La pandemia del COVID-19 adquiere proporciones cada vez notorias, con más de 9 millones de contagiados en el planeta y habiéndose llevado alrededor de 450 mil vidas, sigue siendo la preocupación número uno de la ciencia, la medicina y el mundo en este 2020.

Con el tiempo, hemos podido comenzar a notar patrones en este virus, como que no se lleva tan bien con el calor o que suele proliferar más en los individuos de mayor edad o con condiciones de salud prexistentes. Asimismo, también ha sido notorio cómo la población infantil ha salido relativamente ilesa de sus olas de contagio y cómo, en su mayoría, los niños menores de 10 años que sí se contagiaron, solo presentaron síntomas leves, según reportes médicos de países como China, Italia y Corea del Sur.

Para poder comprender más en profundidad este último punto, los científicos lituanos y kurdos, Karzan R. Sidiq, Dana Khdr Sabir, Shakhawan M. Ali y Rimantas Kodzius, se pusieron manos a la obra. Estos buscaron comprender los motivos tras la notoria resistencia de los niños al novedoso coronavirus, SARS-CoV-2.

La pregunta: ¿Por qué aparece esta diferenciación en la inmunidad?

Desde que inició la pandemia, se ha desconocido el motivo por el que los infantes se han visto menos afectados. Hasta los momentos, la explicación exacta permanece en las sombras.

Sin embargo, sí coexisten variadas teorías que podrían explicar al menos en parte por qué los niños parecen más resistentes al coronavirus. Para este caso, la más reciente relaciona al SARS-CoV-2 y su estructura con la de otros virus conocidos como la rubeola y el sarampión.

La hipótesis: las vacunas infantiles podrían tener la respuesta

Específicamente, la relación que se encontró entre estos tres virus tuvo que ver con el rastro dejado por 30 residuos de aminoácidos de las glucoproteínas de cada uno. Para el caso del SARS-CoV-2, hablamos de la glucoproteína Spike (S), para el sarampión es la glucoproteína Fusion y para la rubeola la glucoproteína de la envoltura en la que se encuentra el virus.

Con esta base, los investigadores de la Universidad de Charmo en Irak y de la Universidad Tecnológica de Kaunas (KTU) en Lituania se enfocaron en el estudio de la vacuna MMR, diseñada para contrarrestar las últimas dos enfermedades mencionadas, y que podría estar indirectamente colaborando para alejar el COVID-19 de la población infantil.

Pero… ¿cómo?

Para poder dar una idea más clara de la acción de la vacuna MMR en el organismo de los infantes y su posible acción contra el COVID-19, Rimantas Kodzius, profesor profesor de la Facultad de Tecnología y Negocios de KTU declara:

“Los anticuerpos producidos en los niños debido a la vacuna MMR podrían reconocer algunas partes de proteínas (epítopos) en las proteínas de la punta del SARS-CoV-2. Estos anticuerpos, particularmente en la capa epitelial de las vías respiratorias, bloquean la unión y la entrada del virus a las células”.

Con esto, simplemente explica que la vacuna está diseñada para atacar cierto tipo de elementos en los virus del sarampión y la rubeola. Entonces, como estos son similares en el SARS-CoV-2, la vacuna podría estar participando activamente en la neutralización de los compuestos que le permiten al coronavirus invadir las células e infectar el organismo.

“Somos el primer grupo en proponer la protección de los niños a través de la vacuna MMR y respaldar la afirmación por homología de secuencia entre SARS-CoV-2 con el virus del sarampión y la rubéola” continúa Kodzius.

Este detalle podría explicar la resistencia particular de los niños al virus, ya que, por lo general, al haber recibido la vacuna recientemente, el organismo se hace inmune o resistente a una amplia gama de virus, incluso mayor a la que las vacunas atacan específicamente.

¿Una protección que podría durar dos décadas?

Otro de los puntos que los científicos trataron tuvo que ver con la duración de esta inmunidad por las vacunas infantiles en el organismo. Según sus investigaciones, los efectos de esta llegan a mantenerse en el cuerpo de 15 a 20 años. Por lo que, los individuos podrían contar con esta protección hasta sus tempranos veintes.

Por los momentos, estas hipótesis no se han comprobado por completo y sería necesaria la realización de un análisis experimental para estar seguros. Sin embargo, por ahora, estos datos ofrecen una nueva mirada, desde un ángulo distinto, a un elemento que a la larga nos podría permitir entender mejor al COVID-19 y, sobre todo, cómo detenerlo.

Referencia:

Does Early Childhood Vaccination Protect Against COVID-19? https://doi.org/10.3389/fmolb.2020.00120