Convertirse en padre es fácilmente uno de los cambios más notorios que experimenta un hombre durante su vida. Junto con el nuevo rol llegan responsabilidades, expectativas y presiones que anteriormente no estaban allí.

Por esto, la paternidad, al igual que la maternidad, es un proceso de aprendizaje conjunto en el que, mientras que el padre intenta transmitir sus conocimientos y criar a su hijo, al mismo tiempo aprende de él para poder comprenderlo y hacer que su relación crezca a la par con ambos.

El rol de padre no se trata de un elemento estático y puede cambiar dependiendo de muchas condiciones, más allá del crecimiento de los hijos. Elementos como la situación marital, tener un nuevo trabajo o el perder que se tenía, el volver a la escuela, la pérdida de un miembro de la familia por fallecimiento, etc. pueden terminar afectando el tipo de paternidad que ejerzan los hombres y también lo que se espera de ellos cuando lo hacen.

…¿Y las instrucciones?

A pesar de que en la actualidad existen millones de libros, charlas, cursos, orientadores y médicos que pueden ofrecer información valiosa para la crianza, la verdad es que esta sigue siendo una aventura única para cada persona. Las madres, por su lado, tienen cambios biológicos después del parto que las hacen desarrollar ese llamado “instinto maternal”.

Por su parte, los padres no pasan por este proceso y, por ende, la forma en la que viven la paternidad es distinta. En este proceso de aprendizaje constante, cada uno puede comenzar a desarrollar sus propias herramientas y fortalezas a la hora de participar en la crianza de sus hijos.

Sin embargo, no hay un manual que les permita saber si van o no por buen camino y esto puede desconcertar a muchos. Sobre todo en la actualidad, cuando el rol del padre está evolucionando hacia una figura mucho más activa en la crianza y no simplemente una proveedora de sustento y techo. De hecho, se ha visto que al menos el 90% de los padres residentes (aquellos que viven con la madre y los hijos) participan ahora más activamente incluso en las actividades prenatales relacionadas con el cuidado y mantenimiento de un embarazo sano.

El rol de padre “tradicional”

Si nos remontamos uno o dos siglos en el pasado, veremos que la idea de la paternidad se ajustaba a ser el sostén económico de la familia y la autoridad que determinaba los valores familiares y las creencias religiosas. Y, de hecho, tan solo un par de décadas atrás, el rol de un padre estaba más cercano a esta idea centenaria que al que vemos en la actualidad.

Por cientos de años, se vio en este una dicotomía que lo presentaba o como “la billetera” que brindaba el apoyo financiero pero a cambio casi nunca estaba en casa, o como el “severo o estricto” que imponía el orden, la disciplina y estaba a cargo de la casa, por lo que solía imponer una constante distancia emocional con sus hijos.

Debido a esto, la historia se ha encargado con mucho más ahínco en estudiar la influencia de la madre en la crianza de los niños y su desempeño en la vida adulta. Ahora, en las últimas 3 décadas, el peso de los padres en esta área comienza a notarse más y cada vez se presta más atención a las relaciones que estos desarrollan con sus hijos y cómo estas pueden influir en su futuro. Esto finalmente no ha permitido entender que el amor de un padre es tan valioso para la crianza y desarrollo de los niños como el de una madre. Un detalle que se ha podido apreciar ahora que los padres han evolucionado a una versión más “moderna”.

¿Qué se espera de los padres en la actualidad?

Como lo hemos mencionado, la paternidad no solo involucra cambios de patrones mentales internos, sino que también intervienen nuevas expectativas que impone la sociedad sobre lo que debería ser un padre en la actualidad. En este sentido, por lo general se espera que las figuras paternas cumplan con una o varias –sino todas– de las siguientes características:

  • Que sean las figuras de autoridad que impongan la disciplina.
  • Se convierten sean los principales compañeros de juego en las actividades físicas de los niños y probablemente incluso sus entrenadores y principales fuentes de referencia cuando estos practiquen algún deporte.
  • Que participen en las actividades de enseñanza y provean orientación a los niños durante estas.

Además de esto, muchos padres han comenzado a optar por adoptar nuevas labores que la sociedad comienza a asociar también con ellos en lugar de solo con las madres, como por ejemplo cocinar con y para los niños, encargarse de sus cuidados diarios y velar por su salud en general y su buena higiene.

Los padres modernos

Esta nueva perspectiva sobre la paternidad y el rol que estos deberían ocupar en las vidas de los hijos se ha destacado por un elemento, la variedad. A medida que la sociedad avanza nos hemos dado cuenta que simplemente no existe un modelo único de paternidad que todos deben seguir.

Sin embargo, sí existen algunas características o percepciones que se pueden volver universales. Como ejemplo, tenemos la llegada de la nueva figura de “el cuidador” que igualmente puede proveer económicamente a la familia e imponer disciplina si es necesario, pero se le añade un elemento más a la ecuación, la interacción cercana y constante con sus hijos.

Muchos de estos cambios se deben a modificaciones en los patrones sociales, como el aumento de la fuerza de trabajo femenina y los cambios en el hogar que esto trae. Sin embargo, no fueron los únicos motivos, de hecho variados elementos, según el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano (NICHD, por sus siglas en inglés) pueden interferir favorablemente para que se dé esta situación de mayor participación. Entre los factores más comunes se encontró que los padres tienden a involucrarse más cuando:

  • Trabajaban menos horas que otros padres
  • Las madres trabajaban más horas que otras madres
  • Los padres tenían mejor salud mental y alta autoestima
  • Cuando eran mejores para sobrellevar problemas y responsabilidades de la edad adulta
  • Cuando los hijos aún eran infantes.

Así, el padre, en sus muchas presentaciones, deja de ser que se va por la mañana, llega por la noche y trae comida o juguetes. Ahora, se convierte en un modelo a seguir, un compañero e incluso un amigo con el que los hijos pueden compartir y al cual los niños desarrollan respeto basados en el cariño y no en el miedo o en una imposición cultural.

Tipos de padres modernos

En la actualidad, todos estos cambios sociales nos han hecho ver que no existe solo una realidad, como lo hemos mencionado. Por lo que, para entender al padre moderno es necesario visitar todas sus presentaciones.

Padres no residenciales

En primer lugar, nos encontramos con los padres no residenciales, es decir, aquellos que no viven en el hogar con la madre o los hijos. Usualmente estos se generan cuando no se encuentran legalmente comprometidos con la pareja, por lo que la mujer da a luz como soltera.

Como no comparten un mismo techo, lo que se espera de ellos y las dinámicas que pueden llegar a tener con sus hijos cambian. Sin embargo, sí existen algunos puntos comunes que se pueden ver como expectativas para los padres no residenciales, entre los cuales podemos mencionar:

  • Ofrecer atención a los infantes
  • Ser fuentes de apoyo emocional
  • Dar apoyo financiero a la madre y los niños

Asimismo, se espera que, aunque no se haga un compromiso de pareja, sí se desarrolle uno de paternidad al establecer la paternidad legal de los hijos. Aun así, muchos obstáculos no registrados en estos puntos pueden afectar el desempeño de un padre no residencial, como por ejemplo la falta de ingresos, una mala relación con la madre de los niños y la influencia de los estereotipos culturales. Por lo que, a veces pueden tener problemas para ser una figura constante en las vidas de sus hijos, aunque esto no implica que sea una tarea imposible. Sobre todo porque lo más importante que deben ofrecer, su cariño y apoyo emocional, no vienen condicionados por ninguno de los puntos anteriores y no deberían verse mermados.

Padres divorciados

Los padres divorciados pasan por una situación similar a los no residentes, teniendo que cumplir con un número de exigencias, pero sin la posibilidad de ver a sus hijos con la misma frecuencia con la que los veía antes del divorcio. En estos casos, se espera que los padres sean capaces de proveer al niño con un ambiente de crianza apropiado tanto económica como emocionalmente.

Para esto, en primer lugar se espera que de una manutención a la madre y, para el segundo punto, que se mantenga siempre accesible para sus hijos, de forma que estos puedan vivir en un entorno saludable, seguro y, sobre todo, estable.

Por su parte, para lograr esto muchas veces es necesario que se realicen arreglos de custodia tan claros como justos, que el conflicto parental se reduzca al mínimo y que tanto la figura materna como la paterna hagan gala de una estabilidad emocional suficiente como para no transmitir los conflictos a sus hijos.

Si todo esto se da, incluso si la cantidad de tiempo con los niños no es la misma, la calidad de este lo compensará. Ya que el padre será capaz de dejar una huella positiva en sus vidas y colaborar constructivamente para que tengan una crianza sana.

Padrastros

La otra cara de los padres divorciados son los padrastros, que deben llegar a una dinámica familiar nueva –y probablemente ajustarse también a otra que dejan atrás–. En estos casos, el punto se vuelve incluso más delicado, pues deben encontrar un nuevo lugar en la familia y comprender el hecho de que podrían pasar años antes de que sean vistos como una figura “paterna” para sus hijastros. En estos casos, nuevamente, la colaboración es clave, tanto el padre biológico como el padrastro y la madre deberán establecer un equilibrio que les permita convivir sin desautorizarse mutuamente y poder mantener unas bases sólidas sobre las que los niños puedan crecer sintiéndose seguros.

Padres gays

Ahora que varias partes del mundo finalmente están aceptando la adopción por parte de parejas homosexuales, los prejuicios de la sociedad vuelven a salir a colación. Han sido incontables las veces en las que se ha hablado de que ser criados por dos padres hombres puede afectar la salud mental de los niños.

La ciencia ya se ha encargado de desmentir por completo este mito y demostrar que no hay efectos negativos psicológicos de ningún tipo en los niños criados por parejas gays. Empíricamente no hay evidencia de que los homosexuales no puedan ser buenos padres y, en realidad, estudios han comprobado que son tan capaces de proveer ambientes tan hogareños como los heterosexuales. Por lo que su dinámica con los hijos y lo que se espera de ellos en las familias no cambia.

Padres que se quedan en casa

Mientras más mujeres comienzan a tomar la delantera en el campo laboral y a pasar más horas fuera de casa, los padres han comenzado a acoplarse al nuevo rol de “papás en casa” que se encargan del cuidado de los niños y de la regulación de sus actividades como las escolares y los momentos de recreación.

A pesar de que aún no son una mayoría, el número ha comenzado a aumentar con relativa rapidez. En estos casos, su labor de cuidadores se enfrasca principalmente en los cuidados físicos y emocionales de los hijos, en lugar de ser el proveedor del hogar. Aun así, tanto él como la madre pueden ser las fuentes de disciplina en este.

Esta decisión puede estar llena de juicios contra los padres, porque se alejan de los cánones sociales. Pero, afortunadamente estos están comenzando a mutar para aceptar que estas características “femeninas” como las muestras de afecto y el cuidado a los hijos son, en realidad, elementos que la pareja puede manifestar por igual.

¿Qué es ser un buen padre?

A pesar de todo, ninguno de estos roles, ni los tradicionalmente esperados ni los recientemente añadidos, vienen con instrucciones. Ser padre se convierte en un arte que cada individuo desarrolla dependiendo de sus propias realidades, habilidades, dinámicas de pareja y personalidades de sus hijos

Por lo que, no existe una definición única que determine lo que es una buena paternidad. Sin embargo, sí se puede resaltar que ahora que los hombres están participando más activamente en la crianza de sus hijos han reportado ser padres más felices.

Asimismo, estudios científicos han comprobado que el apoyo de estos puede ayudar a los niños a desarrollar cerebros más grandes y a disminuir el porcentaje de ausentismo escolar.

En pocas palabras, sea del modo que sea, por periodos largos o cortos, un padre que esté presente en las vidas de sus hijos y les muestre su apoyo va por buen camino en ese viaje impredecible que es la paternidad. Nunca se ha dicho que sea fácil, pero ellos están allí intentándolo de todas formas, por esto, en este Día del Padre recordemos darles todo el reconocimiento y afecto que se merecen.

¡Feliz día a todos los padres!