Seguramente habrás escuchado acerca de cómo, en la Antigua Grecia, los homosexuales eran aceptados y las personas no eran juzgadas por su orientación sexual. Se dice que, en ese entonces, las personas podían ser libres.

Sin embargo, en realidad esta concepción no es más que el resultado de una ligera alteración de la historia a lo largo de los años. La verdad es que todo parece una gran confusión.

Si bien en la literatura griega podemos encontrar ejemplos de lo que eran las relaciones entre personas del mismo sexo, algunas han sido tomadas como ejemplos de relaciones homosexuales que en realidad nunca fueron descritas como tal. Un ejemplo de ello son Aquiles y Patroclo en la Ilíada, obra en la cual se describe que ambos personajes se tienen un amor profundo, pero nunca se habla de ellos como amantes en todo el sentido de la palabra.

Alejandro Magno también tiene una descripción similar, especialmente después de la película del 2004. Sin embargo, los registros históricos aseguran que este personaje en realidad tenía distintas amantes femeninas por cada noche.

Incluso Oscar Wilde utilizó como referencia las relaciones homosexuales en la Antigua Grecia para pronunciar su famoso discurso ‘Amor que no se atreve a pronunciar su nombre’ durante su juicio penal por sodomía en abril de 1895, así como también escribió al respecto también en varias de sus obras. En ese entonces, hizo referencia a Platón, quien en algún momento escribió que los amantes del mismo sexo son más bendecidos que el resto.

Sin embargo, el filósofo griego también cambió de opinión, diciendo posteriormente que este acto era “completamente impío”. Entonces ¿por qué llegamos a esta concepción de la época?

Parece que la respuesta podemos encontrarla a partir de 1978, cuando se publicó el libro ‘Homosexualidad griega’ de Kenneth Dover. Desde entonces, la homosexualidad en la Antigua Grecia ha sido muy discutida, sobre todo desde los puntos de vista sociológico y antropológico.

Dover, en su libro, se enfocó en analizar la homosexualidad de la época a partir de obras o pinturas de jarrones, además de algunas descripciones homoeróticas descritas por Platón. Sin embargo, no incluyó algunos datos importantes, tales como las leyes contra homosexuales u otros detalles que mostraban otro punto de vista al respecto.

A pesar de esto, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo efectivamente existieron en la Antigua Grecia. Sin embargo, no existía alguna palabra como ‘homosexual’ para describir dichos actos, sino que lo consideraban parte de la afrodisía o del amor. El término que conocemos hoy en día apenas fue utilizado por primera vez en 1869 por el médico húngaro Karl-Maria Kertbeny.

Esto quiere decir que, en la época, la sexualidad era simplemente eso, sexualidad. No había distinciones o categorías y, por lo tanto, tampoco discriminación. Sin embargo, sí se estigmatizan a los hombres que disfrutaban ser penetrados, a los cuales se les llamaba “kinaidoi” de forma despectiva.

En general, en el resto de las sociedades griegas, la homosexualidad no era bien recibida. En Esparta, el hecho de ser dominante era mucho más noble que ser pasivo, por lo que para ellos, adoptar un rol pasivo dentro de las relaciones sexuales era considerado una especie de traidor. Así mismo sucedía en Corinto. Probablemente esta sea la razón de que no veamos ningún tipo de expresión artística relacionada con la homosexualidad en el periodo helenístico.

Platón fue malinterpretado

Entonces, en vista de todo esto, ¿será esta la razón por la que Platón cambió de opinión? Pues en realidad, los pensamientos del filósofo no fueron alterados, solo malinterpretados.

Cuando Platón habló sobre el amor entre dos hombres, no se refería al acto sexual en sí mismo o al amor romántico. En realidad, hablaba más acerca de la amistad y del amor espiritual, por así decirlo. Defendía que el amor o amistad entre dos hombres era mucho más fuerte al que se puede tener entre un hombre y una mujer, incluso por encima de las relaciones sexuales. Sin embargo, él estaba estrictamente en desacuerdo con la homosexualidad.

Entonces podríamos decir que las relaciones homosexuales sí eran bastante comunes en la sociedad de la Antigua Grecia, pero no era el paraíso del que muchos hablaron, incluyendo los escritos de Wide y Dover. Tal parece que los prejuicios hacia aquellas personas que son atraídas por su mismo sexo siempre ha existido.

Es por esto que hoy en día, el hecho de que la comunidad LGBT esté comenzando a ser aceptada finalmente en la sociedad es un hito en la historia. Es incomparable con épocas anteriores que, tal como sucedió con Wilde y Dover, fueron alabadas como paraísos terrenales para las personas LGBT. El camino hacia la aceptación sin prejuicios está justo frente a nosotros y lo único que queda, es seguirlo.

Más en TekCrispy