Si existió alguien que realmente luchó por los derechos LGBT+ en su época, esa definitivamente fue Sylvia Rivera. Esta mujer trans tuvo una vida bastante complicada, por lo que se dedicó a luchar arduamente por hacer valer sus derechos, tal como lo haría cualquier otro ser humano. Sin embargo, no todos conocen su historia, así que hoy te contaremos cuáles fueron los aportes de esta latina al movimiento.

Rivera nació en Nueva York en el año 1951, hija de un puertorriqueño y una venezolana. Cuando tenía tan solo tres años, su padrastro amenazó con matarla a ella y a su madre, y esta última, poco tiempo después, se suicidó.

Desde lo 10 años, Rivera comenzó a ganarse la vida como trabajadora sexual en Times Square. Por lo tanto, su infancia estuvo rodeada de drogas y violencia callejera. Sin embargo, y a pesar de esto, también tuvo que lidiar con los policías. De hecho, en una ocasión tuvo que saltar de un auto en movimiento para evitar ser arrestada.

Desde siempre supo quién era, a pesar de que en la época no era muy utilizado el término “transgénero” (para describir a los transgénero, utilizaban “transexual” o “travestis”). A pesar de eso, a Rivera no le importaba lo que dijeran los demás, e incluso se dice que llevaba maquillaje cuando solo estaba en cuarto grado.

Esta infancia complicada hizo que Rivera se convirtiera en una mujer fuerte que se hacía valer. En 1963, conoció a Marsha P. Johnson, quien rápidamente se convirtió en su mejor amiga, al punto que Rivera la consideraba como una madre, y pronto ambas comenzaron a luchar juntas por hacerse valer como parte de la comunidad. Ellas influyeron en la decisión de que la letra T formara parte de las siglas LGBT+.

Así vivieron ambas hasta los sucesos de Stonewall que les cambió la vida.

“¡Es la revolución!”

Esto fue lo que gritó Rivera al hablar sobre Stonewall en una entrevista de 1989 para Making Gay History. En ella, Rivera comenta que, antes de unirse a la lucha por la igualdad LGBT+, participó en el movimiento de Liberación Negra, pues se describía a sí misma como una persona con mucha rabia hacia la forma en la que era el mundo. Dijo que siempre había tenido sangre revolucionaria.

Cuando le preguntaron por Stonewall, admitió que esa era la primera vez que iba al local. Dice que estaba predestinada a estar en ese lugar y en ese momento.

“Acabábamos de regresar de Washington, mi primer amante y yo. En ese momento estábamos haciendo mucho dinero. Estábamos pasando cheques falsificados. Y yo dije: “Vayamos a Stonewall” y cuando sucedió, mi amigo dijo: ” No te vayas”. Y yo dije: “¿Por qué no? Me tengo que ir. Tengo que ser parte de esto”. Le dije: “Tengo que hacerlo. El sentimiento está aquí”. Significó mucho y me alegré de estar allí”.

Las manifestaciones comenzaron un año después de Stonewall, en 1970. Sin embargo, y a pesar de lo que defendía el movimiento, algunas personas no querían que las personas transgénero formaran parte de él. Aún así, Rivera y Johnson continuaron participando, hasta 1973 cuando se les prohibió hablar en marcha anual del Orgullo. Rivera no dejó que la detuvieran y, aún así, agarró el micrófono y vociferó: “Si no fuera por la drag queen, no habría movimiento de liberación gay”.

La abuchearon y la expulsaron de la marcha. Esto afectó muchísimo a Rivera, quien estuvo al borde del suicidio. Sin embargo, Johnson la ayudó a salir de ese mal momento, y posteriormente decidió abandonar Nueva York y también el activismo.

Rivera también llegó a tener una personalidad drag y era parte del grupo Hot Peaches. Junto a Johnson, fundó el edificio STAR (Street Transvestite Action Revolutionaries), el cual buscaba proteger a las personas transgénero que habían sido echadas a la cale. Sin embargo, lamentablemente no lograron el apoyo total de la comunidad. En la entrevista de 1989, Rivera afirmó entre lágrimas lo siguiente:

“Hicimos mucho en ese entonces. Dormimos en las calles. Marsha y yo teníamos un edificio en Second Street, al que llamamos STAR House. Cuando le pedimos a la comunidad que nos ayudara no había nadie para ayudarnos. No fuimos nada. ¡No fuimos nada!”.

Johnson y Rivera hicieron mucho por la comunidad, abriéndole los ojos a otras personas homosexuales y demostrando que existen otras minorías que también necesitaban ser aceptadas. Lamentablemente, todo lo que hicieron no fue debidamente reconocido en ese momento, pero precisamente por eso es que esta generación debe mantener su recuerdo vivo, de forma que sean reconocidas como siempre lo merecieron.