La vida de las personas que sufren de un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), pensamientos o sensaciones recurrentes y no deseadas que los impulsa a hacer algo de forma repetitiva, no es fácil, y puede resultar particularmente desafiante en estos tiempos de pandemia.

El TOC puede manifestarse de muchas maneras diferentes, todas ellas conectadas a una tensión central: la necesidad de certeza junto con una lucha constante para tratar de escapar de la ansiedad.

Validar y potenciar los miedos

Para aquellos que tienen TOC de contaminación, un subconjunto de la condición de salud mental en la que las personas están aterrorizadas de contraer una infección, los gérmenes representan la máxima incertidumbre porque son percibidos como una amenaza invisible que no se puede evitar.

Con trabajo, estas personas pueden lograr momentos de claridad ganados con esfuerzo donde saben que, si bien la vida puede ser incierta, es poco probable que tengan un mayor riesgo de contraer una enfermedad en particular. Pero un brote tan extendido y mortal como COVID-19 puede validar esos miedos originales y potenciarlos aún más.

Las personas con un trastorno obsesivo compulsivo tienen pensamientos o sensaciones recurrentes y no deseadas que los impulsa a hacer algo de forma repetitiva.

Pero las personas con TOCs que tienen obsesiones y rituales que tienen poco o nada que ver con la contaminación o los gérmenes también se ven afectados por la pandemia y las cuarentenas de diferentes formas.

Para muchos, gran parte de su TOC se manifiesta en la inflexibilidad, incluyendo horarios de comidas y ejercicio, hasta los lugares que visitan y precisas rutinas laborales, por lo que la repentina imposición de quedarse en casa por la pandemia altera su “perfeccionada existencia” diaria, generando una agotadora batalla personal.

¿Cómo afrontarlo?

Conscientes de esto, expertos hacen una serie de recomendaciones para ayudar a estas personas a sobrellevar esta difícil situación. Inicialmente, las personas con TOC deben recordar que a pesar de las elevadas presiones, las herramientas aprendidas en terapia, siguen siendo válidas y cruciales.

Muchas de estas herramientas están destinadas a reducir y detener lo que puede parecer un remolino violento de pensamientos no deseados, incluyendo ejercicios de comportamiento útiles como detener el pensamiento, verificar la realidad y evitar el “catastrofismo”. Básicamente, se trata de respirar e intentar recordar que no existe una amenaza grave que exija ciertos rituales.

Las personas con TOC de contaminación, que les aterroriza contraer una infección, los gérmenes presentan la máxima incertidumbre y son percibidos como una amenaza invisible inevitable.

En algunos casos, la imprevisibilidad y la severidad de COVID-19 podría parecer que entra directamente en conflicto con ese consejo. Para combatir tales pensamientos tanto como sea posible, las personas con TOC deben reconocer las inusuales circunstancias sin llegar a conclusiones o preocupaciones que, con años de arduo trabajo en terapia, han superado.

Tratar de mantener una rutina regular lo mejor posible es un aspecto importante, ya que en muchos casos, la cuarentena promueve mucho tiempo de inactividad, que puede ser un enemigo o un aliado para las personas con TOC, dependiendo de sus síntomas.

Si bien no es posible socializar como de costumbre, la socialización a distancia puede ayudar e incluso ser crucial para minimizar el impacto negativo del aislamiento y el vacío que crea, con miras a limitar o reprimir los pensamientos perniciosos que distinguen al TOC.

La pandemia puede tener consecuencias a largo plazo para algunos pacientes con TOC, pero el tratamiento continuo puede ayudar. Sentir miedo ahora es natural y no debería desencadenar una ola de autocrítica. Ser capaz de adaptarse a nuevas situaciones, incluso a algo tan extremo como lo que vivimos, no representa un revés, sino una ganancia.

Referencia: COVID-19 Worsens Obsessive-Compulsive Disorder—but Therapy Offers Coping Skills. Scientific American, 2020. https://bit.ly/30TgsJu