El Alzheimer es una enfermedad que diariamente afecta a gran parte de la población. Con la edad el riesgo de padecerla se hace más grande, pero aun así, son pocos los métodos que se tienen para detectar temprana y específicamente su llegada. Esta es una carencia común que se da con la mayoría de las enfermedades neurodegenerativas.

Sin embargo, esto no implica que en la actualidad no se estén buscando opciones. Se han hablado de variadas herramientas de diagnóstico temprano que podrían ser posibles, incluyendo desde pruebas de sangre hasta elementos como por ejemplo la inteligencia artificial. Pero ninguna de estas es una solución definitiva aún.

Como sabemos, el Alzheimer es una enfermedad silenciosa y podría comenzar a afectar al organismo hasta una década antes de que aparezcan los primeros síntomas y el tratamiento para intentar frenar su paso se vuelva más complicado.

Lo que dice una mirada

Entre los posibles métodos de detección temprana se ha hablado de estudiar los ojos como principales biomarcadores prematuros de la enfermedad. Incluso, en investigaciones pasadas se ha hablado de la posibilidad de que elementos tan comunes como el proceso de dilatación y contracción de la pupila puedan ser síntomas delatores.

Por otra parte, algunas otras han revelado la relación existente entre el desarrollo y grosor de la retina con la posibilidad de padecer Alzheimer. Ahora, esta nueva investigación llevada a cabo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha tomado esta última posibilidad he intentado llevarla un poco más allá.

El secreto oculto en nuestra retina

“Este estudio confirma que los primeros cambios en la retina, que es una proyección del cerebro, se producen muy pronto en el Alzheimer, siendo la zona macular la más afectada, que además es una región especializada en la visión del detalle y del color”.

Ha sido lo declarado por José M. Ramírez, profesor de oftalmología en la UMC y director del Instituto de Investigaciones Oftalmológicas Ramón Castroviejo (IIORC). Los resultados del estudio se publicaron recientemente en la revista virtual Journal of Clinical Medicine y han actuado como un nuevo comprobante del valor de la retina como un biomarcador del Alzheimer temprano o de la posibilidad de desarrollarlo.

Además, por si fuera poco, los investigadores han ido un poco más lejos y detectado que las variaciones en el grosos de la mácula (parte central de la retina) no solo se dan como tal en los pacientes sino también en sus familiares. Con esto se revela que incluso estos tienen la posibilidad genética de desarrollar la enfermedad, incluso si no se ha manifestado aún. Gracias, a conocimientos como estos, las posibilidades y beneficios de un diagnostico precoz del Alzheimer parecen estar cada vez más cerca.

Una primera vez para la ciencia

A pesar de que los trabajos sobre la relación entre la salud de la retina y el Alzheimer ya se han realizado, esta es la primera vez que una investigación incluye a los familiares en el espectro del estudio. Durante los últimos 3 años, los investigadores estudiaron de forma sostenida a 64 personas –de las que 35 eran familiares de individuos con Alzheimer–.

Todos estos manifestaban la mutación del gen ApoE, que los hacía propensos a desarrollar la enfermedad, y el adelgazamiento de la mácula de la retina. Ninguno de estos presentó durante la investigación síntomas de degeneración cognitiva como pérdida de memoria. Algo que sí hicieron sus familiares con la condición, pero el riesgo se mantuvo latente.

Esta ha sido la primera vez en la que se ha estudiado a profundidad y capa por capa la relación entre la retina y este riesgo. Dentro de la investigación, las diferencias entre una retina “sana” y una de un individuo con riesgo de padecer Alzheimer fue de 7 micras –siendo esta última la más delgada–.

Para poder detectar esta diferencia los investigadores se valieron de una tomografía de coherencia óptica (OCT). Con esta, solo se requiere un haz de luz que pase por la pupila previamente dilatada. Todo esto, para poder hacer un barrido completo de la retina, sus capas y la combinación de estas.

En un futuro

Para llevar a cabo esta investigación, muchas instituciones, hospitales y entidades privadas se unieron. Por esto, nos encontramos desde nombres de organizaciones como Instituto de Salud Carlos III, el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico San Carlos, el Hospital General Universitario Gregorio Marañón y el Hospital Clínico Universitario San Carlos hasta el CIBER de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas y el OFTARED‐ISCIII.

Los investigadores esperan que esta colaboración no llegue a su fin con la publicación de este trabajo. Gracias a estos resultados, se abren las puertas a nuevas posibilidades de diagnóstico. Pero, también crece la posibilidad de realizar nuevas pruebas y ensayos clínicos que permitan identificar fármacos capaces de frenar tempranamente el avance de la enfermedad. En pocas palabras, aún queda mucho camino por recorrer, pero, afortunadamente, ahora este es más claro que antes.

Referencia:

Macular Thickness Decrease in Asymptomatic Subjects at High Genetic Risk of Developing Alzheimer’s Disease: An OCT Study: https://doi.org/10.3390/jcm9061728