La apnea del sueño es un trastorno que se presenta cuando las vías respiratorias colapsan o se obstruyen mientras las personas duermen. Por lo general, estas se traducen en sonoros ronquidos durante la noche y mayor fatiga reportada durante el día.

En la actualidad, las estimaciones indican que al menos 29 millones de adultos estadounidenses posiblemente padecen este trastorno. Sin embargo, la gran mayoría de estos probablemente ni siquiera saben que lo padecen pues no han sido diagnosticados.

La reciente investigación de la revista Journal of Clinical Sleep Medicine aborda la apnea obstructiva del sueño y plantea formas de prevenir o disminuir su efecto. Pero, el método que sugiere, podría llegar a ser tan beneficioso como para quienes la padezcan como para quienes no.

Buscando nuevas alternativas

Por lo general, lo primero que se le indica a las personas es que cambien su postura al dormir, que ingieran menos alcohol y que, si están obesos, bajen de peso –pues todos estos son factores que se han relacionado con una alta incidencia del trastorno. En caso de que esto no resulte, entonces se opta por aparatos externos como dispositivos orales que eviten el colapso del tracto respiratorio o –en casos más extremos– por la cirugía.

Antes de llegar a tales extremos, es posible que los pacientes quieran darle una oportunidad a esta alternativa. No es una recomendación particularmente novedosa, pero ahora se ha relacionado específicamente con beneficios específicos que disminuyen el padecimiento de este trastorno. Dicha recomendación es la de incluir actividad física en la vida diaria.

Entonces, para poder mostrar la relación entre el ejercicio y la apnea del sueño, se analizaron las encuestas de más de 155 mil adultos (60% mujeres y 40% hombres) que participaron en el Estudio de Salud de Ontario, Canadá. De estos, solo el 6,9% reportó estar diagnosticado con el trastorno.

Hasta el más pequeño esfuerzo hace la diferencia

La investigación determinó que estos que reportaban sufrir de apnea pasaban sentados 4,4 horas diarias más que quienes no la sufrían. Por lo que, se vio que sedentarismo es un elemento común en el desarrollo de estos trastornos.

Pero, lo que sorprendió más a los investigadores fue descubrir que hasta el más leve aumento en la actividad física podía traducirse en una disminución de la incidencia de la apnea del sueño. Además, esta ni siquiera tenía que consistir en ejercicios de alta intensidad, sino que incluso las actividades de bajo impacto (como una caminata) podían tener resultados notorios y beneficiosos de hasta un 10% de mejora del trastorno.

En específico, según sus análisis, fue posible determinar que elementos tan simples como 20 minutos de caminada diarios, más un aumento do 8 minutos en alguna actividad física de alto impacto, eran lo que se necesitaba para disminuir notoriamente el riesgo de sufrir de apnea del sueño.

Para poder estar seguros de estos resultados, se controlaron otras variables como el sexo, la edad, la etnia y el índice de masa corporal. De esta forma, se pudo notar que estas no tenían una influencia particular y que los cambios se producían al alterar la actividad física.

Más allá de los ronquidos

En efecto, la apnea del sueño puede ser muy molesta tanto para quien la padece como para quienes viven con la persona. Sin embargo, el mayor problema de ella son los riesgos que puede desencadenar.

Por ejemplo, esta se ha llegado a asociar con una incidencia más notoria de enfermedades cardiacas, accidentes cerebrovasculares, hipertensión y otras afecciones derivadas de una falta de oxigenación adecuada de la sangre y del organismo.

Debido a esto, la necesidad de controlarlas y prevenirlas se convierte en un asunto de interés para la salud pública. Además, según los investigadores, en los últimos años las tasas tanto de adultos como niños con apnea del sueño han venido al alza. Por lo que, es imperante que los profesionales de la salud del sueño comiencen a desarrollar estrategias para atacar este problema.

Como este estudio se trató de una investigación transversal, no pudo hacer un seguimiento longitudinal en el tiempo para observar con más cuidado la relación entre la apnea del sueño y el ejercicio. No obstante, sus resultados son notorios y junto con otros postulados de anteriores investigaciones que corroboran la correlación entre uno y otro, pronto podrían comenzar a impulsar a los profesionales de la salud del sueño a alentar a sus pacientes a hacer ejercicio. Además, de un modo u otro, esta costumbre terminará por ofrecer beneficios generales para su salud integral.

Referencia:

Physical Activity is Associated With Reduced Prevalence of Self-Reported Obstructive Sleep Apnea in a Large, General Population Cohort Study: https://doi.org/10.5664/jcsm.8456