que fortalecen sus defensas, sino que activan la producción de hormonas en la madre lo que permite que genere más y mejor leche, mientras que sus niveles de oxitocina suben, al igual que los de su bebé, por lo que el estrés se reduce.

Condiciones de seguridad

Por supuesto, para esto es necesario siempre el mantenimiento de ciertos protocolos de seguridad que garanticen el bienestar tanto de la madre y el bebé como del personal. Según la OMS, estos se cumplirán cuando:

  • El personal médico cuente con equipos de protección personal (EPP) completos, lo que incluye las mascarillas N95.
  • Las madres utilicen una mascarilla quirúrgica constantemente durante la segunda etapa del parto.
  • Los cuidadores del bebé sigan estrictos protocolos de lavado de manos y uso de mascarillas alrededor de este.

Si se siguen estas medidas, se podrá garantizar tanto el bienestar físico como psicológico de los pacientes. Esto mientras que los centros de atención médica incluso podrían reducir a la mitad el personal que se necesitaría para atenderlos por separado. De esta forma, se cumpliría con un proceso mucho más sano mientras que se libera fuerza de trabajo.