A la fecha (24 de junio) se tiene registro de que más de 9.400.000 personas han contraído la infección por el coronavirus SARS-CoV-2, agente causal de la enfermedad COVID-19, responsable de más de 480.000 muertes.

La causa indirecta de mortalidad en COVID-19 es la falta de comunicación entre el sistema inmune innato y el adaptativo, lo que resulta en una falla en la producción de anticuerpos efectivos contra el coronavirus a tiempo.

Ganar tiempo

La respuesta inmune adaptativa tarda mucho más que la respuesta inmune innata para comenzar a atacar efectivamente a un nuevo patógeno. Esto significa que hay un período en el que solo el sistema inmune innato está luchando contra la infección y, en este período, la respuesta inmune puede volverse demasiado agresiva, lo que daña otros sistemas.

El crecimiento del virus hace que el sistema inmune secrete material inflamatorio (líquido y células inflamatorias) en los pulmones. Como resultado, los pulmones se llenan de líquido, lo que reduce la capacidad del cuerpo para intercambiar gases.

Utilizados correctamente, los bacteriófagos tienen la ventaja de poder atacar muy específicamente a las bacterias que causan infecciones secundarias en los pulmones.

Los restos de células respiratorias humanas moribundas e infectadas por virus pueden convertirse en un sustrato para el crecimiento de bacterias, un efecto secundario de la infección coronavírica. Este crecimiento de bacterias hace que el sistema inmune innato secrete material inflamatorio adicional en los alvéolos cercanos.

Este crecimiento bacteriano, junto con la producción retardada de anticuerpos, son factores que contribuyen significativamente a la tasa de mortalidad en COVID-19; pero si se pudiera reducir la tasa de crecimiento bacteriano en el sistema respiratorio del paciente, se podría ganar tiempo adicional necesario para que el sistema inmunitario produjera anticuerpos específicos para combatir el coronavirus.

Una alternativa viable

Bajo esta premisa, un reciente estudio evaluó el potencial de los bacteriófagos, virus que atacan selectivamente especies de bacterias, como una alternativa viable para disminuir el crecimiento bacteriano, y con ello reducir la tasa de mortalidad de los pacientes con COVID-19 en estado grave.

En referencia a este enfoque el doctor Marcin W. Wojewodzic, catedrático en le Escuela de Biociencias de la Universidad de Birmingham en Reino Unido y autor del estudio, explicó:

“La tasa de crecimiento bacteriano podría reducirse potencialmente mediante la aplicación en aerosol de bacteriófagos naturales. Estos se aprovechan de las principales especies de bacterias que se sabe que causan insuficiencia respiratoria”.

La disminución del crecimiento bacteriano le daría al cuerpo más tiempo para producir anticuerpos protectores contra el patógeno coronavírico.

El escenario del ataque es el siguiente: el bacteriófago se adhiere a una bacteria susceptible y secuestra la maquinaria bioquímica de la bacteria para producir múltiples copias de sí mismo. La bacteria luego sufre destrucción y se liberan nuevas copias del bacteriófago que infectan, exclusivamente, otras bacterias de la misma especie en las áreas vecinas.

Utilizados correctamente, los fagos tienen la ventaja de poder atacar muy específicamente a las bacterias que causan infecciones secundarias en los pulmones de los pacientes con COVID-19.

De acuerdo a esta propuesta, la disminución del crecimiento bacteriano le daría al cuerpo más tiempo para producir anticuerpos protectores contra el patógeno coronavírico y detener el daño causado por una reacción inmunológica excesiva, lo que puede mejorar sustancialmente las probabilidades de supervivencia en pacientes con COVID-19 en estado grave.

Referencia: Bacteriophages Could Be a Potential Game Changer in the Trajectory of Coronavirus Disease (COVID-19). PHAGE: Therapy, Applications and Research, 2020. http://dx.doi.org/10.1089/phage.2020.0014